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TRIBUNA

Cambió Venezuela

Sadio Garavini di Turno
lunes 07 de diciembre de 2015, 20:20h
Winston Churchill, después de la batalla de El Alamein en 1942 dijo: "No es el fin, no es ni siquiera el principio del fin, pero es el fin del principio". La victoria de la oposición democrática en las elecciones parlamentarias en Venezuela, en el día aniversario de la primera elección de Chávez hace exactamente 17 años, el 6 de diciembre de 1998, sí representa el principio del fin de la etapa chavista en Venezuela. El fin del principio fue la victoria “pírrica”, discutible y discutida, con apenas 1.5% de ventaja sobre Henrique Capriles, en abril del 2013. Ha sido una hazaña heroica. La Unidad democrática tuvo que enfrentar una campaña electoral con las condiciones más injustas en la historia de Venezuela. El régimen utilizó ilegalmente todos los recursos del Estado a su disposición, inhabilitó candidatos, como María Corina Machado, mantiene en la cárcel a líderes de la oposición, como Leopoldo López, Antonio Ledezma, Alcalde de Caracas y Manuel Rosales, el candidato de la oposición en las elecciones del 2006. No sólo los medios de comunicación del Estado y los controlados por el régimen apoyaron descaradamente a los candidatos oficialistas sino también la casi totalidad de los medios independientes privados, presionados e intimidados, por autocensura, hicieron prácticamente invisible la campaña opositora. Pero a pesar de todo esto y del miedo que el régimen fomentó brutalmente, el pueblo venezolano reaccionó frente a al desastre socioeconómico provocado por la incompetencia, la corrupción y las ”ideas muertas” del gobierno de Maduro. El resultado, todavía parcial, es abrumador. En el voto popular se estima que la oposición superó al gobierno en casi dos millones de votos. La coalición democrática obtuvo 99 diputados frente a los 46 del gobierno, faltan todavía por adjudicar 22 escaños. Estos escaños son fundamentales para poder definir la nueva correlación de fuerzas en el país. En efecto, si se lograra la mayoría calificada de dos tercios, 111 diputados, el cambio de la situación política sería radical. Los voceros de la Unidad afirman que se obtuvieron 113 escaños. Maduro reconoció la derrota, que calificó de “circunstancial”, pero afirmó que se trataba de la victoria de la “guerra económica” desatada contra su gobierno por la “ultraderecha” contrarrevolucionaria, en alianza con el imperialismo “yankee”. Esta conducta me recuerda a Octavio Paz cuando decía que la “ceguera biológica impide ver, pero que la ceguera ideológica impide pensar”. El hecho fundamental que hay que subrayar es que el gobierno ha perdido abrumadoramente el apoyo popular, el sustento fundamental del régimen chavista. La Fuerza Armada tuvo un desempeño ejemplar en la jornada electoral y muy probablemente influyó positivamente en el respeto a los resultados. El desastre socioeconómico hace prever tiempos muy duros en el 2016. El chavismo mantiene, “por ahora”, el control de todos los demás poderes del Estado. Ojalá que la derrota cree las condiciones para que en el chavismo se fortalezcan los sectores más pragmáticos, realistas y racionales que entiendan que, por el bien del país, deben aceptar en paz el inicio de una transición hacia un cambio de gobierno.
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