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ENTRE ADOQUINES

'13 horas', para acabar con Hillary Clinton

miércoles 20 de enero de 2016, 20:41h
Actualizado el: 20 de enero de 2016, 20:59h
El cine y la literatura, el mundo de la cultura en general refleja muy a menudo el estado de ánimo de la sociedad y su pulso político. Al mismo tiempo que es capaz de influir en ambos aspectos de la vida. En primer lugar y con carácter inmediato, a través de las declaraciones de actores o artistas, ya sea apoyando a un determinado partido o criticando la actuación del contrario. Los actores han sido estos últimos años quienes se han mostrado más dispuestos a la hora de decir en público el nombre de su candidato favorito. Ocurre en todo el mundo democrático, pero sin duda donde más peso tiene el cine y sus protagonistas es en Estados Unidos. El poderoso Hollywood siempre tiene algo que decir – Obama recibió sus bendiciones ­ por boca de los actores a nivel personal o ya metidos en su papel del correspondiente guion. Por lo general, la balanza cae del lado de los demócratas, mucho más cercanos al mundo cinematográfico que los republicanos. Sin embargo, desde el pasado fin de semana, a la espera del correspondiente contrataque, el estreno del filme “13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi” a quien puede perjudicar es a la favorita para convertirse en candidata demócrata, Hillary Clinton.

Los republicanos no han querido dejar escapar la ocasión, recogiendo el guante de la gran pantalla ­ Donald Trump alquiló una sala en Iowa para proyectar gratis la película dirigida por Michael Bay ­, cuando, además, faltan menos de dos semanas para el inicio, precisamente en Iowa, del proceso de caucus y primarias para escoger al candidato de cada partido. Está claro que los del elefante prefieren un adversario demócrata distinto a Clinton y han visto en la película una buena oportunidad para sacar del armario un fantasma – léase presunta cagada monumental con terribles consecuencias – de la ex jefa de la diplomacia estadounidense. Porque la historia que se narra con la espectacularidad propia de los estudios californianos se refiere a unos hechos ocurridos mientras la aspirante a suceder a Obama ocupaba el cargo de Secretaria de Estado, responsable, por tanto, de la gestión del ataque ocurrido el 11 de septiembre de 2012 en Bengasi. El mismo se saldó con el primer asesinato de un embajador estadounidense en servicio desde 1970, J. Christopher Stevens, y otros tres estadounidenses. Lo que cuenta – denuncia – la película del director de otras cintas de corte espectacular y patriótico como Armageddon, Pearl Harbor o Transformers, es la historia de seis contratistas de seguridad de la CIA que, saltándose las órdenes de no intervenir, intentaron rescatar al embajador y defender el complejo diplomático. De acuerdo con el guion, en aquel momento, un año después de la caída del régimen de Muamar el Gadafi, EEUU andaba por Libia más perdido que un pulpo en un garaje, sin saber quiénes eran de verdad sus aliados entre las milicias libias. Por eso, los agentes de la CIA advirtieron a Washington de la insuficiente seguridad de sus instalaciones en aquellas circunstancias. Por lo visto, no les hicieron ni caso. Ya saben lo de Santa Bárbara cuando truena.

Por desgracia, vaya si tronó. Coincidiendo con el aniversario mundial del 11 de septiembre, se organizó en Bengasi lo que parecía una manifestación espontánea para protestar contra la película – otra vez con el cine hemos topado – “La Inocencia de los Musulmanes”, una sátira muy poco amable de Mahoma, se convirtió en un planificado acto terrorista contra la embajada. Después de la advertencia de insuficiente seguridad, lo peor que podía ocurrir era aquello. Y las siguientes decisiones presuntamente tomadas desde Washington no hicieron más que empeorar las cosas: prohibición de intervenir para salvar a los atrapados y nada de apoyo aéreo. Las criticas le llovieron a Clinton hasta que una comisión del Congreso, la más extensa y costosa en la historia reciente de EEUU, investigó si realmente había existido dicha prohibición de intervenir así como de enviar ayuda aérea, llegando a la conclusión de que no existían pruebas de ello.

Hillary debió de respirar aliviada, aunque dada su gran experiencia política seguro que sabía que en algún momento volvería a utilizarse contra ella. En política, todo vale. No bastará en todo caso una película, tampoco el asunto de los mails con información clasificada que guardaba en el ordenador hackeado de su casa, para terminar con las aspiraciones de Hillary Clinton, que lleva años esperando su turno luchando contra la posibilidad de convertirse en la eterna favorita que nunca llegó a candidata. Perseverancia, ambición y tragaderas no se le pueden negar a la política estadounidense. En unos meses se verá si consigue, finalmente, “resarcirse” de los malos momentos – menudos sapos que le tocó tragarse ­ de su paso por la Casa Blanca “solo” como primera dama.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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