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POR LIBRE

¿Por qué ha pinchado Albert Rivera?

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
lunes 21 de diciembre de 2015, 20:02h
El estreno de un partido como Ciudadanos en el Congreso de los Diputados con 40 escaños podría considerarse un rotundo éxito, si no fuera porque Albert Rivera ha estado alardeando de ganar las elecciones o, al menos, de obtener la llave para decidir el nuevo Gobierno. Y, al final, se ha quedado en un honroso cuarto lugar que, a día de hoy, no cuenta para nada.

Y es que Albert Rivera ha pretendido estar por encima del bien y del mal, no ha querido mojarse ideológicamente y, sobre todo, nunca ha aceptado que sus votantes provienen en aluvión del PP. Que Ciudadanos, mal que le pese, es un partido de derechas, que ahora se autodenominan de centro derecha. Porque el centro es un invento sin sentido. Una añagaza.

Y ese empeño de marcar distancias con el PP le ha dejado en 40 diputados, cuando hasta el más pesimista de Ciudadanos soñaba con superar los 70. Todo un fiasco. ¿Cuántos electores que iban a votar a Ciudadanos se han arrugado al final y han depositado la papeleta en la urna del PP ante el riesgo de un frente popular? Pues todos los que ha perdido Ciudadanos en los últimos días. El voto del miedo ha funcionado más que nunca en estas elecciones. Y con razón; porque el futuro da mucho miedo.

No ha sido Rivera inteligente al atacar con tanta saña a Rajoy. Era su adversario directo y tenía que marcar distancias. Pero sus rivales ideológicos eran y son los partidos de izquierda, a los que ha tratado con guante de seda, pues ha preferido recordar cada día de campaña que nunca apoyaría a Rajoy. Es verdad, que los votantes de Ciudadanos querían castigar al presidente del PP, pero no tanto como para olvidarse del riesgo de la llegada de un Gobierno de extrema izquierda capitaneado por Pablo Iglesias. Y en esas estamos.

Porque, al final, las encuestas han acertado en todo menos en el resultado de Ciudadanos, que se ha quedado en la mitad de lo que estaba previsto. Y, así, el PP no tiene con quien pactar un Gobierno. Su aliado natural se ha despeñado y ha dado alas a ese frente popular que amenaza la estabilidad de España.

Albert Rivera ha perdido su gran oportunidad, jaleado por los “hooligans” que le empujaban a atacar al PP. Esos “hooligans” que le han forzado sin parar a denunciar la medrosa actitud de Rajoy ante el desafío catalán. Y, pese a que, en efecto, éste ha sido uno de los mayores errores del presidente del PP, el discurso “españolista” de Ciudadanos ha llegado a resultar soporífero, monótono, repetitivo. De hecho, en Cataluña se ha llevado un buen revolcón en las urnas.

Rivera, al final, se ha contagiado de esa casta que tanto ha vilipendiado al basar su discurso electoral en ensañarse con sus adversarios, en lugar de poner sobre la mesa las cacareadas propuestas de “cambio”. Un cambio que, desde luego, Albert Rivera no protagonizará en esta legislatura.

A estas horas, el futuro de Albert Rivera resulta incierto. Se ha quedado con la partitura en blanco. Deberá volver a escribirla, alejándose de esos “hooligans” que tanto daño le han hecho. Porque Rajoy, con todos sus errores, no es el problema de España. El problema se llama Pedro Sánchez, quien pese a dejar al PSOE por debajo de los cien diputados, el peor resultado de la historia del partido, va a intentar aglutinar a todos los radicales populistas y secesionistas para alojarse en La Moncloa.

Y si Rivera no actúa en consecuencia seguirá el camino de UPyD, partido que aspiraba a ocupar el utópico centro con un discurso muy parecido al de Ciudadanos y que curiosamente también fue jaleado por los mismos “hooligans”, esos que nunca fallan. Cada vez que apoyan a un partido, éste desaparece del tablero. Los más burlones, que intercambian listas con los nombres de los portavoces de Ciudadanos, dicen que son gafes. Puede ser. La hemeroteca está llena de esos testimonios, de esos artículos panegíricos que aplaudían la llegada de UPyD para salvar España y que inmediatamente se han pasado de bando eligiendo a un nuevo ídolo. Rosa Díez ya está en su casa. Si Albert Rivera no aprende la lección, que el centro no existe y que el PP no es el problema, terminará acompañándola. Y los “hooligans” buscarán otro mirlo blanco que se ensañe con Rajoy, único requisito para ser ovacionado por la derecha de la derecha camuflada tras la bandera del centro. Porque ya se sabe que quien presume de ser de centro es, en realidad, más de derechas que Fraga. Pero le da vergüenza reconocerlo.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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