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Refugiados y multiculturalismo

EL IMPARCIAL
viernes 22 de enero de 2016, 22:33h

La crisis de los refugiados no solo no cesa sino que cada día se vuelve más complicada. Así, ha centrado buena parte de los debates del Foro de Davos, celebrado estos días, y varias voces están advirtiendo de la gravedad de la situación. Una de las más contundentes, la del primer ministro francés, Manuel Valls, señalando que la crisis podría desestabilizar la Unión Europea (UE), y amenazar la propia idea de la UE. Valls se ha expresado con claridad al manifestar que “no podemos decir que todos los refugiados van a ser bienvenidos en Europa”, en clara alusión a la postura alemana, defendida por Ángela Merkel, con el resultado de que a Alemania está llegando un número ingente de refugiados en una situación que está desatando cada vez mayores críticas hacia la canciller. Los reproches le vienen incluso desde destacados miembros de su propio partido.

A los discrepantes acaba de unirse el presidente alemán, Joachim Gauck, que, en Davos, se ha pronunciado en la línea de limitar la llegada de refugiados, declarando que “si los demócratas no quieren discutir sobre estos límites, dejarán el campo libre a los populistas y xenófobos”. Y tanto el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, como el de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker han instado a los Gobiernos a encontrar soluciones ya para evitar “graves consecuencias como la caída del espacio Schengen”. Sin duda, una posible desaparición de este espacio no sería una buena noticia, sino todo lo contrario, al suponer un fracaso de uno de los derechos fundamentales, el de movimiento, consagrado por la UE. Lo que significa que se siga dejando, como da la impresión, que pase el tiempo, con el agravamiento del problema a pasos agigantados.

En este problemático contexto, han incendiado a la opinión pública alemana las declaraciones del imán de una mezquina salafista de Colonia. Y no es para menos. El guía espiritual musulmán ha justificado las masivas agresiones sexuales a mujeres, sucedidas la pasada Nochevieja, con perlas como que “las mujeres iban por la calle medio desnudas y utilizaban perfumes”, censurando que las mujeres vayan solas por la calle sin la compañía de familiares masculinos. Este tipo de mensajes está siendo cada vez más frecuente, como el de otro imán de una mezquita berlinesa que predica que las mujeres tienen la obligación de someterse siempre al capricho de sus esposos, y quedarse en casa ocupándose de la familia.

Declaraciones de este tipo no pueden dejarse pasar, pues incluso incitan y justifican delitos, como el cometido por los agresores del día de Nochevieja. Y no es suficiente hacer una aplicación para móviles, como ha hecho en Alemania la Oficina Federal de Migración, en la que se dan consejos a los refugiados como que en Alemania “no se dan palmadas en el trasero a las mujeres”, “tanto hombres como mujeres pueden elegir libremente su religión y su pareja”, o “el maquillaje, la minifalda o los tacones no son una invitación a los hombres”. No dudamos de su buena intención, pero la llegada multitudinaria de refugiados ha intensificado la cuestión del multiculturalismo, especialmente en el caso del Islam, que debe abordarse en toda su dimensión. Al contrario de lo que pretende lo políticamente correcto cerrando los ojos a los problemas, solo es enfrentándose a ellos como se evita una indeseable xenofobia.

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