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TRIBUNA

Un PSOE núbico

miércoles 16 de diciembre de 2015, 19:56h

A Zapatero le dio por contar nubes. Pedro Sánchez Obrero Español parece estar en las nubes. Anda tan distraído como otro Pedro, el amigo de Heidi, siempre tan ensimismado ante ella, mucho más resuelta y resabiada, como Susana Díaz, la Heidi de Andalucía, a quien la mitad de los socialistas pone por las nubes. El problema del candidato del socialismo no es que Podemos le arrebate votos, sino que pierda su silla sin ir a Sevilla.

Con la pinza Díaz-Iglesias sobre su cabeza acudía Sánchez al debate que fue magníficamente conducido por un piloto automático al que los responsables de la Academia de Televisión quisieron dotarle de imagen humana por aquello de evitar la frialdad de una máquina. Tan radical, tan achulado apareció el líder socialista en el plató que ya desde el principio estuvo irreconocible. Unas veces parecía ser Pedro Iglesias; otras Pablo Sánchez. En ningún tramo del cara a cara sintonizó con sus votantes; pretendiendo en todo momento pescar en los caladeros de indignados del 15-M. Tampoco logró vestir el cargo de Secretario general del PSOE, representando a un partido de sólida trayectoria en nuestra Monarquía parlamentaria y que lamentablemente en estos tiempos padece de demagogia y sectarismo y, además, de división. Pedro Sánchez se agarró al debate como a un clavo ardiendo, sabedor de la sangría de votos que presentaba su costado izquierdo desde que Iglesias le asaeteara con aquél “Tú mandas poco en tu partido”. Subido a lomos del siempre perverso “todo vale”, no vaciló un instante en contradecirse ni en faltar a la verdad. Interrumpía al rival con la insistencia de un provocador. No formulaba promesas, sino improperios. Carente de la debida cortesía parlamentaria, asumió un papel de pendenciero y traspasó con ordinariez tabernaria las líneas rojas de un tenso e intenso debate al despreciar a su oponente como si fuera mercancía de contrabando.

A Sánchez le falta no solo una buena dosis de sentido político, sino también de sentido moral. Hace tiempo que viene jugando con una mano a constitucionalista y moderado y con la otra a federalista y revoltoso. Actúa como un especulador y un agitador cuando la verdadera política es acción, noble acción y no especulación ni agitación. Con él al frente, el PSOE en su afán de tocar poder se ha convertido en un caballo de Troya de la democracia española permitiendo que el activismo antisistema y frentepopulista se introduzca por las rendijas del poder autonómico y municipal. A muy pocos puede extrañar un nuevo fracaso del socialismo, que a sus errores de los últimos meses añade ahora algo más venenoso para él: ese baile en la cuerda floja en que se ha convertido el modo de entender la política del dirigente socialista, para quien el cargo de Presidente del Gobierno de España se está poniendo carísimo, por las nubes.

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