Treinta pinturas de Georges de La Tour han sido reunidas en una exposición en el Museo del Prado en la que repasa la trayectoria de uno de los representantes del realismo más exacerbado del Barroco.
Caravaggio y Georges de La Tour (1593-1652) fueron los artífices de un cambio de paradigma en la Historia del Arte como representantes del realismo del Barroco, corriente próxima a los postulados de la Contrarreforma que apelaban a que las pinturas debían emocionar y conmover liberándolas de artificios e idealizaciones.
Aunque la obra del italiano es más conocida, la del francés continúa en la sombra incluso para historiadores y conservadores, quienes aún dudan sobre la datación exacta de sus trabajos. Una exposición organizada por el Museo del Prado permite ahora contemplar las piezas clave de su trayectoria en la que está considerada como la muestra más importante dedicada en España al artista nacido en la Lorena francesa.
Junto a Caravaggio, es posible referirse a De La Tour como uno de los maestros del claroscuro. Si bien, el pintor francés se distinguió del italiano por la introducción de luces artificiales en sus pinturas a través de velas en el centro o laterales de la escena aportando a la composición un halo intimista, sobrecogedor y de recogimiento muy del gusto de los requerimientos religiosos de la época.
Nada despierta mayor atención de sus obras que su magnífico uso de las luces y sombras como recurso expresivo, así como su gusto por las escenas protagonizadas por figuras en el mismo plano y del mismo tamaño, en ocasiones en composiciones semicirculares en las que las figuras de la izquierda y la derecha actúan como un paréntesis.
Los artistas barrocos naturalistas se vieron seducidos por la cotidianidad de su entorno llegando incluso a servirse de los rostros que veían en las calles y en las tascas como modelo para sus santos o vírgenes. No extraña por tanto que la expresividad de rostros o manos se viera acrecentada, ya fuera en las típicas escenas de la época de músicos o naipes – como en Riña de músicos – o en la representación de santos como San Jerónimo penitente, a quien De la Tour despoja de artificios presentándolo como un ser humano aquejado por la edad y el deterioro físico.
No hay duda, sin embargo, de que una de las series más importantes de la obra del pintor es la dedicada a las Magdalenas penitentes precisamente por el uso ya citado de la luz artificial en el centro de la escena, que se proyecta convenientemente al rostro y ropajes de la santa, y que al mismo tiempo cita la espiritualidad que acompaña a su persona.
Junto a las Magdalenas, otras tres obras dan cuenta como ninguna de la maestría alcanzada por el artista en la representación del recogimiento a la luz de una vela: Job y su mujer, Aparición del ángel a San José y San José carpintero.
Información sobre la exposición:
Lugar: Museo del Prado
Fechas: del 23 de febrero al 12 de junio
Horario: de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 horas / domingos y festivos de 10.00 a 19.00 horas
Entrada: 14 euros (da acceso también al resto de exposiciones y a la colección permanente)