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LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS

sábado 19 de marzo de 2016, 18:00h
La crisis de los refugiados zarandea a Europa. Hace seis meses, el 8 de septiembre de 2015...

La crisis de los refugiados zarandea a Europa. Hace seis meses, el 8 de septiembre de 2015, Luis María Anson publicó un artículo en el diario El Mundo en el que exponía algunas cuestiones hoy aprobadas con lamentable retraso por el Congreso de los Diputados y por las instituciones europeas. Reproducimos el artículo a continuación.

“Bajaron los ángeles, besaron su rostro, y cantando a su oído, dijeron: Vente con nosotros. Vio el niño a los ángeles, de su cuna en torno, y agitando los brazos, les dijo: Me voy con vosotros. Batieron los ángeles sus alas de oro, suspendieron al niño en sus brazos y se fueron todos. De la aurora pálida la luz fugitiva, alumbró a la mañana siguiente la cuna vacía”.

El poeta romántico se estremeció con estos versos ante la mayor desgracia que puede devastar a los padres: la muerte de un hijo de pocos meses o de escasos años. Las aguas mediterráneas se enredaron en la vida de Aylan Jurdi, el niño del éxodo y del llanto. “En látigo de espumas le nacen azucenas, jardín sobre las olas de frágil brevedad, y el mar no sabe nada, no quiere saber nada, el mar es una lágrima tan grande… como el mar”.

Ante la imagen atroz del bebé ahogado se me vino enseguida el recuerdo de los niños macilentos, las pálidas mujeres demacradas, los hombres abatidos, los ancianos yacentes que cruzaban la frontera para refugiarse en Francia en las postrimerías de la guerra incivil española. Europa tiene el deber histórico de acoger a los refugiados que huyen de una contienda salvaje, de la atroz dictadura, de la tiranía de un Califato que decapita a los periodistas, asesina a las mujeres violadas, dinamita los monumentos históricos y descuartiza las esculturas de mármol.

Los líderes europeos malgastan el tiempo en reuniones estériles, en comilonas suculentas, en incesantes viajes gratis total, en inútiles reuniones de un Parlamento gigante. El éxodo sirio exigía la videoconferencia inmediata entre los dirigentes de los cinco grandes -Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y España- para decidir en 24 horas la solución a la tragedia inacabable del viejo pueblo siriaco. El drama del niño Aylan es también el símbolo del hedonismo, la pasividad, la ligereza de los líderes europeos que juegan a la política en lugar de tomar decisiones inmediatas cuando más falta hace.

Frente a la desidia de tantos políticos se ha producido la reacción fulminante de Su Santidad el Papa y las parroquias católicas, de los medios de comunicación más responsables, de los ciudadanos europeos que ofrecen su casa para acoger a los refugiados maltratados porque la Europa del Derecho Romano, la Europa de los tres lemas de la Revolución Francesa, la Europa que ha defendido durante siglos los principios de derecho público cristiano, no quiere soportar el atropello en los trenes, la frialdad en las declaraciones, la imagen de los refugiados malheridos, humillados, tratados como animales; no puede soportar la descarga del niño Aylan boca abajo entre las aguas del mar de la cultura universal.

El poeta sirio Nizar Qabbani habla de los niños de la piedra en sus Poemas salvajes y condensa el alma de un pueblo bañado por la gran historia del mundo, de una nación que contempla hoy estremecida la cuna vacía de tantos y tantos niños muertos a causa de la guerra salvaje que ciega los ojos del Oriente Medio. Antonio Garrigues ha tenido la sensibilidad de escribir en un bello poema sobre Aylan Jurdi y Kim Phuc: “Ya no puedes quejarte. Ya nunca morirás ni estarás muerto. Ya serás para siempre un niño eterno, un cuerpo enternecido…”