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TRIBUNA

¿Cómo encontrar la motivación perdida?

sábado 05 de diciembre de 2015, 18:38h

“La televisión permite que millones de personas se rían simultáneamente del mismo chiste pero, a pesar de ello, siguen estando solos”. T.S Elliot


Cuantas cosas habremos oído sobre la motivación. Tanto si es personal, como profesional, grupal o vital, parece que la motivación es el antídoto para frenar muchos de los grandes males del siglo XXI: la depresión, la desidia y la falta de productividad, tanto profesional como personal.¿Cómo podría una persona motivarse y reencontrar esa energía perdida?

Durante toda mi vida he leído, escuchado y practicado remedios para encontrar esa alegría de vivir que a veces uno pierde sin quererlo. Cada etapa de la vida viene llena de sorpresas positivas pero también trae muchas dificultades, problemas y decepciones. Tanto en la vida laboral como cuando nos casamos, somos padres o nos jubilamos, cada etapa tiene sus baches y sus curvas, y aunque hay muchas formas de pasar por esta parte del camino, casi tantas como personas hay en este planeta, creo que poco a poco hemos ido olvidando un ingrediente esencial: sembrar en el prójimo más que en uno mismo.

Como unos garbanzos negros en un cocido o como una cucharada de sal en un café, el individualismo imperante es un ingrediente que tarde o temprano estropea cualquier receta de éxito y felicidad en la vida. En el corto plazo puede que esta independencia exacerbada, aparentemente sana y deseable, tenga resultados estimulantes, pero en el largo plazo el individualismo nos aleja cada vez más del equilibrio y la armonía. Curiosamente todo el mundo habla de compañerismo, de trabajo en equipo, de solidaridad y del bien común, pero a la hora de actuar casi todos hacemos más bien lo contrario: miramos -y sembramos- mucho para dentro y poco hacia fuera. Cuidamos de nuestro propio interés de una forma tan descarada como habitual. La disonancia entre lo que se dice y lo que se hace es tan evidente que rechinarían los oídos internos de cualquiera que se pusiera a escuchar… hacia dentro en este caso.

Cuando se plantean la cuestión de cómo encontrar esta motivación perdida, ¿cuál sería el primer sitio en el que la buscarían, dentro o fuera de ustedes? ¿Pensarían en singular o en plural? ¿Buscarían lo que les hace felices a ustedes o lo que haría felices a sus compañeros de trabajo, conocidos, amigos y familiares?

En el mundo laboral seguramente no haya elemento más motivador y productivo que el concepto de equipo, en el entorno familiar el apoyo y la generosidad parecen necesarios para animarse los unos a los otros, y entre amigos no hay posibilidad de hacer unas ‘buenas migas’ sin un alto grado de equilibrio e igualdad. Entonces, ¿cómo es posible que seamos tan competitivos, tan egoístas y tan poco sensibles con el compañero o el amigo? ¿Cómo es posible llegar a motivarse a solas, sin compartir con (ni apoyarse en) el otro? Ahora nos venden que el individualismo, el amor por uno mismo y el reto personal son saludables y motivadores, pero yo creo que todo esto nos atomiza, nos debilita y nos desmotiva. El pensamiento y sentimiento de grupo, sin embargo, nos une, nos refuerza y nos anima en el corto, medio y largo plazo.

Dentro de las empresas se habla de trabajo en equipo, de compañerismo y de sinergias, pero a la hora de pagar, de trabajar y de tratar al personal, las diferencias entre unos y otros son bochornosas. En una misma familia conviven la generosidad y el aparente altruismo entre padres e hijos junto con el desprecio entre hermanos y otros parientes. Muchos grupos de amigos están podridos gracias al concepto de ‘sana competencia e interés individual’, ya que no se pueden recoger frutos de unidad cuando se han sembrado semillas de “yo soy más que tú”.

Fue en el famoso libro de Stephen Covey, “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, donde leí por primera vez sobre el concepto metafórico de la “cuenta bancaria emocional” que cada uno de nosotros mantenemos abierta con las personas de nuestro alrededor: pareja, padres, hermanos, hijos, familiares, amigos o incluso compañeros de trabajo. Cada vez que hacemos o decimos algo que emocionalmente aporta, apoya o suma, es como si hiciéramos un ingreso y cada vez que hacemos todo lo contrario, es como si sacáramos dinero de esta cuenta. Valorar qué acciones o comportamientos suman y cuáles restan puede ser relativo, pero también evidente. Sin quererlo todos llevamos integrado este gran depósito lleno de cuentas bancarias emocionales: unas están rebosantes, otras a cero… y muchas en números rojos.

La motivación, en el fondo, está más bien fuera que dentro de nosotros. Mantener en positivo cada una de esas pequeñas “cuentas bancarias emocionales” de las que hablaba Covey no solo afecta a cada relación sino que llena o vacía el gran depósito de nuestra motivación personal y profesional y carga o descarga nuestras ganas de vivir, ya que somos seres sociales, grupales y emocionales, a pesar de que nos eduquen para pensar todo lo contrario.

“El bien supremo para cada uno consiste en una firme voluntad de hacer el bien y en la satisfacción que eso produce”. Descartes.

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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