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Aumenta la amenaza yihadista a Europa desde Libia

viernes 12 de febrero de 2016, 09:40h
La coalición europea que eliminó el régimen de Muamar el Gadafi dejó su tarea a medias. Una acción que se limitó a ataques aéreos presuponía, por su propia naturaleza, grandes carencias. Los datos recién conocidos confirman lo incompleto de un planteamiento de tales características. Naciones Unidas acaba de estimar que son ya casi 7.000 combatientes del Estado Islámico que procedentes de Irak y Siria se han desplazado hasta Libia para participar en la guerra civil que desangra hoy a este país del Magreb. En parte, estos curtidos milicianos huyen de los bombardeos decretados contra el autoproclamado califato. Pero al mismo tiempo no cabe duda que es un sueño para ellos ganar la guerra en Libia y colocar al Daesh a las puertas de Europa. Tener bajo su alcance tierra europea les proporcionaría un gran poder internacional.

Desde 2014, los yihadistas han venido infiltrándose en esta área magrebí aprovechando el vacío de poder que dejó el derrocamiento europeo de Gadafi. Bajo el espejismo de lo que parecía una “primavera árabe”, se apoyó tantos a demócratas como a yihadistas indiscriminadamente, y se crearon las circunstancias ideales para que estos últimos se implantaran a sangre a fuego. Con ayuda de los contingentes de milicianos, financiados por las ventas ilegales pero cuantiosas de petróleo, el islamismo fanático está en condiciones de triunfar en un lugar estratégico, que de confirmarse, sería un peligroso jaque a la seguridad de toda Europa.

La respuesta no puede ser únicamente un retorno a los bombardeos sobre los insurgentes. Esto puede ser parte del plan, pero no el plan completo. Ante la amenaza de ataques desde el aire, los milicianos realizan retiradas estratégicas hacia el sur consolidando sus posiciones en el Sahel. Un frente cada vez más descontrolado y difícil de atacar. Las operaciones exclusivamente aéreas ya condujeron en su momento a esta situación, y reiterarse en ellas no hará más que enmarañar un combate sin visos de una victoria. La coalición debe aprender de sus errores e insuficiencias anteriores, y ha de reconsiderar desplegar tropas sobre el terreno que pongan fin de una vez por todas a los propósitos criminales de los yihadistas. Hacerles frente en Libia y cortar su infiltración en el Sahel. La seguridad estratégica de Europa a medio plazo está en juego en ganar esta partida al Estado Islámico sobre el terreno. Si no se hace así, lo más probable es que tengamos que lamentarnos cuando las soluciones se hayan tornado mucho más inalcanzables.
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