¿Vender o no vender? Esa es una de las preguntas que ha vehiculado el encuentro del sector de los farmacéuticos INFARMA, celebrado esta semana en Madrid. Ya desde la inauguración, el consejero de Sanidad de la Comunidad,
Jesús Sánchez Martos, se posicionaba claramente:
“El farmacéutico es un profesional sanitario y no un vendedor”, decía ante el público congregado y la prensa, en una intervención que, precisamente, se vio interrumpida
por una protesta contra la mercantilización de la farmacia, con el lema “vuestra codicia nos pone enfermas”.
En el polo opuesto de esta visión del sector como una pieza del sistema sanitario, aquellos que se muestran partidarios de que la farmacia sea una pyme
con criterios comerciales y visión de negocio. Desde este punto de vista estaba enfocada la mesa redonda “El autocuidado en una farmacia de futuro”, en la que han participado
Javier Altemir, business unit senior director de Almirall HealthCare,
Concha Almarza, general manager de IMS Health en España,
José Antonio Andreu, socio director de Shoppertec Insights & Solutions y
José Ibáñez, farmacéutico de Oficina de Farmacia, moderados todos ellos por
Jaume Pey Sanahuja, director general de ANEFP.
Ante la sorpresa de que todavía escandalice el planteamiento de que una farmacia es una tienda, los ponentes han expuesto que el autocuidado en una gran oportunidad para el negocio de los farmacéuticos. Los medicamentos que se venden por prescripción médica llevan a las farmacias a facturar todos los años lo mismo e incluso reducir márgenes, han explicado, y se enfrentan a una creciente competencia de otros establecimientos.
Todo ello en el contexto de una revolución sociológica en la que el ciudadano
–en este caso, no hablamos propiamente de enfermos- está cada vez más empoderado e informado, la esperanza de vida se alarga, la población envejece, y hay un creciente interés por la salud.
Los ponentes han hablado también de las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, que incluso
monitorean la salud de los ciudadanos a través de dispositivos como los ‘relojes inteligentes’. Además, los productos de autocuidado se abren paso en la medida en que los individuos sanos tengan más información sobre las enfermedades a las que están genéticamente predispuestos.
Por otro lado, también se ha abierto la puerta a la posibilidad de que los productos que hasta ahora tan sólo se comercializan en las farmacias
dejen de ser exclusivos de estos centros en un plazo de apenas quince años.
En definitiva, un pequeño relato sobre el futuro próximo del sector de la farmacia, en plena crisis de identidad.