Conferencia de Roma
viernes 06 de junio de 2008, 21:59h
A los países pobres, hambrientos y sumisos que días pasados se reunieron en Roma para participar en la Conferencia sobre la Alimentación, los poderosos y bien alimentados les propusieron algo que en resumen podría reducirse en estas palabras: calla y come. O, si quieres comer, cállate.
Es decir asume todas las condiciones inadmisibles que los ricos exigen para que el modelo planetario de alimentación se mantenga y, si fuera posible, se fortalezca y eternice.
El problema está en que tal modelo ha hecho crisis y que en el futuro será imposible de mantener sin que los damnificados se rebelen. Ya lo están haciendo.
Lo que en Roma quedó claro fue que la inmensa mayoría de la humanidad, es decir, el planeta pobre e insumiso no puede ni quiere extender y potenciar la actual situación.
Por primera vez tal vez en la historia de la humanidad ésta es capaz de autoalimentarse. Pero el futuro es incierto y los que comen no podrán seguir en el futuro imperfecto que se diseña comiendo poco y mal pero, sobre todo, comiendo algunos y no todos.
Las grandes poblaciones de Asia, África y América están perdiendo la paciencia y, lo que es peor, perdiendo la vida a causa precisamente del hambre. Cada día mueren miles, millones de personas en el Tercer Mundo porque lo que otros producen no llega para todos. Esta tendencia se mantendrá y aumentará.
Es fácil culpar a quienes se alimentan adecuadamente de olvidarse de las grandes mayorías mientras se inventan las más imaginativas fórmulas para obtener proteínas llámese, bioetanol o cereales de acción rápida.
Todo tiene otra cara de la moneda y lo que se gasta -por ejemplo, en cereales- se pierde en proteínas. Pero el problema no está en cómo se distribuye con justicia sino en cómo será posible distribuir la justicia, algo que es muy diferente.
El mundo, ya se sabe, está en una encrucijada de la que para salir tendrá que cambiar en sus entrañas. Los paños calientes no son posibles por muchas ayudas, buenas obras y apoyos gubernamentales o privados que se ofrezcan.
Hasta ahora los pobres se habían limitado a comer y callarse. No es posible mantener esta ficción.
La clepsidra de la sociedad humana está en marcha y no hay quien la pare. O habrá que pararla de un martillazo.
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Periodista
ALBERTO MÍGUEZ es periodista
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