El nuevo año llega cargado de incertidumbre en su lado político. 2016 arranca con el panorama más incierto de la historia reciente española, enfrentándose a
dos parlamentos en funciones -el nacional y el catalán- y a la necesidad en ambos casos de un pacto para la formación de Gobierno, que también en los dos territorios se presenta como complicada tarea.
En
Cataluña, la situación se esclarecerá antes que en el terreno nacional. Desde que en los pasados comicios del 27S, la coalición independentista Juntos por el Sí ganase con el insuficiente número de escaños de 62, la formación que tiene la llave de la investidura de Artur Mas -requisito de su formación para formar Gobierno-,
la CUP, está inmersa en un proceso asambleario de decisión sobre si ceder a que Mas sea presidente, en pro de no perjudicar el proceso secesionista, o si mantener la que anunciaron una y otra vez como condición
sine qua non para apoyar a Juntos por el Sí: que el candidato sea cualquiera menos el hasta ahora presidente.
El próximo domingo 3 de enero llevarán a cabo la votación definitiva en la que los militantes y simpatizantes de la formación independentista radical decidirán, tras el
empate técnico de la pasada asamblea, si invisten o no presidente a Artur Mas. En caso de que gane el 'no', la próxima sesión de investidura, marcada en su fecha tope para el 9 de enero, volverá a ser fallida y dará como resultado la necesidad de convocar unos nuevos comicios en Cataluña, previsiblemente para finales de marzo del recién estrenado año.
A nivel nacional no es menor la incertidumbre sobre los pactos y tampoco es completamente descartable la posibilidad de que, si las diferentes formaciones no llegan a alguno de los posibles acuerdos que serían viables, haya que repetir cita con las urnas en este mismo año. La alta fragmentación del Parlamento nacional que ha resultado del voto ejercido por los españoles el 20D, gracias a la fuerte incursión en el primer plano político de los partidos emergentes
Podemos y Ciudadanos, y el poco entendimiento que se está dando entre los posibles socios 'naturales', van a dificultar y retrasar, previsiblemente, la formación del próximo Gobierno de España.
El vencedor
Mariano Rajoy, que no cuenta sin embargo con una mayoría suficiente de escaños y que ni siquiera alcanzaría con la suma de Ciudadanos -la formación a priori con la que podría surgir más naturalmente un pacto, pese a las reticencias mostradas en campaña por su líder, Albert Rivera-, se muestra convencido de que
la solución es un tripartito entre Partido Popular, PSOE y Ciudadanos. Según el ahora presidente en funciones, las tres formaciones coinciden en los "aspectos fundamentales", como son la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad en derechos, deberes y obligaciones, el papel de España en la UE, la lucha contra el terrorismo o la creación de empleo como eje de trabajo prioritario.
Albert Rivera también abogó por ese pacto un par de días después de las elecciones, abogando por su necesidad para
garantizar la estabilidad y la unidad del país, y hacer las reformas necesarias. El líder de Ciudadanos hablaba más, sin embargo, de un acuerdo de mínimos para sacar adelante la investidura del presidente, que haría necesarios posteriormente acuerdos para gran parte de los asuntos a decidir a lo largo de la legislatura.
Pero el tercero en discordia,
Pedro Sánchez, no se muestra nada de acuerdo con las aspiraciones de Rajoy y Rivera. El líder del PSOE comunicó inmediatamente al de Ciudadanos, cuando inició los contactos oportunos, su negativa a formar parte del acuerdo con su formación y el Partido Popular. Asimismo, en la reunión mantenida con Mariano Rajoy, le transmitió el mismo mensaje. Además, no solo descarta formar parte de este tripartito nacional, si no que insiste también en negar la abstención en la votación de investidura para permitir, al menos, que el PP gobierne en minoría, como lista más votada.
Pedro Sánchez se muestra más proclive a formar un frente popular donde el principal socio sería Podemos, tercera fuerza más votada. No obstante, la formación de Pablo Iglesias no está facilitando la tarea, marcando una línea roja de pacto que para Sánchez, o al menos para el núcleo duro del PSOE, es inaceptable: la celebración de un referéndum en Cataluña para decidir sobre la independencia. Este asunto ha provocado una crisis de división interna entre los
socialistas donde, algunos sectores, prefieren incluso llegar a nuevas elecciones, previa sustitución de Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia, que pactar con Podemos cediendo a sus imposiciones.
Precisamente será también el próximo domingo cuando
Podemos celebre una reunión en la que se decidirán las claves y líneas rojas definitivas de cara a un posible pacto con los socialistas. Aunque no parece probable que la formación de Pablo Iglesias pueda prescindir del requisito sobre el referéndum, ya que parte de los escaños conseguidos el 20D corresponden a su facción catalana, defensora sin peros de la consulta, En Común Podemos.