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JORGE DE ESTEBAN Y EL REY

viernes 18 de diciembre de 2015, 12:05h
Magistral artículo, como por otra parte en él es habitual, de Jorge Esteban en el diario El Mundo...

Magistral artículo, como por otra parte en él es habitual, de Jorge Esteban en el diario El Mundo. Explica el catedrático de derecho constitucional que Juan Carlos I no ha tenido problemas de relieve en elecciones generales al ejercer las funciones de árbitro que el pueblo español le ordenó en la Constitución de 1978.

Efectivamente, tras cada elección general, el vencedor claro de uno de los dos grandes partidos nacionales facilitaba la tarea del Monarca que debe proponer, a través del presidente del Congreso, el candidato a ser elegido presidente del Gobierno. Hasta ahora ha sido así en las diez elecciones generales que se han celebrado desde que la Constitución fuera refrendada por el pueblo español. A la vista de las encuestas, y tras las elecciones del domingo, las cosas puedan resultar más complicadas.

Después de escuchar a todos los partidos con representación parlamentaria, Felipe VI debe proponer un nombre que, en primera votación, tendrá que alcanzar la mayoría absoluta para ser investido. De no llegar a los 176 votos, se celebrará a las 48 horas una segunda votación en la que el nombre propuesto solo necesita ser votado por mayoría simple.

Si se produjera el fracaso en esa segunda votación, es decir si se producen más noes que síes, el Rey se verá obligado a presentar sucesivas propuestas con otros candidatos. Dispondrá de dos meses a partir de la primera votación de investidura. No es lo probable, pero puede ocurrir que ninguno de los candidatos propuestos alcance la mayoría simple. Entonces, Felipe VI conforme al texto constitucional y con el refrendo del presidente del Congreso, disolverá ambas Cámaras, convocando nuevas elecciones generales.

Hasta ahora, con la democracia española ha gobernado siempre el partido que ganó las elecciones. Jorge de Esteban afirma con rotundidad: “Lo que no es posible es que se ponga en práctica esa absurda regla de que debe gobernar siempre el partido más votado”. Está claro que la Constitución acepta otras posibilidades. No solo puede sino que debe gobernar el partido que consiga más votos en el Congreso, siempre y cuando alcance la mayoría simple de escaños.

Al Rey, en fin, se le pueden enredar las cosas y en su función de árbitro tendrá que extremar la prudencia para presentar al Congreso un candidato que pueda ser investido, aunque no haya ganado las elecciones del próximo domingo.