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NOVELA

Eduardo Mendoza: El secreto de la modelo extraviada

domingo 29 de noviembre de 2015, 17:01h
Eduardo Mendoza: El secreto de la modelo extraviada

Seix Barral. Barcelona, 2015. 320 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 12,99 €

Por Carmen R. Santos

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha contado que su padre, fiscal, comentaba en casa pormenores de su profesión, naturalmente relacionados con robos, crímenes, estafas…, y que de eso hablaba también con los colegas de trabajo cuando se reunían en su domicilio. Recuerda el escritor catalán que esos comentarios y conversaciones le resultaban fascinantes. Quizá ahí se encuentre el germen que floreció muchos años después con la creación de un personaje que precisamente se ocuparía de esos asuntos. Aunque la criatura ideada por Mendoza no sería un señor muy serio y ordenado, como califica a su padre, sino un singular “detective” que por no tener no tiene ni nombre.

Esto no le ha impedido, sin embargo, protagonizar una de las series más exitosas de la literatura española actual, que nació en 1979 con El misterio de la cripta embrujada, y prosiguió con El laberinto de las aceitunas (1982); La aventura del tocador de señoras (2001) y El enredo de la bolsa y la vida (2012). Cuatro entregas a las que ahora se suma El secreto de la modelo extraviada. Y no sería extraño que el ciclo no terminase aquí. Una vez imaginado un personaje de estas características da mucho juego y, además, cuadra a la perfección con la veta humorística de Mendoza, presente incluso en sus novelas no directamente asentadas en lo cómico y lo sarcástico, y que se enseñorea en la serie del “detective” o en, por ejemplo, la genial Sin noticias de Gurb, donde, recordemos, un alienígena abandona la nave en la que ha aterrizado en nuestro planeta para ir en busca de Gurb, su compañero perdido.

El detective no es un extraterreste, pero sí alguien que en cierta medida lo es, alguien por completo fuera de lo convencional, incluso no sometido a la tiranía de la lógica, un “loco” que dice la verdad y tiene una mirada “distorsionada”, pero que es la auténtica, sobre el entorno y lo que sucede. Eduardo Mendoza cruza -naturalmente con sus propias señas de identidad-, el recurso de que un extranjero observa las costumbres de un país, una sociedad -en la línea de las Cartas persas, de Voltaire, o de las Cartas marruecas, de nuestro Cadalso-, con el género teatral de los soties, que tiene su origen en la fiesta de los locos y el carnaval. Sin duda, buena parte de la espléndida recepción de la serie se basa en haber adoptado el punto de vista -crítico, paródico-, la perspectiva, de este innombrado “detective loco”.

En El secreto de la modelo extraviada nos encontramoscon su protagonista trabajando como una especie de recadero de un restaurante chino, y vive con cierta tranquilidad: “En términos generales, estaba bien. De salud, de memoria y pare usted de contar”. Pero resulta que un hecho fortuito le lanzará de nuevo a las andanzas investigadoras: “En estas condiciones y después de tantas aventuras, debería haber llevado una vida de sosiego, y en ello estaba cuando me mordió un perro y lo echó todo a rodar”. Así, tiene que enfrentarse a un antiguo caso no resuelto -como le ocurre a algunos detectives de la novela policiaca en serio-, como fue el asesinato de una modelo, Olga Baxter, del cual le acusaron a él. De esta forma, la novela se desarrolla en dos tiempos distintos: cuando sucedió el hecho, hace más de treinta años, y el presente.

Pero el caso y la intriga -aunque están- son lo de menos. Lo que importa es el despliegue de un registro paródico e hilarante -en situaciones, personajes, lenguaje…-, que nos pone ante una realidad que no llama precisamente a la risa, con su contraste entre los bajos fondos y otros bajos fondos de guante blanco, donde impera la corrupción y el enriquecimiento a toda costa, como hacen con fruición y alegría los miembros del APALF (siglas de “Andreu, porti’m a la fàbrica”) que organizan una red de evasión de capitales. Mendoza, recientemente galardonado con el Premio Kafka, y que no tiene pelos en la lengua asegurando que la secesión sería perjudicial para Cataluña, nos sumerge en una Barcelona “capital mundial del baratillo y la idiocia”. Causticidad y sarcasmo, que tan bien maneja Eduardo Mendoza, a raudales.

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