Si hacemos caso de la última encuesta del CIS, vemos que a la gente lo que le preocupa es la economía o, más bien, su bolsillo. No es lo mismo. A menudo se confunde y es bien penoso explicar la
rebaja de los tipos de interés acometida por el Banco Central Europeo, y notar la mirada nerviosa de sí, sí, muy bien, pero, ¿entonces van a bajar los ‘chuches’ o qué pasa?
“Para los de arriba hablar de comida es bajo y se entiende, porque ya han comido”. No sé hasta qué punto sigue vigente este verso de Brecht en nuestra
sociedad ‘comidista’, en pleno subidón gastronómico. Hablemos, pues, de Cervantes.
En España se homenajea raro. Leía ayer que en Toledo van a hacer el Quijote de mazapán más grande del mundo. De nuevo, la alta cultura y la gastronomía se cogen de la mano. Sería muy divertido leer en los diarios ingleses que ya está bien, aquí no se sabe homenajear a nuestros genios; vamos a hacer un pudding con forma de Shakespeare por lo menos tres o cuatro metros más grande que el Quijote de los españoles. Pero lo que leemos son otras cosas. Es el cuarto centenario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare, y mientras los británicos se han volcado con la conmemoración del ‘bardo inmortal’, en España parece que
no hay prevista gran cosa. Sabido es que la nombradía de los héroes y poetas da mucho lustre al lugar donde nacieron. Cervantes se burla un poco de este tópico en la primera frase de su obra, cuando cita un vago lugar de la Mancha, “de cuyo nombre no quiero acordarme” como la patria de su caballero andante. El resultado de esta pequeña ironía es que no uno sino dos –o más- pueblos se disputan ser “el” lugar de la Mancha donde “no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero”.
Pues bien, el otro día aparecía un señor, muy serio, en la tele, diciendo que Cervantes había planteado el juego a lo largo de toda la obra con “pistas” que indicaban que ese lugar donde vivía Alonso Quijano era el pueblo de cuyo nombre yo tampoco quiero acordarme. Es decir, que una de las obras más bellas, enternecedoras y afiladamente modernas que ha dado la literatura universal en realidad no es más que un acertijo que habla todo el tiempo del pueblo de este docto señor.
Es en esta tierra donde tenía que hacer Don Quijote sus hazañas. Compréndanlo, no era nada fácil.
Dublín con Joyce, Praga con Kafka: la literatura como reclamo turístico. Nada reprochable. Es ese bolsillo del que hablábamos al principio, ese que tanto preocupa según la encuesta del CIS.