www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EUROPA LEAGUE - DIECISEISAVOS DE FINAL (IDA): VILLARREAL 1 NÁPOLES 0

El Villarreal sobrevive al Nápoles y nubla la evolución del calcio | 1-0

jueves 18 de febrero de 2016, 20:59h
El Villarreal sobrevive al Nápoles y nubla la evolución del calcio | 1-0
Ampliar

La puntería decidió un partido de control bipolar. Los napolitanos lucieron personalidad y control al desposeer de la pelota y el ritmo al Villarreal en el primer acto. Sin embargo, los españoles, impulsados por la lectura de Marcelino, alzaron su intensidad tras el descanso y condujeron el duelo a un intercambio de golpes, desprovisto de rigor táctico, que abonó el terreno para su victoria parcial. La sublime falta lanzada por Denis Suárez adelanta sl Submarino antes de su visita a San Paolo.

"La eliminatoria está al cincuenta por ciento", proclamaron los arquitectos de Villarreal y Nápoles en la previa de este intercambio mediterráneo de charla alegre, sobre el papel. Se medían en El Madrigal la referencia ofensiva de la Serie A y de la Europa League -los italianos autografiaron el mejor promedio anotador de la primera fase con más de 3,5 dianas por evento- y la digna reproducción levantina del modelo de estilo e institución del Futbol Club Barcelona. Pero, amén de significar la apertura los dieciseisavos de final en un cruce de deliciosa apariencia, el enfrentamiento de este jueves venía a fiscalizar el punto de cocción del fútbol español e italiano. El calcio empieza a recoger ahora los frutos del mimo imprimido a sus estructuras tras la grave crisis financiera que ha arrodillado a sus aristócratas, y el club napolitano emerge como reflejo reluciente de la trasmutación que ha condicionado el balompié en el Bel Paese. Sin embargo, los que se reparten la pugna por el Scudetto no han acabado de extrapolar su nivel al terreno continental -excepción hecha con la Juventus de Allegri- y el Submarino atravesaba en esta tarde su vuelo como censor y especímen paradigmático de la salud de la Liga. Pero, además de la metafísica, estaba en juego el lanzamiento de una candidatura definitiva para levantar el trofeo en mayo.

Marcelino García Toral subrayó el orgullo irreductible de aquel que se sabe dotado de la categoría capaz de engalanar rendimiento en cualquier teatro y argumentó su discurso sobre el verde. La abrasión susurrada por la ofensiva que le es propia al segundo clasificado en Italia no fue óbice, como tampoco resultó ante los colosos nacionales, para que los castellonenses revirarán su colorida paleta. Así, el técnico dispuso una medular destinada a guardar la pelota y punzar en el intento por imponer la relevancia de la calidad. La creativa pareja Bruno-Trigueros se veía envuelta en la clase distributiva de Jonathan Dos Santos y el desequilibrio asumido por Denis Suárez y Leo Baptistao. La astucia de Roberto Soldado coronaba un sistema que contaría con carrileros disfrazados de laterales -Jaume y Mario- y el potente cierre de Musacchio y el ex partenopeo Víctor Ruíz. Se trataba de refrescar el dictado del ritmo por la vía combinativa que tan espectacular resulta para el aficionado como indigesta para el oponente recién llegado. Las ausencias de Asenjo, Bailly y Samu García no mutilaban un profundo banquillo. La precisión con pelota y la intensidad y concentración sin ella, añadidas a la fiel vigilancia tras pérdida, marcarían la consistencia y el carácter pragmático de la idea en este desafío de campanillas. El cuarto puesto liguero y la distancia de 8 puntos con los perseguidores de la ruta en pos del acceso a la próxima edición de la Liga de Campeones no es casual, pero esta prueba evidenciaría el olvido o la vigencia de la relativa endeblez en el repliegue, principal hándicap amarillo en esta altura.


Maurizio Sarri, el diseñador de esta arista puntiaguda de la entidad que sólo ha sonreído de la mano del paroxismo maradoniano, no defraudó a sus filias y fobias y mantuvo la directriz tomada en el planteamiento de este curso: titulares y prioridad para la carrera domestica y rotaciones y gestión de los esfuerzos en el Viejo Continente. De este modo sacó de la alineación a Gonzalo Higuaín -pichichi con 24 tantos y puntal momentáneo en el recorrido hacia la Bota de Oro-. Tampoco participarían de inicio Jorginho y Allan -el eje medular del esquema-, ni Albiol, Goulam e Insigne -ancla, salida por el carril zurdo y artista del once tipo-. Bajo este prisma, el entrenador revelación transalpino escogió la cara B nominal pero hizo permanecer la vocación atacante. Hamsik sobresalía entre el orden lógico de Valdifiori y el equilibrio de David López en un centro del campo al que ayudaría y desahogaría la verticalidad exterior de Mertens y Callejón. La zurda de Manolo Gabbiadini sustituyó al Pipita en la alternativa europea del ex Sampdoria. Por detrás yacía la línea menos competitiva. El irregular Koulibaly lideraba una retaguardia aliñada por la fragilidad compartida por Chiriches y Strinic y la eficiencia de Hysaj, apostado en la cal derecha. Habría el Napoli de efectuar el segundo ejercicio de seguridad en el achique coral en cuatro días -el domingo pasado sucumbieron por la mínima en Turín en un envite de asimilable cariz-. Necesitaba apoyar en el rigor táctico la presumible dificultad en el cortejo del esférico, asumiendo lo complicado de enfrentarse a una mayor velocidad asociativa de la que acostumbra a frenar en casa. Exhibir capacidad de paciente achique y elaboración, crecer con el paso de los minutos y afilar el colmillo en transición se destacaban como líneas de una hoja de ruta dotada de pliegues más ambiciosos en lo relativo a la presión a toda cancha y reclamo de la pelota.



Con esta teórica confrontación de libretos, más o menos simétricos, arrancó el partido. Lo hizo condicionado por los presupuestos de ritmo frenético de ambos púgiles. Quiso el Villarreal adptar el rol protagónico desde el primer pertañeo, por la vía del monopolio de la posesión, pero la querencia vertical generalizada pareció rebosar la intencionalidad en cada opción para vuelo. La reducción de espacios interpuesta en el centro del campo matizó la fluidez combinativa, una circunstancia que esbozó, con celeridad, el riesgo a la contra anunciado en las dos direcciones. Abrió fuego en el tenso escenario el defectuoso despeje de Reina al balón filtrado a la espalda de su zaga. El cuero quedó en las botas de Bruno y el mediocentro cedió con premura al chut de Soldado que el propio guardameta español repelió en la primera alteración mutua -minuto 6-. Implementó un rebate válido el equipo visitante a la pretensón de imposición de compás levantina, negando el encierro de su sistema, matizando la asociación horizontal local con el colapso del ecuador del terreno y el anuncio del veneno en transición. El zurdazo fuera de diana de Gabbiadini y el cañonazo desde media distancia de Hamsik que atajó Areola confirmaron la exigencia competitiva antes del 15 de juego. No iba a acontecer la resignación contemplativa del sujeto pasivo ante el soliloquio amarillo.


Aplacado el ardor de salida propio del equipo dirigido por Marcelino, el club campano terminó por mutar el rol controlador de la pelota, generando la fluctuación de los ratios de posesión y obligando al ambicioso boque español a ceder metros y esperar turno. De este modo se constató la necesidad del manejo de ambas fases del juego al tiempo que el Nápoles elevaba la exigencia consiguiente a su adelantado reparto posicional. Desprovisto el devenir de una producción sistemática de acercamientos, los azzurri atravesaban en este intervalo central del primer acto su más lúcido instante de comodidad. Sin embargo, no le estaba permitido el atisbo de relajación, pues el Villarreal gozaba de armas asimiladas al contragolpe. Las eficaces ayudas en banda, que amortiguaron el perpetuo intento de alcanzar superioridades laterales, se alternaban con la compacta disposición central e interlineal de dos púgiles que conducían su charla hacia el denso centrocampismo, salpicado de imprecisiones y juego control, que limitó la influencia en el último tercio de cancha de elementos como Denis, Baptistao, Mertens o Callejón. La conjunción tímida de parábolas impulsadas desde las bandas se erigió como el recurso preponderante de avance y descompresión de un partido preso por el estudio táctico de oponente. No se apreció, pues, rastro de la frugalidad ofensiva característica sobre el verde en la primera media hora de eliminatoria. Y la tenebrosa lesión padecida por uno de sus adalides, Jonathan Dos Santos, recalcó el sufrimiento colectivo a falta de 10 minutos para el intermedio. Samu Castillejo, una pieza de más punción que clarividencia en la relacion con la pelota, saltó a escena para revertir la inercia tacticista de la que buscaba huir un Submarino ya amaestrado por el magnético desliegue contrincante.


La familiar claridad con la que Bruno Soriano y Trigueros encuentran vías de escape a la presión o de conexión directa con los puntas, por mor del lanzamiento que bate líneas, no detectaba pasillos y callejones ante la personalidad eseñada por los pupilos de Sarri. La amenaza cauterizadora de la pegada visitante sirvió para que prevaleciera en la varita de Marcelino la defensa de la meta propia y el cuidado de no recibir un indigesto gol de valor doble. Asimismo, el hurto del protagonismo en el dictado del tempo efectuado por el equipo italiano, que congeló la velocidad a través de una asociación tan perpetua como autocomplaciente, restó volumen al sustento castellonense. El centro-chut dibujado por Suárez, que no inquietó, clausuró el bagaje productivo de un primer tiempo de respeto y observación. El guarismo relativo al minutaje acumulado en el uso de la herramienta principal -relación de 44% a 56% en favor de los transalpinos- expresó con vigor estadístico el pelaje cerrado del envite. El error y posterior corrección de Pepe Reina supuso toda la cosecha de peligro antes de la conducción a vestuarios de un relamido Nápoles -que se descubrió dominador también extramuros- y un descontextualizado Villarreal, que necesitaba esbozar un salto de página pero tampoco debía contemplar la efervescencia hiperbólica ya que su identidad no resulta mal visitante -aunque San Paolo sólo haya asistido a una derrota de los suyos esta temporada-.


Avisó del tipo de su reacción los pupilos de Marcelino desde el mismo pitido de la reanudación. Recuperaría la ortodoxia de su argumentario el equipo español, que abrazaría la esencia de su concepción del balompié por el camino de la intensidad. Alzó, con ardor, sus líneas, revoluciones y presión para generar grietas en la trama napolitana. Y lo consiguió en una deflagración inicial que rozó el rédito inmediato. Volvió a negarse al encierro el conjunto italiano, que respondió sacando a su defensa de la cueva en un movimiento que confeccionó el enfrentamiento de dos presiones muy elevadas que arriesgaban a su espalda. La consecuencia lógica a este paseo por el alambre coral -que al fin tocó tierra- fue la apertura de espacios para el desequilibrio. El desmarque vertiginoso y centro de Denis fue despejado, in extremis, por Strinic en el minuto 52. Comenzó a padecer apuros el segundo clasificado de la Serie A, todavía desaclimatado a la mutación de paisaje.




Sin embargo, acontecido el paréntesis de respingo amarillo, devolvió la moneda el Nápoles antes de recobrar el timón del partido. Emergió la inteligencia sin pelota de Callejón para remendar el rictus visitante y acometer la continuación de la ofensa a la retomada valentía local. Una transición despejada por la zaga levantina cayó en la visión de Mertens, que conectó el balón suelto con la ruptura del ex extremo del Real Madrid. El 7 azzurro cruzó demasiado su disparo en el primer capítulo de su díptico -minuto 57-. Y completó el episodio chutando al lateral de la red un mano a mano con el meta, patrocinado por otro pase sensacional de Hamsik a la espalda de la zaga castellonense -minuto 60-.


Se había desviado el equilibrio pretérito hacia un impulso caótico de ida y vuelta que delinearía el ecuador del segundo acto. Como si hubieran olido sangre, los dos guerreros en liza se abandonaron a su vertiente más vertical e incisiva. Así, las oquedades se multiplicaron para regocijo del aficionado neutral y los porteros despertaron del bostezo previo. Una contra de cinco atacantes para cuatro zagueros, que concluyó en la reclamación de penalti por mano de Bruno al centro de Callejón, alzó el telón. Acto y seguido, en el regreso del boomerang, Bacambú y Trigueros trazaron una quirúrgica pared en la frontal que el delantero -recién entrado en sustitución del maniatado Baptistao- mandó a las nubes en el minuto 65. Instantes después, Mertens y Soldado intercambiaron la cúspide de dos contragolpes resueltos con desatino. Por el camino de esta huida hacia adelante, más reconocible de las aptitudes de los comparecientes, los técnicos diseñaron el tipo de equipo con el que abordarían el epílogo de esta interesante ida de dieciseisavos. Marcelino leyó la perspectiva e introdujo en la fórmula los pulmones y organización de Pina, con el fin de asegurarse un sostén mejor alimentado para el esfuerzo inherente al desplazamiento continuado de área a área. Sarri, por su parte, destapó su armamento habitual y sacó del ostracismo a Higuaín e Insigne, sus dos piezas más peligrosas. Gabbiadini -intrascendente- y Callejón -desfondado como referencia ofensiva- saltaron de la volcánica secuencia.


El Pipita y Denis Suárez relanzaron el pulso de acelerado pentagrama con sendos lanzamientos fuera de diana. La relación de fuerzas mostraba una igualdad notable en una recta final que se vería decantada por la puntería de tan virtuosas ofensivas. Y en este apartado se antojó mejor dotado un Villarreal que en este baile sin cortapisas golpeó primero. El terreno inestable de inesguridad táctica clavó un derribo en la frontal napolitana. El canterano celtiña Suárez, iluminado como faro local, tomo el balón, idealizó la trayectoria y perpetró un lanzamiento de falta directa impecable que, previo paso por el larguero, tumbó a Reina -minuto 81-. Se adelantaba con justicia la orquesta española. Habían logrado rebatir la inercia y conducir el partido a la incertidumbre plena de intensidad en la que prevalece la calidad. Marcelino ahondó en su reputación como intérprete de la acción.


Maurizio Sarri abortó el cambio previsto bajo el paraguas del 0-0 (Valdifiori por el músculo de Allan, con el fin de enfangar la clausura de un empate valioso) y acabó inyectando la energía del motor carioca por David López -su obrero principal-. Buscó estirar el rendimiento de su plantilla el técnico italiano con el propósito de llegar a la orilla para regresar a casa con más oxigeno y, a la vez, no encadenar dos derrotas duras para el temple psicológico de los suyos. Pero el arco defendido por Areola no se vería comprometido salvo por el libre directo -desde la frontal- desatinado de Insigne, las interrupciones se aliaron con los intereses locales y Bruno gozó de la opción de duplicar ventaja en un disparo final que no descubrió la dirección entre palos. Terminó por romper la diversión presupuestada para este partido en un segundo tiempo de superioridad amarilla. Supo sobrevivir el Villarreal y, a pesar de haber cedido el mando de la pelota, se adelantó antes del cadeado desenlace que se espera ante la impertérrita mirada del Vesubio. La evolución del calcio, de momento, no alcanza a cuajar frente al perfume combinativo del balompié nacional.


Ficha técnica:
Villarreal: Areola, Mario, Musacchio, Víctor Ruiz, Jaume Costa; Bruno, Trigueros (Pina, m.73), Jonathan Dos Santos (Castillejo, m.35), Denis Suárez; Soldado y Baptistao (Bakambu, m.60).
Nápoles:
Reina, Hysaj, Chiriches, Koulibaly, Strinic; Hamsik, Valdifiori, David López (Allan, m.81); Callejón (Insigne, m.72), Mertens y Gabbiadini (Higuaín, m.67).
Gol:
1-0, m.82: Denis Suárez.
Árbitro:
Bas Nijhuis (HOL). Mostró tarjeta amarilla a los locales Mateo Musacchio y Soldado y a los visitantes Valdifiori y Callejón.
Incidencias: 19.000 espectadores asistieron al partido correspondiente a la ida de los diecisavos de la Europa League, disputado en El Madrigal.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.