“Francisco, hermano, ya eres mexicano” fue el grito usado por los cinco mil fieles que lo despidieron en el aeropuerto Abraham González de Ciudad Juárez, justo antes de que abordara el avión de Aeroméxico bautizado con el nombre “Misionero de paz”.
Antes, el Papa celebró una multitudinaria homilía en la misma frontera entre México y Estados Unidos, con asistentes a ambos lados del muro, donde habló de la “crisis humanitaria” de la emigración. "Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado”, señaló. “Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres", apuntó el pontífice.
En su llegada, el sábado a mediodía, el Papa se reunió con la jerarquía eclesiástica en medio de rumores sobre divisiones internas en una Iglesia mexicana conservadora y un tanto alejada de la realidad del país. Ante eso, Francisco les pidió “coraje profético” y que “no se necesitan príncipes sino una comunidad de testigos del Señor” en un claro enfado frente a la segunda comunidad católica del mundo después de Brasil.
Frente al presidente del Gobierno mexicano, en el mismo Palacio Nacional, Francisco siguió hablando sin tapujos y apeló a la responsabilidad de los dirigentes, quienes “deben trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino".
“Cada vez que buscamos el camino del beneficio de unos pocos, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión y la violencia", señaló el Papa en su discurso en la sede del poder ejecutivo.
Francisco visitó también Chiapas, el estado más pobre de México y con la mayor población indígena del país. Además de dar una misa en la que se permitió hablar en lenguas nativas, decretó el uso de las mismas en ceremonias religiosas. Allí visitó también la tumba de Samuel Ruiz, un obispo rebelde con la jerarquía mexicana y próximo a la Teología de la Liberación.
En uno de los actos hizo una defensa de la familia y atacó el “confort y el lujo” de aquellos que no tienen hijos porque “nos gusta salir de vacaciones”. “¡Qué daño que hace eso!”, sentenció Francisco tras denunciar que "hoy en día vemos y vivimos por distintos frentes cómo la familia está siendo debilitada, cuestionada y cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que no tiene espacio en nuestras sociedades que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento".
En un encuentro con jóvenes en Morelia, Francisco aprovechó la ocasión para reclamarles que no se dejaran “seducir” por el narcotráfico y la violencia: "Es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte".
“Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, sino que nos llama discípulos", sentenció Francisco durante su discurso en una de las zonas más violentas del país.
Así pues, en un viaje con un alto componente evangelizador, Francisco se enfrentó en México a una jerarquía acomodaticia, reclamó un papel más activo al Gobierno en la lucha contra el narcotráfico, defendió un modelo de familia con hijos y se puso del lado del pobre en dos escenarios con tanto poder como Chiapas y Ciudad Juárez, desde donde se despidió a golpe de tuit con un “Gracias a México y a todos los mexicanos. Que el Señor y la Virgencita de Guadalupe nos acompañen siempre”.