México ha comenzado mal el año nuevo. La presidente municipal de Temixco, en el Estado de Morelos fue asesinada, unas cuantas horas después de haber protestado el cargo el pasado 1 de enero.
La violencia en México es histórica, si se revisa con detalle la historia de este país, ha habido sólo periodos breves de paz en todo el territorio.
México tuvo que librar una guerra de once años para independizarse de la Corona española. Durante el siglo XIX enfrentó dos invasiones extranjeras, la de Estados Unidos en 1847 y la de Francia en 1862. Además tuvo varias guerras civiles, una de ellas con acento religioso, la llamada “guerra de Reforma”. Después la larga dictadura militar de Porfirio Díaz que tuvo claroscuros, una especie de paz armada, con represión y a la vez crecimiento económico notable, pero inequitativo.
La Revolución Mexicana como reacción a la dictadura fue también sumamente violenta. En 17 años el saldo fue de un millón de personas fallecidas en los conflictos o bien por causas de salud derivadas por carencia de medicamentos o atención hospitalaria.
El periodo de la llamada post revolución aparentemente fue tranquilo, pero el poder autoritario de manera selectiva reprimió a la débil oposición de izquierda y derecha. La más grave represión por lo que significó, fue la matanza en Tlatelolco en 1968, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Pero la violencia que azota a México desde el siglo XXI es más grave, se deriva del narcotráfico cuyo origen es el gran consumo de drogas en Estados Unidos. Son incontables las víctimas de la violencia criminal del narcotráfico. Los gobiernos de Fox, Calderón y ahora Peña no han resuelto el complicado problema: armas que provienen de Estados Unidos, ganancias multimillonarias de los carteles y la corrupción en cuadros policíacos y políticos mexicanos convierte esto en un torbellino.
La gente se pregunta cómo puede solucionarse el problema. La respuesta no la han tenido los últimos gobiernos mexicanos. Quizá en la sociedad surjan algunas propuestas interesantes.