El ex-lehendakari del Partido Socialista, Patxi López ha sido elegido Presidente del Congreso de los Diputados, tras conseguirse un acuerdo entre el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos, abriéndose con ello esta nueva legislatura. Será la primera vez que el Presidente del Congreso no pertenezca al grupo mayoritario de la Cámara, lo cual hace prever que se inaugura una nueva etapa en la historia de la democracia española.
A cambio de ese nombramiento institucional, el Partido Popular obtiene tres puestos en la Mesa del Congreso, que se traduce en dos Vicepresidentes (Celia Villalobos y Rosa Romero) y un Secretario (Alicia Sánchez-Camacho). En realidad, Ciudadanos queda como el ala más moderada de los dos bandos enfrentados, situándose en el centro del acuerdo en forma de bisagra para conseguir materializar una gran coalición lo que, sin duda, podría terminar sacando de una situación de inseguridad e incertidumbre a Rajoy, Presidente en funciones por ahora. Ahora bien, tampoco creo que pueda presumir demasiado Albert Rivera de mediador si pensamos que, como él mismo reconoció, no pudo conseguir que se sentaran el PP y el PSOE en la misma mesa.
Ciudadanos contará con dos asientos, las secretarías tercera y cuarta (Ignacio Prendes y Patricia Reyes), y Podemos con dos más (Gloria Elizo y Marcelo Expósito), concretamente la vicepresidencia y la secretaría cuarta. Salta a la vista que los nueve integrantes del órgano de gobierno del Congreso responden al valor del pluralismo político que aparece configurado en nuestro ordenamiento jurídico como valor constitucional y que defendieron los españoles con su voto en las urnas el pasado 20 de diciembre. Esto me parece a mí que es un gran logro y que debemos a todos los actores implicados en el tablero político.
Aunque el Partido Popular no vote a favor de Patxi López, le basta con abstenerse para conseguir que el candidato socialista salga elegido. La abstención viene así a representar una especie de consentimiento tácito. Como señaló el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, ese presidente “es una persona acreditada, que trasciende la figura de un partido político, con una gran experiencia institucional y que además, ha hecho del diálogo su bandera a lo largo de toda su trayectoria política”. El Partido Socialista además consigue la vicepresidencia segunda que pasará a ocupar otra mujer: Micaela Navarro. Me parece llamativo que la nueva Mesa del Congreso tenga por primera vez mayoría de mujeres: seis de nueve, siendo sólo la propuesta por el PP, Celia Villalobos, la que repita en la Mesa del Congreso con respecto a la anterior legislatura, ahora en calidad de Vicepresidenta de la Cámara.
Lo que queda por ver es si verdaderamente este acuerdo anulará la tentación de hacer un uso partidista del Congreso, como enfatizó de forma optimista Albert Rivera, y abre verdaderamente “una nueva etapa con separación absoluta de poderes”. De lo que creo no hay duda, aunque algunos consideren arriesgado afirmarlo en este momento, es que este gran acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos podría ser un primer paso para futuras alianzas de gobierno que desbloquearían la situación política actual. En todo caso, creo que cualquiera podría hacer la lectura de que todos están dispuestos a renunciar a algo para conseguir dar respuesta a las demandas de los españoles que apostaron por el pluralismo político en las últimas elecciones.
No deja de resulta curioso que el PSOE se haya esforzado en presentar el acuerdo como fruto del pacto solo con el partido de Albert Rivera; Ciudadanos como resultado de un pacto con PP y socialistas con ellos como puente y, por último, los populares como fruto del consenso de los tres, con trascendencia para las futuras conversaciones para formar Gobierno. Y por si esto fuera poco, por su parte, Podemos justifica a su vez la exclusión como el resultado de acuerdos para repartirse cargos, que impiden que pudiera tener más peso en el Parlamento.
Los ciudadanos saben que en la manera de presentar el primer pacto de esta legislatura queda clara la estrategia y el interés de cada uno. Esto sí que bien podría denominarse, en mi opinión, “perspectivismo político” en el sentido más orteguiano de la palabra, ya que el ángulo desde el que se observa la realidad política hace enjuiciar la situación provocada de diferente manera por cada interlocutor. En todo caso, la nueva Mesa es una mesa plural que parece tener claro la oposición a la petición de Podemos de que haya cuatro grupos parlamentarios diferentes. Pero, por encima de ello, lo que me gustaría que captasen los ciudadanos es que la estrategia de Podemos ya la conocemos y peca de poco constructiva, irreal y reiterativa: impedir el diálogo, el consenso, los pactos, a través de la “amenaza fantasma” de vuelta al inmovilismo, a la vieja política, al conservadurismo inútil.
Me parece que la voluntad de cambio y de pluralismo a la que animaba Podemos ya ha llegado, ahora bien, traducida en la constitución de tres grupos parlamentarios: PP, PSOE y Ciudadanos.