TRIBUNA
Heidi no es una ladrona
sábado 20 de febrero de 2016, 19:30h
Actualizado el: 20/02/2016 19:58h
Durante su exilio forzoso en Frankfurt a cargo de la acaudalada familia Sesemann, Heidi robaba panecillos blandos soñando que de regreso a Maienfeld, en sus adoradas cumbres alpinas, se los llevaría a la abuelita de Pedro, una anciana sin dentadura ni cuenta en Vitaldent. Frau Rottenmeier, ama de llaves con radar periférico de ata definición incorporado, no tardó en castigarla severamente por el hurto. Desde que la vio por primera vez toda sucia y zarrapastrosa, la escuchó sorbiendo la sopa directamente del plato y hablando ese vulgar dialecto montañés, pensó que no estaba a la altura de esa casa ni de su dulce protegida. 'Ni siquiera tienes un nombre cristiano', le reprochó.
Entonces la llamó Adelaida. Reconoció que se había equivocado en acogerla, pero ya era tarde porque Clarita se había encariñado con ella, a pesar de ser extranjera y analfabeta. En los años en que Johanna Spyri escribió la historia de Heidi, hacia 1880, Suiza era un país esencialmente rural y pobre. Muchas familias partían a Francia y sobretodo a Alemania en busca de un trabajo o de una vida mejor. Estos días se ha estrenado con gran éxito la película homónima, con un magnífico Bruno Ganz en el papel del entrañable abuelo y un elenco de actores locales compartiendo un cartel en el cual se precisa que la película es 'en dialecto', una razón de más para ir a verla. Coincidiendo con su proyección en toda Suiza, se aceleran las campañas por el sí y por el no del próximo referendum previsto el domingo 28 de febrero. Se someterán a votación cuatro preguntas sobre temas muy diferentes: contra la especulación financiera de materias primas y alimentos; sobre la mejora en la infraestructura del túnel de Gotardo; contra la tributación fiscal discriminatoria de los cónyuges frente a las parejas no casadas; y esta otra (la que me ha hecho pensar en Heidi y sus panecillos), 'por la expulsión inmediata de los extranjeros criminales'.
De nuevo tenemos a las ovejas blancas espantando a las negras fuera del redil, por iniciativa del SVP/UCD, partido de extrema derecha. El texto defiende la aplicación de una propuesta que ya se aprobó en 2010 con dos matices importantes: el carácter 'inmediato' de la expulsión (al que se suma una penalidad por recidiva), y la extensión de la lista de crímenes a otros delitos como agresiones, robo, violación de domicilio, fraude, lesiones a terceros o hurto. Amplios sectores de la sociedad han denunciado el carácter desproporcionado y contrario a los derechos humanos de esta cuestión, que coloca sobre el mismo rasero a los asesinos que a los jóvenes delincuentes, a los violadores que a la asistenta que se olvidó de cotizar a la seguridad social, a los terroristas que a un conductor borracho que se saltó un semáforo. Y sobretodo discrimina de forma evidentemente xenófoba a un ladrón con pasaporte confederado frente a otro que tiene pasaporte extranjero, incluso cuando este hubiera nacido en Suiza y no tuviera otro apego que el de sus montañas, sus costumbres y su dialecto. Pienso si un día mis hijos se colaran en el tranvía o robaran una cajetilla de tabaco en una gasolinera. ¿A qué país donde nunca han vivido los expulsarían?
Asusta pensar que los oscuros y estirados Rottenmeier del mundo que presiden partidos o países se nieguen a aceptar la vulnerabilidad de los exiliados, de los refugiados, de los menores no-acompañados. Afortunadamente todavía hay gente con luces y con derecho a voto quienes, según las últimas encuestas y tras las movilizaciones masivas de estos días atrás, darán previsiblemente un no rotundo a esta insensata iniciativa de expulsión inmediata. Ser extranjero no debería nunca constituir un agravante. Heidi es y será siempre inocente. Y todo esto por unos cuantos panecillos blandos, para la abuela...
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Periodista
PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.
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