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POR LIBRE

Ridículo histórico de Pedro Sánchez

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
martes 01 de marzo de 2016, 18:17h
Actualizado el: 01 de marzo de 2016, 20:12h

Pedro Sánchez sueña con pasar a las páginas de la Historia y, a fe, que lo está logrando. El 20D celebró los resultados con un rotundo “es un día histórico”. Y, en efecto, lo fue. El PSOE obtuvo el peor resultado de la Historia en unas elecciones generales. También apeló a la Historia al firmar el “pacto de legislatura” con Ciudadanos. Y, de nuevo, acertó. Por primera vez, dos partidos rubricaban un pacto de Gobierno, a sabiendas de que con ese documento jamás gobernarían. Asimismo, esta tarde, se va a convertir en el primer candidato que se presenta para no ser investido. De modo, que ya ha cumplido un buen puñado de sueños en su camino hacia la gloria histórica. Le queda el más importante, ser presidente del Gobierno. Y, desde luego, con el monólogo de esta tarde no lo va a conseguir. Pero tiene en el bolsillo más pactos de legislatura y más sesiones de investidura. De hecho, para que le apoyaran hoy, acaba de enviar cinco pactos de Gobierno a otras tantas formaciones políticas. Todos, a medida.

No pasará a la Historia, sin embargo, con el discurso de investidura que ha pronunciado esta tarde. Con una solemnidad artificial se ha centrado en atacar al PP con la elegancia que le caracteriza y con la intención de lograr la complicidad del Hemiciclo. El programa del candidato a presidente se basa en eliminar todo lo hecho por el Gobierno de Rajoy y, de paso, apretar el cordón sanitario al PP. Sánchez ha llegado a calificar al Ejecutivo anterior de “absolutista”.

Ha convertido su sesión de investidura en una moción de censura al presidente del Gobierno, al que no olvida ni cuando está en funciones y agazapado. Es verdad, que mañana le seguirán con entusiasmo todos y cada uno de los portavoces de todos y cada uno de los partidos. Porque a la extrema izquierda y a los nacionalistas les une su odio al PP. Ha resultado un truco facilón de Sánchez que sabe que funciona apelar al cordón sanitario a la derechona.

Ha dedicado más de una hora a desglosar todo lo que piensa reformar, que no es otra cosa que derogar todas las leyes aprobadas por Rajoy. No ha dicho cómo, se ha limitado a dar una pista: “implementar lo mejor para España”. Tal cual. Así ha explicado el “cambio ilusionante”.

Pero lo difícil, obtener el respaldo suficiente para ser investido, no lo ha conseguido ni lo conseguirá por mucho pacto a medida que se invente. Y, como es público y notorio, al concluir su semana de gloria, pasará a manos de Pablo Iglesias, que le va a estar atizando collejas hasta que se le canse la mano. De momento, el líder de Podemos se partía de la risa en su nuevo escaño del Hemiciclo cuando Sánchez entonaba la “ilusión por el cambio”.

Al discurso, en fin, de esta tarde, le sobraban eslóganes prefabricados, lugares comunes del progresismo barato, en un burdo intento de conquistar a la extrema izquierda. Ha demostrado su escasa talla política. Ha confirmado que la secretaría general del PSOE no puede estar en manos de este hombre, por mucho protagonismo que haya logrado gracias a las maniobras mediáticas de Ferraz, la ingenuidad de Albert Rivera y el gran respaldo de los militantes. De cara a esa galería, ha tenido éxito. En realidad, ha hecho el ridículo.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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