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TRIBUNA

Ballenas y bueyes en el Museo de la Evolución en Burgos

jueves 03 de diciembre de 2015, 20:21h
Juan Luis Arsuaga, el conocido paleoantropólogo, como director científico del MEH (Museo de la Evolución Humana) ha impulsado una exposición sobre algo que es mucho más reciente en el tiempo que sus famosos descubrimientos de Atapuerca: se titula “Txalupas y Carretas”, y se trata de la relación que hubo en el siglo XVI entre los constructores de buques en el País Vasco y la “Real Cabaña de Carreteros de Burgos y Soria”.

Cuando Arsuaga me comentó hace algún tiempo que estaba organizando esa muestra en Burgos, le pedí asistir a la inauguración de la misma, para además poder escuchar su explicación y las de los demás colaboradores de esa exposición: que es muy hermosa, y al mismo tiempo, austera (como lo eran los carpinteros de ribera y los carreteros de aquella época), pero sobre todo porque es la expresión de un pasado del que apenas conocemos su importancia, y del que nos podemos sentir orgullosos como sociedad.

El leitmotiv de la muestra es un buque hundido en Red Bay, un lugar entre Terranova y la península de Labrador (Canadá), en el año 1565. Era una “nao” llamada “San Juan”, construida en Pasajes (Guipúzcoa), que se dedicaba a la caza de ballenas. Su descubrimiento y recuperación ha sido un acontecimiento al que la UNESCO ha prestado toda su atención, como rara reliquia de una tecnología histórica. La “nao San Juan” arbolaba tres palos y el bauprés (probablemente de pinos serranos), y arqueaba 200 toneladas (en la época la tonelada era de 1,376 metros cúbicos), un volumen de carga que fue muy común en los buques de la Carrera de Indias, las flotas oficiales entre Sevilla y América. Medía 27 metros de eslora, 7,5 de manga y 6 metros de puntal, y esta última medida se refería a la distancia entre la quilla del buque y la cubierta inferior, pues la “San Juan” poseía tres cubiertas, construidas en roble, como la mayor parte del navío. La “nao” portaba chalupas (o pinazas) con las que se cazaban ballenas, y gracias a que se encontró una en los restos hundidos en Red Bay, los canadienses, y ahora gracias a la asociación de Pasajes “Albaola”, sabemos cómo eran esas chalupas de hace cinco siglos (en la exposición podemos admirar una réplica), y cuando su presidente, Xabi Agote, y sus colaboradores en “Albaola”, reconstruyan la “nao”, tendremos la evidencia de cómo se iba navegando en aquellos siglos a latitudes horripilantes, vestigios del diluvio universal, como creían los sabios de aquel tiempo.

Selma Huxley Barkham (1927) es una historiadora anglocanadiense cuyos descubrimientos sobre los balleneros vascos, en lo que mucho después se llamaría Canadá, han permitido conocer las actividades de aquellos argonautas, igualmente fabulosos como Jasón y sus míticos héroes clásicos. La señora Huxley (que es familia del famoso amigo de Darwin), investigando en los archivos de protocolos (los notarios de hace siglos) pudo localizar dónde había naufragado el ballenero “San Juan”. ¿No es prodigioso que unos legajos, redactados por escribanos vascos de mediados del siglo dieciséis, hayan servido para localizar exactamente los restos de los primeros europeos en Canadá? Desde luego, los canadienses están emocionados por este hecho. Selma Huxley Barkham se ha convertido en un referente nacional canadiense. En España, ella ha recibido diversos reconocimientos, entre otros, el de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes. Yo la conocí, hace muchos años, en el archivo de protocolos de Vizcaya. Pero lo que me conmueve de todo esto, es comprobar que entonces España ya tenía un Estado organizado, y que los cuadernos de sus escribanos, legalizados por la Corona, son la prueba de su continuidad histórica.

Aquellos barcos que llegaban a América en la primera globalización, necesitaban de los carreteros de Quintanar y de otras localidades de la Sierra de la Demanda y comarca de Pinares. Los carreteros, reconocidos como oficio por los Reyes Católicos, los fundadores de la Monarquía hispánica, se hicieron económicamente imprescindibles porque tenían unas vacas (y bueyes) únicas para tirar de carros, y porque eran propietarios (en régimen comunitario, como vio Costa mucho después) de bosques naturales de pinos (pinus silvestris), también únicos por su madera y por su resina, y de esta sustancia, los serranos obtenían la pez para calafatear los cascos de madera de las naves cantábricas. Hoy preside la asociación “Cabaña Real de Carreteros”, Antonio Martín Chicote, un emprendedor que formó parte del equipo socialista, con Julio Víctor Pascual de alcalde, que modernizó Quintanar de la Sierra a partir de 1983.

Arsuaga ha escrito el sintagma “ballenas y bueyes” como otro símbolo de la imbricación de “barcos y carretas”, una relación que estuvo detrás del primer Estado hispánico, y del primer capitalismo comercial europeo. La exposición es también un hermoso alegato a la convivencia de los pueblos de España.
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