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Ciudadanos y el espacio de acuerdo

EL IMPARCIAL
jueves 17 de diciembre de 2015, 09:20h

Se entiende que con el viento favorable de las encuestas un partido emergente como Ciudadanos saque pecho y se postule como hipotético vencedor en los comicios generales ya a la vuelta de la esquina. Pero más allá de las estrategias de campaña, no parece muy razonable la postura adoptada en el tramo final por su candidato Albet Rivera, que él mismo ha resumido en estos términos: “Apoyar al PP o al PSOE tras el 20-D sería defraudar a la gente.”

¿Se trata de lanzar el mensaje de que no llegará a acuerdos programáticos de Gobierno con ninguno de los dos partidos por él bautizados como “la vieja política”? Un aviso de esta naturaleza entra en abierta contradicción con la propuesta central que ha elevado a Ciudadanos a una posición tan relevante en las encuestas. Tal como se presentó Ciudadanos a escala nacional, tras salir del ámbito estrictamente catalán, su máximo atractivo fue ofrecer un espacio como partido bisagra, capaz de lograr acuerdos tanto a izquierda con el PSOE, como a derecha con el PP, o incluso con los dos a la vez en un caso de emergencia nacional. No debe intimidarse la formación naranja por las acusaciones de ser aparentemente un partido sin ideología y comportamiento chaquetero. Partidos bisagra han existido y existen en Europa con personalidad propia que prestan extraordinarios servicios a su nación. En España, el frentismo y la incapacidad de diálogo entre los dos grandes partidos -mostrada de forma bien patente en el último y vergonzoso cara a cara entre Rajoy y Sánchez-, demandan precisamente una organización de centro capaz de aunar posturas y dinamizar a las formaciones hasta ahora hegemónicas para hacerles abandonar sus inmovilismos, inercias y tentaciones maximalistas.

El primer atractivo de Ciudadanos ha sido su promesa de crear ese espacio de encuentro y acuerdo, donde forjar consensos y generar una renovación pactada. Insistir ahora en su repudio al PP y al PSOE, es ir en el camino opuesto al que le ha dado un apoyo entre los encuestados, en este caso un respaldo aún muy volátil. Este mensaje de rechazo contra los partidos mayoritarios ya le llevó a retroceder en las encuestas de intención de voto. Sin desdeñar su programa, lo más valorado en Ciudadanos era su disposición a negociar, acordar, y, por lo tanto, de un modo u otro a apoyar. Mala cosa si niegan su cualidad más apreciada.

Ciudadanos habría de preservar e incluso potenciar su perfil de partido dispuesto a comprometerse a pactos dinamizadores desde la moderación, si no quiere llevarse una sorpresa negativa en las urnas. Todos los resultados previsibles conducen a ello y no debería distorsionar sus declaraciones programáticas con afirmaciones electoralistas de cortísimo plazo. No sería una mala decisión inaugurar la “nueva política” prometida con mayor autenticidad en la campaña y menos virajes estratégicos frente a lo defendido pocas semanas antes.

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