En ocasiones la gente afirma que no se puede vivir del pasado. Pero es necesario observar que durante la primera mitad del s. XX no hubo más que descontentos populares en Europa, que vendrían acompañados de conflictos políticos con el auge de ideologías extremistas y totalitarias de carácter comunista y fascista que potenciaron la II GM tras la aplicación del Pacto Molotov-Ribbentrop germano-soviético. A día de hoy tenemos la suerte de vivir en sistemas democráticos que impiden actuaciones de ese tipo. No obstante, la crisis económica ha potenciado en Europa el ascenso de partidos extremistas de tipo eurófobo, neocomunista o neofascista.
El caso español es más peculiar debido a la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), que consagra escrupulosamente en la Constitución “la circunscripción electoral provincial y su representación mínima inicial, el sistema de representación proporcional y el sistema de inelegibilidades e incompatibilidades de los miembros del Congreso de los Diputados y del Senado”. Con esto me refiero a que el principal problema de la dificultad de formar un gobierno estable entre partidos afines viene determinado por el sistema de circunscripciones electorales, además de la formación de gobiernos mediante coaliciones.
El sistema de circunscripciones determina que cada provincia es una circunscripción independiente que tiene derecho a un determinado nº de diputados que representarán a su provincia en las Cortes. Se aplica el sistema D’Hondt de forma independiente en los resultados de cada circunscripción, teniendo como resultado que el voto de todos los españoles no valga por igual. De esta forma es como partidos con unos votos inferiores al 3% nacional –DL, ERC, PNV, etc.- obtengan una representación tan holgada en el Parlamento. Si acompañamos a esto el sistema de coaliciones de gobierno, la última legislatura de Felipe González (1993-1996) estuvo compuesta por una coalición PSOE-CiU para lograr alcanzar la mayoría absoluta. Tampoco podemos dejar de lado el famoso Pacto del Majestic (1996) entre PP y CiU, que junto al PNV permitió formar gobierno a José Mª Aznar. Este sistema ha permitido siempre a los nacionalistas obtener privilegios excepcionales de tipo económico, fiscal y político para las CC.AA. que representan. Este ha sido uno de los principales motivos, entre otros, que exigió a Asturias la creación de un grupo propio -FAC- que la representara en las Cortes.
Si observamos los resultados del Congreso en las últimas Elecciones Generales de 2015 y le aplicamos de forma única el mismo sistema D’Hondt que ya se aplica para cada una de las circunscripciones regionales, la representación cambia de la siguiente forma: PP (123:113), PSOE (90:87), Podemos (69:81), Ciudadanos (40:55) y UP-IU (2:14). Observando los escaños oficiales, ni PP + Ciudadanos (163) o PSOE + Podemos + UP (161) se acercan a la absoluta (174). Con un sistema de circunscripción única, como el que les he analizado antes, PSOE, Podemos y UP llegarían a la absoluta (182), en caso de que lograsen ponerse de acuerdo. PP y Ciudadanos se quedarían con una suma de 168 escaños. Si se preguntan por qué cambian tanto los resultados si se aplicase una circunscripción única electoral frente al actual sistema de circunscripciones territoriales, es tan sencillo como que los nacionalistas no llegarían ni a un 3% de los votos que exige el sistema D’Hondt que ya se aplica a cada una de las circunscripciones territoriales, por lo que tanto DL, como ERC, PNV y EH Bildu se quedan con 0 escaños.
Los resultados oficiales por escaños han determinado un grave problema. ¿Quién va a gobernar? ¿Cómo se ponen de acuerdo? Pero hay bastantes indicios para confirmar que ya se han puesto de acuerdo desde hace semanas. Va a haber un pacto “a la alemana” (PP+PSOE), posiblemente junto a Ciudadanos, y no “a la portuguesa” (macedonia de izquierdas) como ha estado disimulando Pedro Sánchez su pacto con el PP, haciendo un viaje de inspección a Portugal, además de sus reuniones con Podemos y UP-IU.
Los motivos son más que evidentes. Es la primera vez que el puesto de Presidente del Congreso no se otorga a un congresista del partido más votado y desde el 14 de enero le ha sido otorgado el cargo a Patxi López -PSOE- gracias al respaldo de Ciudadanos y a la renuncia del candidato del PP, partido que recibe la presidencia del Senado. Otro dato de relevancia es que los únicos partidos “constitucionalistas” son PP, PSOE y Ciudadanos, acompañado del ineludible carácter propagandístico del Mensaje de Navidad en el que el Jefe de Estado afirma que “es también un gran Estado, cuya solidez se basa hoy en unos mismos valores constitucionales que compartimos y unas reglas comunes de convivencia que nos hemos dado y que nos unen. Un Estado que reconoce nuestra diversidad en el autogobierno de nuestras nacionalidades y regiones”. Hay que tener en cuenta también la ubicación otorgada a Ciudadanos en el Congreso, situado en primera fila delante del Presidente del Congreso, dejando a Podemos en el “gallinero” o en los últimos asientos del Congreso. Por otro lado, tanto el PP como Podemos han dejado claro que no apoyarán un pacto PSOE-Ciudadanos; un pacto que solo serviría como una mayoría simple para superar al PP en solitario. Una mayoría absoluta solo sería lograda por coaliciones tipo PP-PSOE, PSOE-Podemos-Ciudadanos o PSOE-Podemos-UP-ERC + PNV o DL. Por sentido común esta última es completa e incoherentemente realizable. En cuanto a la segunda, no tiene sentido práctico alguno poner de acuerdo a Podemos y Ciudadanos, si ya les cuesta a PSOE y Podemos entenderse sobre el “país de países” y un referéndum sobre un asunto que carece de cualquier tipo de legitimidad nacional, europea e internacional. Al PSOE le interesa ganar protagonismo en este asunto, presumiendo que depende de ellos formar gobierno.
Tengamos cuenta que es la primera vez que el rey Felipe afronta, como Jefe de Estado, la labor de reunirse con los representantes de los partidos políticos para postular al próximo Jefe de Gobierno. Ahora se desarrolla la segunda ronda de consultas y también es una reiterada forma de hacer propaganda de Felipe VI como nuevo Jefe de Estado.
Quizá a algunos de ustedes les parezca que la mejor forma de solucionar este entuerto es anunciar nuevas elecciones, pero el problema no sólo va a ser el enorme coste para las arcas del Estado, sino más bien que el resultado por escaños de izquierda y derecha va a ser el mismo, y continuaremos sin posibilidad de formar gobierno. El resultado va a ser una coalición o pacto de gobierno “a la alemana” PP-PSOE o un acuerdo extraoficial entre PP, PSOE y Ciudadanos que deje al Partido Popular gobernar en minoría, pero en el que los tres se pongan de acuerdo en reformar las circunscripciones electorales por una circunscripción única. Según lo que detallaré en el próximo párrafo, haré una muestra de por qué esto no la mejor idea. La mejor opción sería la de mantener el sistema de circunscripciones actual y el sistema D’Hondt, pero de doble vuelta “a la francesa”. Si ningún partido obtiene la absoluta, se celebra una segunda ronda de elecciones en la que solo se presentan los dos primeros partidos, y el que vence en estas últimas gobierna.
La idea de aplicar el modelo de circunscripciones actual se basa en la idea de que hay que dar una igualdad de oportunidades a cada una de las provincias españolas. Si se aplicase un modelo de circunscripción única, los esfuerzos políticos de los partidos (desempleo, educación, infraestructuras, sanidad, etc.) se centrarían en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla por ser las provincias más pobladas, difiriendo de esta forma mucho más el Bº electoral de los partidos, obtenido gracias a sus decisiones políticas, que con el modelo de circunscripciones.
En resumidas cuentas las propuestas y actividades de los partidos políticos que han conseguido representación en el Congreso se resumen en unas tendencias y estrategias políticas que se nos muestran como kafkianas, pero que no dejan de presentar perspectivas e inclinaciones orwellianas. Son claros indicios de “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”, acompañado de un esquema Ponzi político.