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POR LIBRE

¿Por qué la culpa es de Rajoy?

domingo 03 de abril de 2016, 20:25h
Decía Oscar Wilde que “el mundo es un teatro, pero tiene un reparto deplorable”. Pocas veces, como ahora, puede aplicarse la sentencia del genial escritor irlandés a la política española. Pues ese reparto deplorable lo forman tanto los dirigentes de los principales partidos como buena parte de los medios de comunicación.

Los políticos tienen el derecho, incluso el deber, de tener la ambición de conquistar el poder. Se basan en unos principios con los que creen que pueden lograr una sociedad más justa y próspera. Y la herramienta que puede lograrlo no es otra que la propaganda, lo que ellos llaman programa electoral.

Los medios de comunicación denominan principios a la línea editorial, pues también se supone que así defienden lo que consideran que es lo mejor para la sociedad. Como es natural, la libertad de expresión ampara que los periodistas o cualquier ciudadano pueda defender o criticar a aquellos políticos o partidos que consideran que gobernarían mejor, que harían que la sociedad fuera más justa.

Pero el problema actual del teatro político español es que nunca ha tenido un reparto más deplorable.

Después de más de cien días sin Gobierno, apenas se ha producido algún gesto sensato e inteligente para desbloquear la situación. Hemos asistido a todo tipo de sainetes, de vodeviles, de comedias bufas. Y lo inaudito es que, en muchos casos, esas burdas interpretaciones han sido ovacionadas por buena parte de los medios de comunicación.
Hay que recordar en síntesis lo que ha ocurrido y cómo ha sido interpretado.

Un día después de celebrarse las elecciones, Mariano Rajoy invitó a La Moncloa a Pedro Sánchez y a Albert Rivera para ofrecerles un pacto de gran coalición, sin duda la mejor solución al embrollo surgido del resultado electoral. El secretario general del PSOE, ya antes de sentarse, le espetó al presidente que no quería saber nada de él, ni de su partido. No se sabe si llegó a insultarle como hizo en el debate electoral. Albert Rivera no fue tan borde, pero pretendió que Rajoy se esfumara como condición esencial para apoyar al PP, pese que había ganado las elecciones y pese a que tras el 20D, el líder de Ciudadanos proclamó que apoyaría al partido más votado.

Ante la evidente imposibilidad de lograr una mayoría necesaria para ser investido presidente, Rajoy declinó la oferta del Rey. Y, por ello, fue masacrado por todos los dirigentes políticos y casi todos los medios de comunicación. Pero, ¿por qué iba a perder el tiempo con una sesión de investidura si sabía que era imposible salir elegido? No obstante, todos, políticos y periodistas, le acusaron de cobarde, de dilatar la ingobernabilidad.

Pedro Sánchez, entonces, se dispuso a intentarlo y, con razón, recibió múltiples elogios. Al comprobar que su soñado Gobierno de progreso sería vetado por los barones de su partido sedujo, o engañó, a Albert Rivera y ambos se aplicaron a la tarea. Con sus 130 escaños, redactaron un ridículo “pacto de legislatura” que firmaron solemnemente en el Congreso de los Diputados. Y, entonces, se lanzaron a presionar a Rajoy para que lo apoyara o se abstuviera “para desbloquear la situación”. El presidente en funciones contestó con toda la lógica del mundo que esa gran coalición ya la había propuesto él y que había sido rechazada. ¿Por qué, entonces, iba a ir el PP de palanganero si, además, era, con gran diferencia, el partido más votado? Indignación general. Las amenazas no se hicieron esperar. Y la más graciosa fue, y sigue siendo, obra de Albert Rivera al espetar a Rajoy que iba a propiciar que Podemos gobernara. De modo, que ya sabemos que si Pablo Iglesias logra engatusar a Pedro Sánchez, burlar a los barones y sentarse en el Consejo de Ministros, el único responsable del desaguisado será Rajoy.

Cuando el esperpento del “pacto de legislatura” concluyó, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se exhibieron en la pasarela de la Carrera de San Jerónimo en una de las más tronchantes parodias que se han visto en la política española. Tras hablar un par de horas de baloncesto y de literatura, eso sí, con mucho boato y muchos “flashes”, declararon que estaban muy de acuerdo en echar a Rajoy de la política, de España, tal vez, del mundo. De pactos de Gobierno, ni una palabra.

Pero al salir, Pablo Iglesias que engatusa como nadie, llevaba escrita su gran decisión: renunciaba a la vicepresidencia del Gobierno para facilitar el pacto. Todo un sacrificio, pese a que nadie le había ofrecido tal cargo. Y, a fin de cuentas, una chorrada sin interés, pues lo único esencial de la reunión era saber si podrían formar Gobierno el PSOE y Podemos. Pero, de eso ni uno ni otro aclararon nada. Esa misma tarde, todos los periódicos digitales, salvo El Imparcial, y al día siguiente los de papel, titulaban con la gran noticia. Iglesias rechazaba ser vicepresidente. ¿Y qué? Una cadena de televisión llegó a hacer una encuesta sobre el tema. Y la mayoría elogiaba a Iglesias por inmolarse. La cadena, naturalmente, era la Sexta.

Ahora, Sánchez se ha inventado un nuevo pacto para no irse a su casa con el rabo entre las piernas. El más difícil todavía: gobernar con Podemos y Ciudadanos. De hecho, este mismo lunes se celebrará una reunión entre los tres partidos. Y conviene recordar que Albert Rivera siempre se opuso a sentarse con Podemos. Pues era broma. O mentira.

La conclusión no puede ser más delirante. Después de este trasiego de reuniones, declaraciones, mentiras, falsos pactos de legislatura y demás gilipolleces, tanto si hay nuevas elecciones como si Gobierna Podemos, la culpa es de Rajoy por no apoyar un Gobierno entre el PSOE y Ciudadanos. Cuando el presidente en funciones fue el primero en proponer ese gran pacto entre los tres partidos constitucionalistas sin poner vetos ni condiciones. Pero la culpa de todos los males es de Rajoy, porque no permite que Sánchez con sus escuálidos 90 diputados sea el presidente del Gobierno. Rivera dixit.

Y como estamos en pleno cachondeo político e intelectual, me permito reproducir otra sentencia del genial Oscar Wilde. “Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, mientras no la ame”. Pues, eso, que no amen a Rajoy, pero que sean felices. Los españoles, los políticos y los periodistas.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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