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ESCRITO AL RASO

Las Ritas

David Felipe Arranz
jueves 18 de febrero de 2016, 20:22h
Actualizado el: 20/02/2016 12:23h

La España de copla y republicana es la que nunca se va de verdad –aunque sea a la vez monárquica y aforada, supernumeraria y también rojísima para disimular una modernidad–; no le demos más vueltas, porque este ser es el que somos, una existencia de fiscales que hacen de abogados defensores, jueces que interpretan al acusado y arzobispos de izquierdas que absuelven y hacen que el ala dura de Génova monte el cirio, nunca mejor dicho. Es decir, que vivimos en una confusión de lenguas y lametones en un campus madrileño, un sensurround de decires, casi siempre tosco y pocas veces finísimo: por eso los tuits de Pedro “Ps” Sánchez, futuro presidente por accidente, nos vuelven locos: “A casita que hace mucho frío” y “Me voy a la cama a leer. Good night :)” y así. De María Zambrano hacia arriba.

Hagamos memoria: Rita Maestre, en amores sí y no con Errejón, se quitó la camiseta el 10 de marzo de 2011 en la capilla de la Facultad de Psicología de la Complutense cuando –cual púber canéfora que ofrenda el acanto– estudiaba tercer curso de Ciencias Políticas: llegaba la primavera y Rita gritaba, a sostén y pecho en grito, a los fieles aquellas consignas de “vamos a quemar la Conferencia Episcopal, por machista y carcamal”, o aquellas otras picantonas de “menos rosarios y más bolas chinas”, “arderéis como en el 36” y “contra el Vaticano, poder clitoriano”. El negro de la ropa interior nos desvelaba una alcoba joven, con olor y sabor a pasión y aquel rastro evocado de besos en los pechos, en el torso limpio, en el ombligo clásico… Ay, la carne, ese aliado, que escribió Cela.

Rita es el pie forzado en la noticia de ese erotismo que ya no lo es y que nos ha arrastrado hoy como ayer, hace un lustro. Porque ella es un clima, un cuerpo de mujer que escandaliza y un amor largo y profundo, muy de Podemos. Hay que impulsar una política erótica de andares provocativos y mirada altiva, como hace Rita, aunque solo sea de cara a la galería. Y en el partido de Pablo tienen mucha experiencia con sus noches locas y sus experiencias político-sexuales, su charcutería sentimental y su terna de misses poderosas –Rita, Irene Montero y Teresa Rodríguez– y de “galanes” desgarbados o con cara de niño. En el PP tienen, en cambio a la Antimaestre, a Barberá, que cuando le da un arrebato sexy le tira cohetes a su cuerda de presos, como hizo en Alarte: vengan acá esos “tronadors” y ¡pim pam!, Alfonso Rus, y ¡pim pam!, Máximo Caturla. Y trae aquí los “tros de bac” que te hago un ¡pum pum! y una Operación Taula con sus mordidas, su Medina y su Emilio Llopis. Y allí los tiene a todos esta otra Rita, la valenciana, de trasiego por el cuartelillo cada dos semanas y dando saltos mientras ella se afora y se esconde detrás del visillo.

Volvamos a Maestre. Tantas noches estremecidas que, de pronto, son expuestas ante el Santísimo y ante tanta piedad estudiantil… Tanto poder clitoriano y precoz irguiéndose ante la castidad de los fieles mozos produjo una consecuencia natural cinco años después: el gusto por la ropa interior oscura y el banquillo de los acusados, hecho showroom de los chicos de la prensa, y ella una esfinge exótica e imposible de abrigo casi albornoz, violáceo, procesional y nazareno. Izquierdas y derechas se llevan mal, especialmente cuando a las derechas les entran en lo sagrado –dentro de lo público, he ahí la cuestión– unas hembras con toda su lujuria y desenfreno, y que entre gritos, saltos, sujetadores e improperios hormonados –habituales junto a los granos y los cuadernos con los ídolos del pop-rock–, hacen que el Cristo del altar no sea el único desnudo esa mañana. Jesús de Nazaret, que también sabía mucho de pecadoras erotizables que se picaban porque él no las miraba con ojos rijosos, sino de santidad, no se rasgaba las vestiduras cuando le iban mostrando sus senos y haciéndole gestos obscenos: terminaba haciéndose amigo de tanto temperamento femenil, tanta grita y barahúnda sexual.

El exvicealcalde de Valencia, Alfonso Grau, anda incinerando ninots de la otra Rita, la de la Malvarrosa, en la mascletá que le ha tocado quemar a la jueza Samantha Romero. Y, la verdad, que esta Rita de Valencia Summit no es lo mismo que Maestre, porque es muy barroca y rubeniana y no nos gusta nada ese exceso de walkiria, esa entraña prieta y abundante de vecindona y de lujo advenedizo de Levante levantado con la corrupción. Es el suyo un torso de Instituto Nóos, de un Botticelli de paella que se vuelve lívido y amoratado durante la noche, cuerpo vagabundeado por los salones de la baja política y las estancias de los convenios firmados en palacios y con la comisión por debajo de la mesa, concejal, que no se vaya a notar. Bajo ese vestido estampado que parece un delantalón se esconden los pechos grandes y lechosos de la Gürtel valenciana que amamantaron a 24 detenidos y 29 investigados.

Rita, la Maestre, en cambio, se nos apareció a todos como una diosa pagana de vientre plano: no era una estrecha y eso nos quedó a todos bien claro, según testimoniaron los teléfonos móviles, esos incómodos chivatos de coltán, esos notarios cibernéticos de la realidad. Como una rosa anticlerical y blasfema, la ahora portavoz del Ayuntamiento, la mujer que porta la voz de Carmena y que fue adolescente vibrátil y clitoridiana, se enfrenta a un año de cárcel acusada por el Ministerio Fiscal y el partido del yerno de Blas Piñar, Alternativa Española, de un delito contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos: “Me quité la camiseta: no consideré que un torso desnudo fuera ofensivo”, ha dicho Rita a la jueza. Sabemos que te quitaste la camiseta. Y sabemos que no te la quitaste en los vestuarios de la planta de mujer, ni en el médico, sino en un templo católico. Como que no es el sitio para aliviar tus calores de un marzo de verano en el campus de Somosaguas, cuando la primavera nos sabe más a primavera, Íñigo. Y la que hemos liado con los de Fuerza Nueva y el fiscal por la irreverencia. El caso es que el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ya la ha perdonado en público y ella ya ha pedido disculpas a aquellos que se hubiesen podido ofender –todos los que se encontraban rezando, evidentemente–, pero si los cielos le han perdonado a Rita, el proceso contra sus excesos de torso sigue en la tierra. Quiere decir don Carlos que los cuerpos son honrados, como sabía Max Frisch, y que Rita buscaba en su pubertad la sensación del orgasmo verbal, del eretismo adolescente mientras se masca chicle o se fuma un porro. Cada día vemos más claro que Podemos es ereccional, frente a otros partidos de disfunción eréctil y gatillazo, cariño, no sé qué me ocurre esta noche.

El pensamiento es una erección y yo todavía tengo pensamientos, le dijo Ortega y Gasset a Octavio Paz. Después de clase de ciencias políticas con Pablo y Monedero uno puede salir sexy y erótico-festivo, incluso faltón, pero no colarse en la conciencia religiosa de los demás: las protestas para que se separe la Iglesia del Estado, el templo del recinto universitario público, son para las puertas del Congreso o, si nos apuran, para la puerta del despacho del rector o del ministro del ramo. El de Rita fue casi un polvo verbal, un semidesnudo de primera Transición y tercero de carrera y una falta, sí, de respeto a los católicos que allí se reunían. Aplíquese por tanto el mandamiento cristiano del perdón y que enseñe Rita su lozanía en la playa, en la piscina o a Íñigo, que nos lo haga un hombre ya de una vez. Que ya se encargarán este verano los del Hola de ponérnosla así, en portada, mostrando ese torso alto y beligerante en alguna playa de su tocaya que, probablemente, esté a la sombra. Las Ritas.

Twitter: @DavidFelipe1975
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