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Cuba, de la nostalgia a la Generación Y

Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
martes 10 de junio de 2008, 21:47h
Reconocerán los lectores, tanto los que tengan una cierta edad como los más jóvenes, que suele ser habitual entre la gente de mi generación, la que llegó a la pasión por la política a finales de la década de los sesenta o en la primera mitad de los años setenta, cantar a menudo la palinodia. En particular, a propósito de Cuba. Nos equivocamos mucho. Demasiado. Como en tantas otras cosas. Pero en el caso cubano con el detalle de una historia, de una lengua, de unas culturas que nos eran radicalmente próximas. Bien, queda dicho de nuevo.

También suele ocurrir que dichas retractaciones, por sentidas que sean, causen un efecto nulo en la gente joven. Se las miran con evidentes muestras de displicencia. Al no sentirse culpables de haberse dejado seducir por el castrismo, o por cualquier otra variante del mito revolucionario, nuestras rectificaciones le suenan a historias de viejos. Ya no basta, pues, con confesarnos culpables. Ni creo que sea necesario volver a hacerlo. Eso sí, por esa misma cercanía que antes nos llevó al extravío me parece evidente que deberíamos dar ahora todo nuestro calor, el que nos quede, a aquellos que se sitúan en cabeza de un movimiento de exigencia para con nuestras autoridades en relación a la tiranía castrista.

Lo que los cubanos precisan de nosotros, y me refiero ahora a los españoles de cualquier edad, es coherencia. Lo que no necesitan, desde luego, es que a los pocos días de que la dictadura impidiese el viaje a Madrid de Yoani Sánchez para recoger el premio Ortega y Gasset, concedido justamente por el éxito de su blog Generación Y, nos encontremos con la noticia de que el ministro Miguel Ángel Moratinos abogará el próximo mes de junio ante sus socios europeos por suprimir, de manera definitiva, las medidas sancionadoras impuestas en 2003 a la tiranía tras la llamada “Primavera negra”. La tal primavera, recordémoslo, fue un episodio, uno más, de encarcelamiento de opositores al régimen que habían tenido la osadía de ponerse a escribir y a decir lo que pensaban. De hecho, ya en 2005 y también a instancias de España esas medidas habían quedado en suspenso. Frente a la firmeza de otros tiempos, la política exterior española viene, en relación a Cuba, por no recordar de nuevo el esperpento protagonizado en relación a la Venezuela bolivariana, mostrándose más que remisa.

En evitar que las instituciones comunitarias rebajen el nivel de exigencia en el respeto a los derechos humanos y a las libertades básicas de la ciudadanía cubana deberíamos coincidir todos: los relapsos, los penitentes y los libres de pecado. Al fin y al cabo, para colaborar a la libertad de los cubanos no sobra nadie. Deberíamos incluso hacer algo más. Si me permiten les propongo una breve relación de tareas: atender a la voz de María Werlau, y su proyecto Archivo Cuba, angustiada por rescatar del silencio la memoria del brutal coste humano del proceso revolucionario cubano; tener en cuenta la propuesta del Directorio Democrático Cubano, en el sentido de apadrinar a un preso de conciencia hasta lograr su liberación; saber de la existencia de las Damas de Blanco; apoyar a la Asociación Española Cuba en transición; aguzar los oídos, sólo un poco, para tener presentes las palabras independientes que, en el exilio o en el interior, dan cuenta de las esperanzas de una ciudadanía sometida. Deberíamos hacer tantas cosas... Todas, excepto callarnos... o seguir contando historias de viejos.

Ángel Duarte

Catedrático de Universidad de Gerona

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