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JORNADA 27: ATLÉTICO 3 - REAL SOCIEDAD 0

El Atlético alecciona (también) a la Real y presiona al Madrid | 3-0

martes 01 de marzo de 2016, 22:54h
Actualizado el: 02 de marzo de 2016, 20:02h

El segundo clasificado aprovechó el impulso adquirido tras el derbi para mostrar su mejor versión con pelota y golear a una Real Sociedad impotente. Los goles de Griezmann, Saúl y el de Reyes en propia meta sentenciaron una exhibición de variantes colchonera que sube la presión sobre los clubes que asoman en su retrovisor. La comodidad con que los rojiblancos despacharon a los vascos alimenta su candidatura como único antagonista digno del Barça en el balompié nacional.



Que el Real Madrid, ilustre sujeto pasivo, se ha convertido en el último lustro en la inyección de autoestima y moral predilecta del Atlético para relanzarse ante el último tercio de curso se antoja un hecho consumado asemejable a la regularidad de la fuga de puntos, que adelgaza el buqué de su candidatura liguera, en envites de resaca o entreguerras. Desembarcaba este lunes la Real Sociedad, una entidad que vuelve a proyectarse hacia Europa tras los nubarrones, con objeto de fiscalizar la consistencia del bloque que defiende la ribera del Manzanares. La exhibición degustada en el pretérito derbi debía verse engrosada con un ejercicio de pragmatismo estadístico, para afianzar el recorrido hacia la consecución del doble objetivo que motiva a estas alturas a la entidad rojiblanca: mantener su uniforme de exclusivo perseguidor culé y sacar lustre a su dominio en la capital, basado en el refrendo de sensaciones y, ahora también, en puntuación. Los donostiarras, que han afilado su competitividad con el paso de las fechas, no abandonaron el Cantábrico para hacer turismo, sino para volver a indigestarle el hospedaje a los colchoneros. Por tanto, marzo estrenaba fútbol con más trascendencia de lo pronosticable.

Diego Pablo Simeone, espléndido en el reparto de esfuerzos en esta compresión temporal que azota a los suyos, leyó el cruce como la opción para solidificar un centro del campo que resulta más identitario que otros probados. El advenimiento del Augusto gobernador, caído de pie desde su aterrizaje, refozaba la idea de soltar a Saúl y Koke del amarre previo para aprovechar su capacidad llegadora o lanzadora de transiciones. Con el abrigo del argentino, Gabi delegaría responsabilidades para hacer fluir el avance coral. Vietto recuperaba titularidad como acompañante de Griezmann. Imaginó el técnico argentino lo interesante de desplegar dos peones móviles que robaran el punto referencial a los zagueros rivales, ímejor asentados en el cuerpeo. La zaga local repetía nómina con Juanfran y Filipe en los costados y Godín y Giménez en el tapón central. Las ausencias, nada desdeñables, de Carrasco, Tiago y Savic prolongaban vigencia en un sistema que parecería automatizado. El talento -Óliver y Correa- y la brega al espacio -Fernando Torres-, aguardarían turno. Se trataba, pues, de amoldarse al libreto ajeno: imponer el ritmo exasperante que saca de eje al oponente endeble o asumir el astuto binomio de repliegue y salida para arrancar tres puntos de necesaria cosecha. La manutención de la concentración tras el pico de Chamartín y el cansancio acumulado también participaban sobre el verde.

Sobre este último apartado, el del castigo acumuado a las piernas de la estructura local, pareció edificar Eusebio Sacristán su idea inicial. Sacó de la titularidad a elementos nucleares como Pardo y Vela, apostando por la maduración del rival y el contingente físico como herramientas de supervivencia. El infortunio de su goleador referencial, Agirretxe, devolvió la punta al potente Jonathas, que coronaba un esquema con Bruma como extremo. En la medular, Illarra, Reyes -reconvertido en volante de cierre-, Granero y Xabi Prieto debían exponer rigor táctico y claridad con el esférico. De la Bella y Héctor figuraban como laterales con permiso de salida, con Elustondo y Mikel -sutura del sancionado Íñigo Martínez- como sostén final de los txuriurdin. Rulli, uno de sus jugadores franquicia, defendería los palos visitantes y una hoja de ruta que susurraba el intento de establecer una gestión sosegada de la posesión y el soslayo de contragolpes frenéticos como respuesta al pronosticado arranque ardoroso colchonero. Si para éstos últimos significaba este primer partido de la jornada 27 una suerte de prueba de resistencia, para los blanquiazules reclacaría algo más metafísico: la altura del horizonte de su progresión. La riqueza en el laboratorio del ex ordenador del Barcelona definía, hasta este encuentro, lo interesante y camaleónico de su propuesta, pero no el realismo de su anhelo de comparecencia continental. Le urgía un teatro en el que descollar y el Calderón se cruzó en la inercia para testar el bagaje aprehendido. La seguridad en la retraguardia, la red de ayudas y el compromiso sin pelota marcaban las fronteras de la Real esta noche.

Alzó el telón el enfrentamiento delineando el proceso idílico atlético: sin permiso ni impasse para la presentación de respeto mutuo y el estudio y conocimiento ajenos, el baile se decantó con celeridad hacia el rugoso y árido aspecto que aborda al visitante desprevenido. Alzó líneas con rapidez el sistema del Cholo granjeándose la batuta de la charla con el acompañamiento de la inteligencia posicional. El ahogo en la salida de pelota oponente no tardó en emerger y, con ella, la pelota se fue pintando de rojiblanco en asociaciones horizontales que aleccionaban a los futbolistas vascos sobre el rol impuesto: la comparecencia contemplativa. El energético despliegue de piezas, escalonadas entre líneas, encontraron, para mayor templanza local, los callejones de perforación que les fueron negados por Villarreal y Sevilla. De este modo se gestó la producción sistemática de acercamientos que marcan territorio y confluyeron en el punto de inflexión. Abrió fuego Saúl, en el primer minuto, con un chut ejecutado desde la frontal que superó al larguero, en el primer bocado de las variables ofensivas rojiblancas. Godín, a continuación, amplió el ramillete con un testarazo de pizarra que desvió la apurada zaga.

La fría Real Sociedad estaba padeciendo en su achique estático y no había implementado intensidad con simetría a los vatios locales, hecho que le complicaba trazar un movimiento de escapismo que le otorgara respiro. Koke, Saúl, Vietto y Griezmann fluctuaban entre líenas para desestabilizar el repliegue realista en su conjunto. Con el arrinconamiento precoz constatado, un centro de Juanfran forzado, desde la cal derecha, dibujó una efervescente inercia rasa. Tardó en detectarla el repliegue visitante y la pelota, desviada por un zaguero en el primer palo, Reyes, se coló inalcanzable para el descunsuelo de Rulli. Corría el minuto 8 y Simeone ampliaba su dictado táctico, esta vez refutado por los réditos anotadores que con tanta dificultad tocan tierra en las últimas jornadas. Se adelantó con justicia un Atlético dominador que, sin embargo, no variaría lo ajustado de la soga impuesta al sistema de Eusebio, que se manejaba incapacitado para encontrar auxilio con pelota y desprovisto de tensión y concierto defensivos como para sustentar la cesión de metros sobrevenida.

Godin mandó a las nubes, en solitario y desde el segundo poste, un saque de esquina que superó el barullo del área por la intercepción de Giménez -minuto 12-, confirmando le cómodo del escenario ideado por los colchoneros. Sin matizes ni oposición, los primeros 20 minutos de envite se quemaron bajo los designios de la rutilancia táctica capitalina. La desconexión abrupta de Granero e Illarra del devenir, el estado maniatado sufrido por Xabi Prieto y la reducción de espacios que afectaba, en particular, a Bruma, terminó por constreñir a la Real a una perspectiva de sufrimiento pasivo sin atisbo de orilla. La abrasiva disposición colectiva local cercenó la gestación donostiarra hasta destacar como el único acercamiento el centro muy pasado y sin rematadores en nómina de Bruma que atajó Oblak -minuto 17-. Y cedió verticalidad y ambición anotadora un Atlético que mutó hacia su vertiente controladora y de gestión de la renta. La venenosa movilidad interlineal se tornó en horizontalidad y búsqueda de superioridades por los costados. El sometimiento visitante, exento de reacción durante el primer acto, favorecía el filtrado de esfuerzos y la defensa a través de la posesión prolongada. En consecuencia, el ratio de lanzamientos con designio peligroso descendió para confeccionar un soliloquio plano.

El intermedio asomaba al fondo del plomizo intervalo central de primer acto para disparar el minutaje y acoger un respingo de Griezmann, eficaz pieza distributiva hasta entonces. Chutó un balón suelto en el área visitante para el despeje apurado de Rulli en el 27 y, de inmediato, dibujó una volea sin bote que tradujo un envío frontal al espacio en un bello intento sin consecuencias. Se despachó a sus anchas el segundo clasificado en la imposición de sus presupuestos sobre una trama como bloqueada, sin picos ni valles por anestesia de los txuriurdin. Sólo generó cierta inquietud el contragolpe blanquiazul en el 34, al amortizar un agujero a la espalda de Filipe sin cobertura. La futilidad de su desenlace retrató el rendimiento exento de cambio de ritmo de la complacencia vasca en la derrota. Entonces, en el último tramo antes del descanso, había aflojado las ráfagas de presión un Atético que se relamía al descubrirse monopolizador del tempo y controlador del duelo por la via de la calidad asociativa. Augusto, Gabi, Koke, Saúl -ambos en pleno ascenso de trascendencia actuando como interiores-, los laterales y los puntas participaban de un ejercicio coral de relumbrón. El reparto desigual de sensaciones que condujo a vestuarios arribó antes de que Godín no estirara su anatomía lo suficiente como para sentenciar antes de tiempo. Se reprodujo en el 40 la escena del único tanto, pero, esta vez, el envío llegó desde la izquierda, no se cruzó ningún defensor descuidado y el charrúa tampoco embocó desde el segundo poste. Sí compartieron ambos acercamientos la indecisión de un Rulli casi tan fuera de contexto como la delegación realista despalzada.

No obstante, el as bajo la manga consistente en posponer la aceleración de esfuerzos y ambición hasta el segundo tiempo, cuando pudiera jugar su papel el cansancio en la pulsión competitiva local, resultaba, visto lo visto, un pobre planteamiento. La tenebrosa piel esbozada por la propuesta, más allá del achique, interpretó como anécdota el electrónico, mas los datos reflejaban la contundencia del dominio colchonero: 57% de posesión -manifestando el uso adecuado de la calidad de la plantilla-, 7 a 1 en la relación de producción de llegadas al área que culminaba en los dos tiros a portería locales por la nada visitante. Había ganado el descanso una Real cuya hoja de ruta no había construido elementos para la convulsión esperanzadora del duelo. Y, sin cambios comenzó también el segundo tiempo. Quién sabe si Eusebio diagnosticó en el túnel la situación y recetó el ascenso de líneas y ritmo para oponer más argumentos a su rival que la paciencia enclaustrada. La penalización a lo dispuesto hasta enconces llegó en diferido, en la primera jugada de la reanudación. Y lo hizo con esclarecedoras consecuencias.

Refrescó la tensión y movilidad de las piezas medulares el Cholo y en el primer pestañeo localizó la ruta de la merecida sentencia. Una combinación sin rebate tras el robo a la imprecisión vasca adquirió verticalidad para embocar el espacio a la espada de la zaga y conectar con el desmarque de Vietto. El argentino lució pericia y se propulsó para llegar con aliento al envío y centrar, desde línea de fondo, hacia el punto de penalti. El marcaje sobre Griezmann liberó la subida de Saúl, contrastado llegador. El canterano ajustició de volea el 2-0 para el grito complacido de la tribuna. En el 46 recogió el fruto cultivado durante los 45 minutos anteriores.



Con el equilibrio de fuerzas en claro declive, ambos técnicos establecieron las primeras sustituciones, con intenciones antagónicas. Simeone inauguró las lógicas rotaciones sentando a un Godín afligido por molestias musculares. El joven Lucas tomó su testigo en el centro de la zaga rojiblanca para cerrar uno de los partidos con menor exigencia del presente ejercicio. El técnico visitante cumplimentó su línea de trabajo y decretó el cambio predefinido: Vela y Pardo, los creadores de fútbol por antonomasia, saltaban a la hierba por Granero -fuera de ritmo- y Héctor -amaestrado en ataque y sufrido en la fase sin pelota-. Quiso Sacristán, que también sustituyó a un desacertado Bruma -incapaz de encontrar coherencia entre velocidad y precisión- por Capilla -protagonista de la mala pasada de la noche al caer gravemente lesionado por un pisotón infausto de Augusto-, transformar su sistema para alcanzar la metamorfosis general. Pero la valiente decisión contaba ya con la montaña de dos goles de hándicap para escrutar la validez de sus prestaciones. Alzaron líneas, entonces, los donostiarras, descolgando hasta a cinco piezas hacia posiciones ofensivas. Complicaba ahora la plácida circulación de un Atlético que reculó, poco a poco, hacia la escuadra de repliegue y salida propia de estas tesituras.

Sin embargo, por el camino, un nuevo gol autografió la victoria antes del cambio de escenario. El arma en transición, que castiga el riesgo asumido por el rival, entregó un mano a mano entre De La Bella y Griezmann que el lateral extremó hasta el derribo y penalti. Convirtió con reparto equitativo de clase y calma el francés, que engañó a Rulli antes de abandonar el césped y degustar la cerrada ovación que dio paso a la entrada de Correa -minuto 60-. Todavía Simeone regalaría más respiro a uno de sus obreros relevantes: Gabi -más aliviado que de costumbre gracias al cortejo colectivo del cuero experimentado este martes- dio la enésima alternativa a Óliver. Y la Real estiró, al fin, su esquema para reaccionar, con todo perdido y a falta de 20 minutos para el epílogo. Llamó a la puerta de Oblak con una llegada rápida de disparo escorado desde la izquierda y cimentó el susto consistente del día para el meta esloveno a través de una falta frontal botada por Pardo que la zaga colchonera se encargó de darle carta de remate a puerta. El desvío involuntario superó al meta menos goleado del balompié nacional pero es estrelló en el poste, para regocijo estadístico local.

Quedó el duelo abocado a un cuarto de hora postrero de competitividad invalidada, en la que descollaba la motivación de algunos recien entrados, los volunatriosos Óliver y Correa sobre todo, y la depresión de un Carlos Vela de brazos caídos ante la situación a la que fue relegado, reflejo y titular del viaje a Madrid de la Real. El trueque de imprecisiones y vuelos caóticos tras robo mutuo definió minutos de hiperactividad y chispazos inconexos de ida y vuelta. Así, Vietto, Koke y Jonathas -en dos intentos claros- dispusieron de lanzamientos sin consecuencias para ensanchar sus mochilas goleadoras. Volvió a sacar brillo Simeone a su reputación como constructor de competidores de largo recorrido y gestor del descanso, ya que aleccionó en cada fase del juego a un equipo mucho menos cargado de eventos en las últimas fechas. Sobresalió la altura alcanzada por los colchoneros con respecto a lo táctico y, esta vez, también lo hizo una de las cotas de uso de la pelota de la temporada. Jugó con el músculo y la calidad el segundo clasificado para mostrar exuberancia en la cosecha de tres puntos representativos, de centro del campo estrangulado. La seriedad de este intervalo de frugalidad, desatado ante el enemigo íntimo, recupera para los rojiblancos la mejor versión de la filosofía enriquecida en el mercado invernal. Sin delantero centro, fluyó el fútbol combinativo para morder y expandir una defensa elitista, de dos toques y pase. Tras 90 minutos de paroxismo, el Atlético viaja siete puntos por encima del Madrid y cinco por debajo del Barça. El club vasco nunca consiguió esquivar el rol de desesperanzado asistente a la acción, que arribó con aspiraciones de relumbrón y vuelve a casa con cita para el diván.



Ficha técnica:
Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín (Lucas, m. 53), Filipe; Saúl, Augusto, Gabi (Óliver, m. 75), Koke; Griezmann (Correa, m. 61) y Vietto.
Real Sociedad:
Rulli; Elustondo, Mikel, De la Bella, Héctor (Vela, m. 58); Reyes, Illarra; Bruma (Capilla, m. 82), Granero (Pardo, m. 57), Xabi Prieto; y Jonathas
Goles:
1-0, m. 8: Diego Reyes, en propia puerta a centro de Koke. 2-0. m. 46: Saúl, de volea dentro del área a centro de Vietto. 3-0, m. 60: Griezmann, de penalti.
Árbitro: Hernández Hernández.
Amonestó al local Augusto Fernández (m. 74) y a los visitantes Jonathas (m. 4) y Granero (m. 57).
Incidencias:
partido correspondiente a la vigésimo séptima jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 35.000 espectadores..
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