En tiempo de elecciones somos bañados con abundante información sobre los problemas fundamentales que tiene el estado y la ciudadanía votante.
Cada partido político por boca de sus candidatos intentará con más o menos fortuna explicarnos la forma más idónea para su solución. La mayoría de las promesas son de orden económico y en general con medidas para el corto plazo.
Las diferencias programáticas de criterio actualmente entre las diversas formaciones son marcadas y más en los momentos de campaña electoral, por lo que el llamado“consenso” se hace muy difícil o inviable. Sin embargo escuchando a los líderes de los cuatro partidos que por los encuestadores, serán los mas votados, he percibido la posibilidad de por fin llegar a un acuerdo de todos ellos para lograr un “pacto de estado en materia educativa”.
Comprendo la importancia de muchos problemas como la territorialidad nacional, la corrupción, etc..., pero si realmente queremos mejorar a nivel individual como ciudadanos y globalmente como país, nada más trascendente que apostar de forma radical por un cambio en educación.
Una mejor formación es de rentabilidad incuestionable (se calcula que cada euro gastado en educación tendrá un retorno de al menos cuatro) y así a mayor conocimiento, la sociedad será más rica a nivel material y sus ciudadanos ganarán en valores humanos como libertad, responsabilidad, solidaridad y especialmente en la autentica igualdad de oportunidades.
Si se revisa la historia de la educación en España, los conformistas estarán satisfechos de la evolución de ésta, desde los momentos de la oscura edad media hasta la ley general de 1970, en que parece erradicado el analfabetismo, con algún ocasional brote de lucidez en los últimos ocho siglos gracias a la “Ilustración” y especialmente a la concienciación sobre esta cuestión que consiguió la Segunda República.
Todas estas obviedades son para exigir un inmediato cambio en la situación actual de la educación en nuestro país, sin primar la ideología partidista, entendiéndose como vergonzoso el ocupar el puesto 26 en desarrollo educativo según informe de la Unesco del 2015.
Tras muchos años de prometer desde todos los partidos su intención de llegar a un pacto en esta materia y nunca cumplirlo, pues el vencedor una vez conseguido el poder correr a derogar la ley de su antecesor, en estos momentos parece percibirse mayor inquietud y compromiso como demuestra la reciente presentación del Libro blanco de la formación docente, por el profesor Marina y lo dicho en debates y tertulias.
Entendemos que para conseguir éxito en esta tarea, los cambios deberían ser en múltiples frentes, destacando:
-Cambio en la mentalidad de la ciudadanía, dando valor desde la primera infancia al conocimiento y mérito al esfuerzo, tan poco valorado en la actualidad, con búsqueda continua de la excelencia.
-Nuevos criterios en los emolumentos salariales del profesorado, para que la docencia sea atractiva para los mejores entre los futuros aspirantes, como complemento a la necesaria vocación, consiguiendo un merecido reconocimiento social, hoy inexistente.
-Se deberían valorar los criterios y opiniones técnicas de los profesionales de la enseñanza como fundamentales, para el cambio evitando la politización.
-La formación de los maestros, replicando el éxito en la formación de médicos con prácticas remuneradas con el sistema MIR tras la formación académica nos parece obligada.
-La evaluación del profesorado según criterios de progresión de los alumnos y validando en alguna proporción la opinión de los propios alumnos y la de sus padres con controles periódicos, junto a la facilitación de formación continuada e incentivos por resultados, conseguirán una competitividad sana y una mayor implicación de los docentes.
-Parece adecuado un mayor control y supervisión del Estado, revalorando las actuales transferencias autonómicas e instando a un mejor conocimiento global de nuestro país, al margen de profundizar en las peculiaridades más locales.
-Reivindicación de lo Ciclos formativos (enseñanza profesional) según auténticas necesidades de demanda futura, reforzando sobre los planes actuales los necesarios conocimientos culturales junto a la formación técnica.
-También a nivel universitario, se precisa un cambio sustancial en actividad y rendimiento, pero esto será más fácil con las futuras promociones de estudiantes con una mejor formación que la actual a su llegada a la misma.
-Por todo ello es necesario el referido consenso para establecer un plan con importante incremento en el presupuesto otorgado a educación y especialmente evitar las continuas promulgaciones y revocaciones de los últimos años. LOGSE (1990), LOCE (2002), LOE (2006), LOMCE (en vigor en 2014-15).