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CRÓNICA DE AMÉRICA

Doble herida mortal a Mercosur

viernes 04 de diciembre de 2015, 18:02h
Doble herida mortal a Mercosur
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Las urnas han abierto otra herida a Mercosur, del que Macri exige la expulsión de Venezuela. Por Rafael Fuentes

Si ya los datos macroeconómicos zarandearon el pasado año las premisas del Mercado Común del Sur (Mercosur), tal como pudimos exponer en la Crónica de diciembre de 2014: “Alianza del Pacífico versus Mercosur”, el bloque económico integrado por Venezuela, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina recibe ahora, además, una segunda embestida, en este caso de índole política. ¿Causas? Los veredictos de las urnas. Independientemente de las intenciones iniciales que llevaron en 1991 al Tratado de Asunción, los Gobiernos argentinos del Frente para la Victoria kirchnerista, los brasileños del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva y Dilma Rousseff, el Movimiento al Socialismo de Evo Morales y el régimen bolivariano asentado en Venezuela, establecieron en la última década una red de complicidades destinada a sostenerse unos a otros en el poder, escudándose en una retórica antiimperialista que solo ha servido para esconder sus intereses sectarios.

El comercio proteccionista y endogámico, las nacionalizaciones y expropiaciones de empresas, la inseguridad jurídica reinante bajo estos Gobiernos han causado ya una brutal hemorragia económica que será irreversible si no se rectifica ese estilo de gobernar. La estocada política ha venido inmediatamente después y solo ahora comienzan a vislumbrarse sus efectos demoledores. El primer indicador inequívoco de esa desestabilización estrictamente política ha llegado de la mano de la derrota del kirchnerismo en Argentina y el incipiente acceso a la Casa Rosada de Mauricio Macri. Pero todo indica que no será un hecho aislado, sino la primera ficha que contribuirá a provocar un efecto dominó sobre los restantes países de Mercosur.

Conscientes de ello, los líderes populistas del Mercado Común del Sur no dejaron de hacer campaña electoral a favor del oficialismo kirchnerista, apoyando sin rodeos ni sutilezas al derrotado Daniel Scioli. Lula da Silva participó expresamente en diversas alocuciones electorales por toda la geografía argentina junto a Scioli. Evo Morales llevó a cabo un respaldo similar a través de sus declaraciones desde Casa Quemada. Y Nicolás Maduro, con la inteligencia, finura y espíritu democrático que le caracterizan, llamó a la rebelión popular del peronismo contra el veredicto de los comicios, con toda seguridad siguiendo esa política de no injerencia en los asuntos internos de otras naciones que reclama un día sí y otro también para que no se hable de los atropellos a la democracia consumados por el régimen que preside.

Todos ellos tenían clara conciencia de que la caída de la ficha peronista en el país austral haría mucho daño a la trama de connivencias que les venía protegiendo entre sí. Mauricio Macri ha certificado plenamente esos temores, y aun antes de haber recibido el traspaso oficial de poderes de Cristina Fernández de Kirchner, ya ha adelantado que en la próxima cumbre de Mercosur del 21 de diciembre pedirá la aplicación de la cláusula democrática del Tratado de Asunción y, por ello, la expulsión de Venezuela de Mercosur.

Las razones de Macri son estrictamente políticas: el encarcelamiento o asesinato de opositores al chavismo, cuestión que afecta de manera directa a los socios de la organización político-económica, y que hasta el momento han mirado para otro lado. A partir de este instante ya no podrán hacerlo más. Macri acaba de poner el asunto en el centro de la agenda del Mercado Común del Sur, y será prácticamente imposible que los restantes países que lo componen sigan desentendiéndose de esa espinosa cuestión.

No ha sido una declaración retórica o aislada, sino el comienzo de un giro contra la política exterior tercermundista imperante al menos desde 2005. Como prueba de ello, en la presentación de su próximo Gabinete en el Jardín Botánico de Buenos Aires, Mauricio Macri dio la palabra a la que será su futura canciller, Susana Malcorra, que incidió sin rodeos en este tema capital. La inminente nueva ministra de Exteriores remarcó la necesidad de “devolver la centralidad a los derechos humanos.” Derechos, a su juicio, atropellados por el régimen venezolano de Nicolás Maduro. Susana Malcorra ha sido muy taxativa: “Macri ha planteado una posición clara respecto a la situación de Venezuela. Además del asunto de la persecución a los opositores, queremos ver cómo reacciona ante el resultado de las elecciones y cómo se instaura, si la hubiera, una transición democrática.” Un cambio de postura de la Casa Rosada sin duda esperanzador para la región.

Como era de esperar, la reacción de Caracas ha sido instantánea, tan deslenguada y energúmena como es habitual. El encargado de la réplica ha sido el todopoderoso presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, a través de la televisión oficial y el programa significativamente titulado “Con el Mazo Dando”. Diosdado advirtió en tono amenazador: “Nosotros no nos metemos con nadie, pero no dejamos que nadie se meta con nosotros, señor Macri”, después de que Nicolás Maduro instase a las votantes kirchneristas a sublevarse contra el resultado electoral argentino. Diosdado -acusado desde Estados Unidos de narcotráfico-, rebajó después un tanto el tono de su diatriba para desembocar en la siguiente lamentación: “Es triste que alguien vaya y gane una elección y lo primero sea ofender o tratar de agredir a otro pueblo hermano, cuando lo que debe estar es la mano tendida para trabajar por los pueblos.”

Resulta muy obvio que esta queja de carácter formulario no solo esconde una tergiversación, sino también un solapado temor por lo que se pueda avecinar. Es manipulador sostener que “se ofende o se trata de agredir a otro pueblo hermano.” El nuevo presidente electo argentino no está ofendiendo ni agrediendo a ningún pueblo. Lo único que hace es exigir responsabilidades a un Gobierno corrupto que ha roto las normas democráticas y que, con ello, en este caso sí, ofende y agrede a su propia nación. Al fin un mandatario del área, vinculado por tratados internacionales, se ha atrevido a denunciar sin ambigüedades esa sangrante tropelía.

Asimismo el cauteloso sobresalto de Diosdado Cabello y del régimen bolivariano proviene de la línea que por primera vez le ha sido marcada. Solo por ahora, Brasil se ha negado a secundar la propuesta de Macri a consecuencia del encarcelamiento de opositores venezolanos. Pero la situación sería muy otra si se produce una malversación de los resultados electorales a principios de este mes en Venezuela, o si se cumple la amenaza de Nicolás Maduro de declararse en “rebeldía” si pierde las elecciones y moviliza a las masas chavistas -en gran parte armadas- para lanzarlas a las calles con el fin de defender la Revolución. Con un presidente peronista en Buenos Aires, esto no habría afectado a su presencia en Mercosur. Pero de llevarse a cabo ahora, Macri tendría instrumentos sobrados para que Brasil sacase a Venezuela del Mercado Común del Sur, con consecuencias nefastas para el chavismo. El movimiento bolivariano posee un campo de maniobra cada vez más mermado para cumplir sus cavernarias amenazas.

Mauricio Macri realiza en estos momentos un viaje a Brasil para acercar posiciones con Dilma Rousseff. La mandataria brasileña había respondido con un provisional “no” a la solicitud de Macri. Pero aquí, de nuevo, los mecanismos democráticos hacen que ese “no” sea muy frágil y proclive a convertirse en un “sí”. El Parlamento de Brasil inicia ahora un proceso de destitución de Rousseff. Arrecia la avalancha de continuos casos de corrupción que salpican por igual a políticos, banqueros y empresarios. Acaba de ser detenido el prominente senador del Partido de los Trabajadores, Delcídio Amaral, por un caso que afecta a la propia presidenta. Dilma Rousseff se ha declarado “extremadamente perpleja” y ha asegurado que las imputaciones contra ella son por completo inconsistentes. Pero se culmine o no el proceso de destitución, su debilidad personal es manifiesta, agravada por un tercer trimestre de recesión económica que hace prever un trance explosivo en las movilizaciones populares.

En la actualidad Argentina necesita incrementar la colaboración económica con Brasil, pero Brasil precisa mucho más la intervención de Argentina para desbloquear su caída libre dentro de Mercosur. Ambos países están, pues, condenados a entenderse y salvarse de los efectos de una posible bancarrota venezolana si el chavismo persiste en sus postulados inmovilistas. En estas circunstancias, el “no” a la expulsión de Venezuela de Mercosur está muy próximo a transformarse en un definitivo “sí” mientras no recobre la democracia, el respeto a los derechos humanos y dé un auténtico cambio de rumbo al conjunto de su política.

La actitud beligerante de Bolivia está, a su vez, prácticamente neutralizada de antemano. Los vínculos ideológicos de Evo Morales con el chavismo no están acompañados ya por una generosa ayuda económica. La primera reacción ante el triunfo de Macri fue marcadamente hostil. El vicepresidente boliviano no dudó en afirmar: “Lo que pasó aquí es un golpe severo para América Latina.” Era consciente, sin duda, de las consecuencias que traía consigo. Pero inmediatamente después el pragmatismo de Evo Morales se ha impuesto. De declarar que no deseaba ninguna relación con el nuevo Gobierno argentino, ha pasado a ser uno de los primeros mandatarios en estar presente en su toma de posesión. En su eterna reclamación por una salida boliviana al mar de la costa de Chile, una posición adversa de Macri daría la enésima puntilla a esa aspiración. Del mismo modo, la venta de gas boliviano a Argentina quedaría en el aire. La nueva actitud de La Paz es esta: “La relación entre los pueblos de Bolivia y Argentina no debe estar supeditada a criterios doctrinarios.” Notable vuelta hacia la neutralidad ante los hechos consumados.

Las urnas en Argentina, el juego parlamentario en Brasil y los inminentes comicios en Venezuela están abriendo una segunda herida mortal al conjunto de Mercosur, después de su manifiesta ineficacia económica. La lógica acaba por imponerse al sectarismo ideológico. Para no ser un lastre comercial y político, el Mercado Común del Sur debe salir de sus coordenadas de un impostado antiimperialismo, de un gravoso populismo y de una mentalidad clientelar cada día más insostenible. Esperamos que esa salida sea pacífica y sin trágicas fracturas.