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TRIBUNA

Sentido de Estado

miércoles 24 de febrero de 2016, 20:04h

La mesura está ganando a la vanidad. La moderación está imponiéndose a la soberbia. El estilo sobresale ante la exageración. Política, gran política, yo te doy la bienvenida a España. El PSOE y Ciudadanos han conseguido hacer actual al gran Aristóteles: somos animales políticos, sí, porque tenemos capacidad de hablarnos. De entendernos. Por primera vez, en España, dos partidos políticos llegan a un gran acuerdo solo a través de la palabra, sin tener que pagar nada al otro, sin someterse a la vieja y brutal imposición de los nacionalistas: o pagas o no te apoyo. Por primera vez dos partidos políticos convencen a los suyos de que el acuerdo es beneficioso para su partido y para todos los españoles. Por primera vez, en la democracia española, dos partidos llegan a un gran acuerdo que va más allá, me atrevería a decir de la voluntad de aunar voluntades; estamos ante un cambio de mentalidad en el sistema político español. Sánchez, sin duda alguna, ha dado un paso de gigante para convertirse en el gran líder del PSOE al escuchar con atención el discurso de Ciudadanos. Ha puesto en su lugar la vanidad del líder de Podemos: este partido se queda verdaderamente solo. Aislado. A los de Podemos les servirá de lección política para superar su oportunismo, esa terrible soberbia, de malos revolucionarios. El resto de fuerzas políticas miran ya con admiración lo conseguido, incluso algunos partidos minoritarios estudian muy seriamente unirse al pacto; se imaginan, por ejemplo, si los de IU, 900.000 votos, dieran el paso de vincularse a ese acuerdo como, seguramente, lo harán los de la minoría de Canarias.

Y, ay, a los del PP les va a resultar difícil no aceptar ese acuerdo basado en el sentido de Estado. Creo que es hora de reconocer lo obvio: Sánchez ha trabajado y trabaja para detener ese designio fatal que Rajoy va gritando por todas partes: “Habrá nuevas elecciones si yo no soy Presidente del Gobierno.” La hazaña portentosa de Sánchez consiste en detener ese fatum, ese “ideologema” tan cruel como vacío, de alguien que no quiso asumir la tarea de formar Gobierno, pero que se ha opuesto sistemáticamente a que Sánchez lo intentara desde que se lo mandató el Jefe del Estado. Cuando alguien está trabajado día y noche por el bien común, por hallar un gobierno para la Nación, y el dirigente del otro partido se ríe, incluso en el extranjero, sobre ese cometido, deberíamos ofrecerle como mínimo nuestra solidaridad ciudadana. Han sido absolutamente impresentables, desde el punto de vista moral y político, las declaraciones públicas de Rajoy ante el Primer Ministro del Reino Unido: “Vamos a elecciones en junio”. Esas palabras reflejan un total desprecio por los ciudadanos de España. Muestran una carencia absoluta de sensibilidad moral, de comprensión política, ante un rival que trata de formar Gobierno, contando con Ciudadanos y quizá también con el PP, pues que, si no estoy equivocado, aún Sánchez ni nadie del PSOE ha descartado categóricamente la colaboración del PP.

La actitud de Rajoy negándose a someterse a la investidura, primero, poniendo todo tipo de trabas, después, al encargado de formar Gobierno, incluso le negó el saludo el día que se reunieron para tratar el asunto, y, hoy mismo, despreciando el acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera, no parece que sean buenas cartas de presentación para que Rajoy siga al frente de un deseable y, ahora más que nunca, posible Gobierno entre el PP, PSOE y Ciudadanos. Su indolencia, seguida de un desprecio tras otro desprecio a los españoles en general, y a Pedro Sánchez en particular, que queremos un Gobierno de España antes que la repetición de unas elecciones, no son avales políticos de altura para que Rajoy pudiera liderar un gobierno a la europea, moderno y abierto a la nueva política. No está dando Rajoy pruebas para ser un digno representante en España del pensamiento y acción de la política conservadora alemana, Angela Merkel o, en el pasado reciente, la socialdemócrata danesa Halle Thornig- Schmidt. Rajoy se regatea a sí mismo y puede caer después de que alguien de su entorno tire el balón fuera del campo. Eso por no hablar de los nuevos casos de corrupción que salen todos los días que le afectan directamente.

¿Y qué dicen los periodistas del PP y Podemos del histórico acuerdo, histórico por el sentido de Estado que refleja, entre Ciudadanos y el PSOE? Te aceptan que el pacto es loable pero inservible. La terrible regla aritmética los tiene atenazados. Es bueno, dicen de modo retórico, pero no tiene votos suficientes para salir adelante. Rajoy nunca se abstendrá. Reconocen la mesura, la moderación y, en fin, la racionalidad de un pacto, que va más allá de la investidura para convertirse en un pacto de legislatura, pero lo niegan, sencillamente, porque Rajoy e Iglesias lo rechazan. Es como si participaran con fruición de una gran paradoja, un sin-sentido, un fanatismo ideológico: es bueno, verdadero y bello el pacto, pero lo rechazamos porque no tiene apoyos suficientes. Terrible. El problema de estas personas, dignas de todo mi respeto como personas, es que una vez que pierden la razón en lo fundamental, reconocen la bondad del pacto pero lo rechazan por faltar suficiente número de votos, la realidad los desmiente en todas sus otras opiniones; en efecto, antes del pacto entre el PSOE y Ciudadanos esa gente no confiaba en que saliera nada, pero cuando surge un acuerdo importante, insisto que va más allá de la investidura, lo niegan no por malo sino porque le faltan votos. O cambiamos de mentalidad política o seguimos con el fanatismo de una regla aritmética que fracasó el día 20-D.

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