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JORNADA 13: EIBAR 0 REAL MADRID 2

El Madrid refresca el sentido colectivo para sobrevivir en Eibar | 0-2

domingo 29 de noviembre de 2015, 15:40h
Actualizado el: 29 de noviembre de 2015, 22:27h
El Madrid refresca el sentido colectivo para sobrevivir en Eibar | 0-2
Rafael Benítez se ha encontrado este domingo con el despertar del compromiso con lo táctico de su maltrecha plantilla. Así, el Madrid superó la notable exigencia de un soberbio Eibar en base a conceptos de equilibrio y ayudas, olvidados en el pasado cercano, y que construyeron el liderato pretérito. Bale y Ronaldo sentenciaron los brotes verdes que volvieron a dejar la meta de Navas a cero.

Ipurúa no significa una visita plácida precisamente para cualquier club que arribe en la ciudad herrera, por mucho pedigree que luzca. Esta premisa, que mudaría su piel de la apreciación intangible al terreno de lo pragmático, se aliñó, además, con la larga resaca de la apnea competitiva que sufre el Madrid desde el Pizjuán, y que tocó cenit en el tétrico Clásico sollozado. Para más inri merengue, el líder del torneo doméstico colocó su presión ante la tesitura capitalina en nueve puntos de distancia. A esta amalgama de hándicaps se unieron bajas de piezas capitales y la exigencia a la que lleva un Eibar rocoso, que transita a un punto de los puestos con pasaporte a Europa.

José Luis Mendilíbar avisó en la previa del enfrentamiento que no contemplaba la intención de variar su apuesta por el empaque del rival. Y no lo hizo. Alineó un once dispuesto a robar la placidez combinativa y morder a través de una presión intensa con reducción de espacios. Anhelaba el técnico vasco llevar la empresa a su terreno de frenesí, disponiendo a Berjón e Inui en los extremos, al inteligente Enrich como referencia y a Adrián, Escalante y Dani García como red de seguridad y empuje. La altura de los carrileros, que no laterales, marcaría el nivel de ambición del ofensivo sistema que examinaría la concentración y entrega colectiva del maltrecho gigante.

Rafael Benítez decidió remendar las ausencias de Sergio Ramos, Varane, Marcelo e Isco esbozando un once en el que destacó el banquillo de Casemiro, la titularidad de Kroos y la confianza cerrada a la versatilidad de Kovacic. Estos dos últimos nombres se encargarían de abrigar de equilibrio a Modric, faro constructor junto a un James que iniciaría las acciones apostado antes de la dupla móvil conformada por Ronaldo y Bale. Danilo jugaría a banda cambiada -mirado bajo la lupa tras los resbalones pretéritos- y Nacho, Carvajal y Pepe completarían una línea defensiva de circunstancias que, con urgencia, debía reestructurar la seguridad global en una batalla de humildad. La fluidez y precisión asociativas se antojaban tan trascendentales como la cohesión tras pérdida para que el tercer clasificado redirigiera la inercia hacia el abismo atisbado, todavía en noviembre.

Arrancó el envite con Florentino Pérez, que acompañó a la expedición en un gesto de apoyo, atento, desde el palco, a la expansión práctica del guión teórico. La línea argumental quedó fijada con claridad desde el primer suspiro y hasta el minuto 90: el Eibar trataría de indigestar la circulación a su rival, penalizando cada imprecisión y el Madrid haría lo propio, añadiendo, también, la intención de paliar el brío local con lucidez asociativa. El conjunto eibarrés, que intentó granjearse superioridades por el perfil de Berjón y Capa, atacando, por tanto, a Danilo, presionaba muy arriba para acotar los pasillos de avance. El riesgo impuesto sobre el temple capitalino quedaba cristalizado tanto como el propio de la adelantada zaga local. La valiente apuesta de Mendilíbar asumía la clase lanzadora de envíos que baten líneas de Kroos, Modric y Kovacic. James, en la mediapunta centrada, empezaba a explotar los huecos a la espalda de la medular.


Se desarrolló una salida sólida de los pupilos de Benítez, que aceptaron el reto y anestesiaron la fogosidad herrera con asociaciones certeras en horizontal y vertical. Pero el escenario marcado por el ritmo frenético fue subrayado con el arribo y el tipo de las primeras opciones. Una pérdida de Modric y robo de Dani García abrió fuego en el remate de Enrich que atajó Navas en el 12. Dos minutos después encontraba James el desmarque de Ronaldo, en la sombra de la retaguardia local, para que el luso marrara el mano a mano. Riesgo tapó el intento y Kovacic mandó a las nubes el rechace. Inui encaró a Carvajal, a continuación para rematar y forzar la reacción de Navas, que conjugó el peligro en dos tiempos.

Tras los primeros fogonazos de reconocimiento mútuo sobrevinieron los primeros ajustes. Danilo adoptó el rol de llegador por sorpresa y al espacio. Bale y James se escalonaban por el centro mientras que el Eibar robaba y buscaba salir con coherencia, elaborando unas llegadas que eran arrinconadas por las ayudas visitantes, casi siempre, a fluir hacia los costados. Traspasado el 20 de juego la reducción de espacios mantenía una vigencia y rigor de tipo marcial, con cada pérdida ajusticiada por el oponente, que desnudaba el desequilibrio consiguiente al error. El Madrid arrancaba cada vez mejor posesiones sostenidas y prolongadas que desgastaban la labor de achique elevado local. Asimismo, la intensidad conseguía nivelar la distancia técnica entre ambos púgiles, desplegando un fango de exigencia que limitaba la creación de peligro bajo un filtro de guerra de guerrillas notable en la parcela central.

La pegajosa red de ayudas del bloque local y la vigilancia tras pérdida del trivote visitante ahondaban en la ausencia de certeras combinaciones para aproximarse al área. Una volea muy desviada de Dani García tras un saque de esquina, en el minuto 29, supuso el bagaje peligroso en este tramo de manejo horizontal de la posesión. Sin embargo, a falta de 10 minutos para el intermedio rebajó el afán dominador el Madrid, que vio cómo la tensión competitiva y posicional del Eibar susurraba algún acercamiento local. La voluntad de verticalidad nubló la continuidad con el cuero merengue y configuró una escena de incertidumbre, sin controlador del tempo claro. En contraprestación al cambio de inercia, los pupilos de Benítez adelantaron posiciones para morder la salida vasca, con Kovacic reclamando el protagonismo en la labor de cierre. La efectividad en la cohesión interlineal parecía haber regresado al abc madridista, que recobraba la calma colectiva mientras que la circulación yacía cortocircuitada, sin soluciones de desequilibrio entre filas.

El intercambio de ardor táctico conllevó que Modric ejecutara el primer chut sin oposición, desde media distancia, en el 40. Riesgo atajó con seguridad. Con las fisuras taponadas, la pegada madrileña no encontraba variante en juego. Pero sí alcanzaría su objetivo desde la pizarra. Un córner sacado en corto por Modric que volvió a la diestra del cerebro croata propulsó un centro delicioso que Bale aprovechó para abrir el marcador, con un suave escorzo en el primer poste. Corría el minuto 43 y el Madrid había obtenido premio a un ejercicio de reacción grupal reseñable en un escenario tan exigente como la economía de espacios eibarresa. Era éste el primer tanto liguero del ex extremo del Tottenham desde la segunda jornada del calendario, en agosto.

Acusó el golpe el sistema de Mendilíbar, que sufrió una bajada de concentración que no significó su salida del duelo de milagro. Un envío salvaje desde la cueva de Pepe a la espalda de la retaguardia vasca conectó con el soberbio control de un Bale, que a punto estuvo de duplicar su rédito. Riesgo despejó, in extremis, el chut revirado del galés, para enviar el arreón postrero merengue a córner y entregar al colegiado la opción idónea de decretar la pausa y el respiro al perenne esfuerzo del Eibar, que empezó a pagar el peaje físico en esta recta final del primer acto. Se adentró el Madrid en el túnel de vestuarios con la sensación de recuperar lógicas y automatismos corales, sabiéndose superior a través de la posesión y en combinación con los lanzamientos al espacio que abandonaba la atrevida apuesta local. Los guarismos entregaban solidez a ésta aseveración con más de un 60% de cortejo del esférico –con Kroos, Modric y Kovacic como generadores lucidos- y una relación de 10 opciones construidas por 3 de los azulgranas y de 5 a 2 en remates a portería. Sin embargo, el devenir de la trama no sugería variar un matiz a la propuesta local, que había salpicado de ácido la digestión del favorito en buena parte de los primeros 45 minutos.

El segundo acto suponía un desafío para el Madrid, que habría de mantener la seriedad táctica y la cohesión en el achique y presión ante el más que presumible avance de líneas y ambición con la pelota del Eibar. Éste último punto aconteció con precocidad y extendería el pulso hasta que el ecuador de la reanudación quedara atrás. El combinado madridista viró, entonces, hacia la verticalidad al espacio de la medular local. Pero, quizá necesitaba recobrar la posesión para amortiguar el arranque vasco, que mandaba en cuanto a ritmo, balón y ocasiones en el primer cuarto de hora, en un paisaje tendente al encierro visitante.

Inui volvió a alzar el telón con un desborde y centro dirigidos al remate fuera de diana de Enrich en el 57; Pantic, zaguero espigado, cabeceaba arriba un saque de esquina botado por Berjón de inmediato; y reapareció el magnetismo del extremo japonés para chutar desde media distancia a las manos de Navas. El guión se había transformado a voluntad del pegajoso conjunto vasco y necesitaba mover piezas Benítez. Por el camino reclamó penalti Ronaldo en un ejercicio de respiro en transición del Madrid. Juncá, desatado en ataque tras su amarre del primer tiempo, atropelló al luso en el área en el 62 de partido.




Decidió el preparador madrileño que James, irrelevante con balón, fuera de la dinámica ofensiva y pleno de trabajo en la otra fase, dejara su lugar a Lucas Vázquez. El canterano obtenía minutos de calidad para competir en la superioridad eibarresa por la izquierda, que superaba a Carvajal, y volar en contragolpe. Modificaba el tipo de banda el técnico visitante para ganar en empaque y amenaza, y el preparador local incluyó en la fórmula la capacidad llegadora de Verdi, que dio descanso a la gran labor en el orden del repliegue de Adrián.

A falta de 20 minutos quiso responder con pausa asociativa y la mezcla al espacio el Madrid. Buscaba alimentar su control previo al desenlace. Para ello reactivó la subida de metros con el fin de ejecutar una presión erosiva que incomodara el movimiento de Mendilíbar. Y amainó el temporal de sufrimiento madrileño. No en vano, atisbó horizonte en vuelo: Ronaldo envió fuera otro mano a mano, en este caso patrocinado por la visión en profundidad de Vázquez, y dirigió a las nubes un testarazo en el 71, tras un saque de esquina.

En pleno respingo en el continuado esfuerzo anatómico azulgrana remató muy desviado Inui, al rechace de una falta lateral botada por Berjón. Restaba un cuarto de hora y Benítez había conseguido arrancar tranquilidad en base al cumplimiento del trabajo defensivo de todas sus piezas. De manera coordinada. Dejando cubierto cada balance por la colaboración entre líneas. Además, introdujo pulmones con Casemiro, que sentó a Kovacic -adalid de la brega y lectura de pases interiores rivales-. Pese a lo imaginable no descendió el ritmo en el epílogo, ni tampoco lo hizo la exigencia de excelencia en la precisión. Pareció llegar a tiempo el repunte de consistencia del Madrid ya que, de otro modo, le habría resultado inconcebible sobrevivir a la gélida prueba de este domingo, en un combate sin permiso de desfallecimiento.

Quedó coronado el renacimiento de la concepción colectiva capitalina con el segundo y definitivo tanto. Mezclaba la verticalidad con calma horizontal un bloque visitante que cosechó un penalti sobre Lucas Vázquez en el 81. El número de fintas y amagues del canterano se tradujo en el polémico derribo de García, después de una transición tras robo. Ronaldo dio carpetazo a la altura competitiva sacudiéndose una nefasta tarde en cuanto a puntería, al resolver la opción con clase y por el centro. No cubo espacio para más reseña que la entrada en escena de Karim Benzema -que dispuso de un chut que lamió el poste en el descuento- por el lesionado Carvajal (infortunio muscular número 16 en la plantilla en lo que va de ejercicio), de Arruabarrena -condecorado por el club al inicio del encuentro- en lugar de Sergi Enrich y para el cambio de Hajrovic por un voluntarioso Saúl Berjón.


"Nos ha faltado cara para hacer cosas en ataque", denunció Mendilíbar en el análisis posterior a la contienda. En efecto, el empaque en la apuesta eibarresa adoleció de guinda ante la plácida tarde del portero tico. El Real Madrid presagia el levante de vuelo con la esencia del risogimento de la autoconcepción colectiva. La endeblez y apatía pretéritas dejaron paso al compromiso y atención al equilibrio que dejó, una vez más, la portería a cero y refresca la senda que les alzó a la cima de la Liga. La mutación de actitud de James -"Ha hecho un partido sensacional", declaró al respecto Benítez- refleja el brío que parecería haber recobrado el vestuario. Para beneficio de la institución y de su "encantado" entrenador. Aún así, queda confirmar en las próximas citas si los brotes verdes se diagnostican como raíces vigorosas y la escarpada debacle no es sino un punto de inflexión.




Ficha técnica:
Eibar: Riesgo; Capa, Dos Santos, Pantic, David Juncà; Escalante, Dani García; Takashi Inui, Adrián (Verdi, m. 69), Saúl Berjón (Hajrovic, m. 85); y Sergi Enrich (Arruabarrena, m. 85).
Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal (Benzema, m. 85), Pepe, Nacho, Danilo; Modric, Kroos, Kovacic (Casemiro, 78); James (Lucas Vázquez, m. 64), Bale, y Cristiano Ronaldo;
Goles: 0-1. m. 42,Bale; 0-2. m. 82, Cristiano Ronaldo (de penalti).
Árbitro: Jesús Gil Manzano. Amonestó a Dos Santos, Escalante, Kovacic, Pepe y Lucas Vázquez.
Incidencias: 5.892 espectadores asistieron al partido correspondiente a la decimotercera jornada de Liga, disputado en el estado de Ipurúa. Antes del pitido inicial se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de dos consejeros del club herrero.
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