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TRIBUNA

Trabajadores ficticios

miércoles 02 de marzo de 2016, 20:28h

Se nos acaba el crédito como seres humanos, al menos en cuanto a la esperanza de volver algún día a ejercer de proletarios al uso. En la confesión que hizo Don Iñaki Urdangarin el otro día respecto del caso Nóos, dejó bien clara a sus señorías la existencia de contratos ficticios, o sea, trabajadores invisibles o empleados virtuales, hologramas o amanuenses del más allá. Sea como fuere, esto se veía venir.

Es la hora de la verdad y bien que lo siento porque yo era uno de tantos que aún confiaba en la creación de empleo. Nada de nada. Está claro que votamos en barbecho una y otra vez, de manera que si alguien tan de relieve confiesa la inexistencia de personas que incluso se les pagaba aun cuando éstos careciesen de identidad propia, pues la verdad, vaya un porvenir más nefasto les queda a los demandantes de empleo o parados de larga duración, que según la última Encuesta de Población Activa resultan cerca de 4,8 millones las personas sin oficio ni beneficio futuro. No tiene ni pizca de gracia, créanme.

Y claro, a uno que desde bien pequeño se le queda grabada la cosa de los fantasmas, pues te das cuenta de la razón que tiene Iker Jiménez y su Cuarto Milenio cuando nos habla de las psicofonías y apariciones espectrales. Sin duda son los trabajadores ficticios haciendo valer sus derechos adquiridos. Lo cierto es que en este país, nadie sabe nada ni nadie recuerda nada cuando están frente a un estrado, y por mucho que se tengan compromisos de responsabilidad, resulta que a la hora de la verdad da igual ser muy leído que tardío en entendederas; de lo que no hay duda alguna es de que nos enfrentamos a una especie de creación de empleo fantasmal con retribuciones solapadas, pero eso sí, todo ello sin ánimo de lucro, según la versión del patrocinio.

Naturalmente que todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario, ahora bien, por aquello de la subjetividad genética una vez más pasamos a depender de los juicios fiables y otras conclusiones de equidad en trato de igualdad, por lo que al final uno rememora la famosa cuarteta de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” En definitiva, que entonar ecuanimidad en el poder judicial es lo primordial y sería lo deseable ante estos casos de presunto dolo y de mala praxis en quienes ejercen gestión atentatoria con caudales públicos de por medio.

Pero no sucumban a lo incorpóreo de lo novedoso, tarde o temprano tenía que llegar que los excluidos de haciendas gozáramos de infinita levedad a la hora de doblar espinazo y trabajar sin ser vistos ni oídos. La realidad virtual nos ha invadido de tal manera que incluso seremos sempiternos en las empresas u oficinas de empleo como almas vagabundas flotando alrededor del oprobio de quienes utilizan incluso lo etéreo como gastos fiscalmente deducibles. Y es que los trabajadores por cuenta ajena son los únicos controlados en este país, aunque solo seamos lémures al servicio de la franquicia de unos cuantos. Es lo que tiene cobrar con nómina a fin de mes, aunque el perceptor sea el último en enterarse por aquello de ser imaginario.

De lo cual se desprende la inminente reforma laboral. Nada de contratos indefinidos. Nada de contratos temporales. Nada, tampoco, de contratos de media jornada, ni tan siquiera los de formación y mucho menos los contratos a tiempo parcial por semanas, días, horas o nanosegundos; ahora el trending topic en materia laboral es el contrato del trabajador ficticio, ya saben, no se cobra, pero tampoco se trabaja. No se cotiza, pero no existes. El único mérito de esta nueva clase obrera es la de servir a ciertas empresas para que éstas puedan gozar de subvenciones y demás atractivos fiscales. Algo es algo.

La mayor parte de la sociedad, incluida una inmensa representación de la clase política, es decente y honorable, lo que sucede es que aquellos que mercadean con la honra de los demás no acostumbran a ser del todo conformistas y acaparan irregularidades dignas de mención; y claro, luego pasa lo que tiene que pasar, que nadie sabe nada, que no recuerdan quien o quienes desempeñaban las funciones de cuadrar las cuentas y a buen seguro que al final, como casi siempre, será el contable, el conserje o la señora de la limpieza (con todos mis respetos) quienes guardan mejor memoria de todo ello.

En fin, no teman por lo que no vean ni oigan, los seres ficticios son trabajadores creados para dar satisfacción a ciertas capas de la atmósfera, lo que sucede es que en la vida real suelen pasar inadvertidos, pero existir, existen y a las pruebas me remito, señorías.

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