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MARIÁN ÁLVAREZ, MANUELA VELLÉS Y SIMÓN CASAL

"Nos vendieron que España fue un país neutral en la Segunda Guerra Mundial, pero hay que investigar"

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
miércoles 06 de abril de 2016, 18:39h
Actualizado el: 06 de abril de 2016, 18:45h
Entrevista a las actrices Manuela Vellés y Marián Álvarez y al director debutante Simón Casal. Estrenan Lobos Sucios, inspirada en hechos reales y bastante desconocidos en torno a la participación indirecta de España en la Segunda Guerra Mundial.
Manuela Vellés y Marián Álvarez en un fotograma de la película.
Manuela Vellés y Marián Álvarez en un fotograma de la película.
Oviedo. 1944. Con el permiso del Gobierno español, “neutral” en la Segunda Guerra Mundial, los nazis explotan la mina de Casaio, de donde extraen el wolframio imprescindible para sus fábricas de armamento. Trabajadores libres y presos políticos se dejan la vida en sus túneles, hasta que una red internacional de espías planea el sabotaje de un gran cargamento con la ayuda de Manuela (Marián Álvarez), una de las trabajadoras de la mina con fama de meiga –bruja-, y de su hermana Candela (Manuela Vellés), que sobrevive del estraperlo y ayuda a cruzar a judíos huidos hacia Portugal.

El realizador gallego Simón Casal explora en su ópera prima un capítulo muy poco conocido de la historia de su tierra y se basa en hechos y personajes reales para firmar Lobos Sucios, a partir de este viernes en cines. EL IMPARCIAL entrevista al director y a las protagonistas de la cinta.

Ocurre en Orense, no hace tanto tiempo y es una completa desconocida para la mayoría de los espectadores. ¿De dónde sale esta historia y por qué llevarla al cine, ahora en ficción?

Simón Casal:
La historia parte del documental Lobos Sucios, de Felipe Rodríguez, que acaparó cierta atención internacional en festivales. Es una historia que me engancha por el mundo al que nos transporta: 1944 en las minas de wolframio de Galicia que estaban dirigidas por nazis. Y luego están los personajes, con esa variedad tan amplia, con un origen y unas necesidades tan distintas cada uno, pero todos muy marcados por fantasmas del pasado, por imágenes vividas en unos tiempos tan difíciles. Por último, el mundo mágico de Galicia, que siempre me ha atraído: esa vida secreta de los bosques gallegos, siempre presente en nuestra tradición, en la literatura popular gallega. Esas energías que recibimos cuando volvemos a nuestras aldeas, a nuestra naturaleza.

Marián Álvarez: Cuando me leí el guión, me fascinó, y es una historia que yo no conocía. Soy muy fan de la Segunda Guerra Mundial, me atrapa todo lo que veo o leo, así que pensé, esta es mi oportunidad, qué suerte he tenido.

Manuela Vellés: Yo creo que es un guión que lo tiene todo. Me fascinó que contara una parte de la historia de nuestro país que no se ha contado antes y me encanta que tenga esa variedad, entre la aventura, la cinta bélica, el thriller, la historia de amor… También me atrajo que sea un director novel, porque siempre tienen mucha ilusión y ponen todo de sí mismos por el proyecto.

La película está inspirada en hechos reales, ¿qué hay de los personajes?

Simón Casal:
Los personajes son reales, pero están ficcionados. A partir de sus historias, les dimos un destino distinto o, al menos, con licencias.

Manuela Vellés: Tengo que reconocer que mi personaje fue el que más me enamoró de todos. Tiene esa cosa como inocente de la juventud, de una mujer como muy alocada, muy rebelde, que no mide mucho las consecuencias de sus actos y que se acaba convirtiendo casi en una heroína. A través de ella y de su hermana, se cuenta esta historia de la guerra desde dos mujeres, casi siempre se cuentan desde la perspectiva de hombres. Aparentemente son historias pequeñas, pero cambian el transcurso de muchas vidas.

Marián Álvarez: Manuela es un personaje complicado, por eso también me atrajo, porque yo soy muy de meterme en berenjenales. Tiene una doble vertiente muy curiosa. Por un lado está ese sentido común de que tengo una hija enferma y lo único que quiero es sacarla adelante. Ella es un poco la cabeza de esta familia de mujeres: la madre no está en condiciones de hacerse y cargo y ella tiene que cuidar, no sólo de su hija, sino también de su madre y de su hermana. En este sentido está en el día a día: a trabajar, a ganar dinero y a comer. Pero luego está toda esta parte más sensorial, porque es alguien que está conectada con la naturaleza, que tiene ese sexto sentido para las cosas. Tenía unos recovecos fascinantes en los que meterme.

Uno de los atractivos de Lobos Sucios es, precisamente, ese componente mágico, que se trata con la delicadeza suficiente como para sobrevolar toda la cinta sin restar el realismo dramático de la historia…

Simón Casal:
Quise hacerlo muy naturalista. En Galicia, la naturaleza tiene mucha fuerza, los fenómenos naturales son muy intensos. Se trataba de intentar recrear eso con el sonido y las imágenes y darle un cierto aire mágico.

Marián Álvarez: Yo lo quise bajar un poco a la Tierra. Lo ataqué por el lado de alguien que está conectada sensorialmente con la naturaleza. Es algo que hemos perdido hoy en día pero que creo que todo el mundo lo tiene en el fondo. ¿Quién no tiene un sueño premonitorio? ¿O sensaciones de pronto? Bucear un poco por ahí. Mi familia es asturiana y he oído desde siempre muchas historias relacionadas con estas cosas, así que pude incluso indagar un en mis antepasados.

"Nunca se sabe qué se puede hacer, hasta donde pueden trascender nuestros actos"

Creo que el espectador se preguntará viendo la película si en esa situación sería de los que se arriesgarían para ayudar o de los que preferirían mirar para otro lado y no meterse en líos. ¿Os lo habéis planteado vosotros?

Manuela Vellés: En el caso de estos dos personajes está muy bien definido porque una es madre y no puede arriesgar su vida, necesita cuidar a su hija. En mi caso, nadie depende de mí. Candela tiene los ojos muy abiertos a lo que sucede alrededor, ella no se mete en su caparazón sino que quiere aprender. Me gustaría pensar que yo también sería así. Ahora también hay muchas situaciones en las que podemos elegir entre taparnos los ojos o hacer lo que uno pueda para ayudar.

Marián Álvarez:
Yo me he tenido que plantear un montón de cosas, lo que pasa es que no me gusta juzgar a los personajes. Me gusta justificarlos. Manuela, al principio no quiere verlo, tiene unas circunstancias muy difíciles y sólo quiere dar de comer a su familia. Luego se va abriendo y empieza a ver más allá de sus narices, pero también se deja un poco llevar. Sobre la historia que tiene con el nazi, la gente me decía que qué horror tener que estar con él. Pero es que ella no sabe qué es un nazi, ni qué es un judío, ni dónde está Alemania. Estamos hablando de personas que viven en una aldea de Galicia, que son analfabetas y de repente vienen unos señores de fuera a darles trabajo y les ponen la luz en el pueblo. Es un señor que la trata bien y que la entiende perfectamente. Ella no lo hace como un sacrificio por la Humanidad, simplemente se deja llevar.
Extrapolado a los tiempos de ahora, con todo esto que está pasando, la gente también piensa que no puede hacer nada. Nunca se sabe qué se puede hacer, hasta donde pueden trascender nuestros actos.

Simón Casal: Se puede pensar en cómo actúas en el día de hoy, por ejemplo, con los refugiados sirios que huyen de la guerra y que tienen unas necesidades urgentes, que vienen de una situación desconocida para nosotros o que no comprendemos. Como a estas aldeanas les pasaba los judíos que llegaban mientras ellas luchaban con sus problemas diarios: el trabajo y no pasar hambre. Ese es el tema de la película: la capacidad de sacrificio por el bien común.



¿Creéis que, a pesar de ser una historia inédita en ficción, el público puede encajar esta película en ese pensamiento de “otra española de la Guerra Civil o la posguerra?

Simón Casal: Creo que esa afirmación, simplemente, no es verdad. No hay suficientes películas sobre la Guerra Civil española, es más bien una especie de corriente de opinión creada. La Guerra Civil y el Franquismo abarcan una época gigantesca y fascinante y se pueden contar mil y una cosas y encontrar puntos de vista distintos.

Marián Álvarez: Estamos en la era de Internet, conocemos todo lo que pasa al segundo y de repente, ¿por qué no conocer nuestro pasado? Es un capítulo fascinante. Yo no sabía que estaban los nazis en España, no sabía que explotaban las minas de wolframio para, con él, hacer los tanques. Fue determinante España en este aspecto. Nos vendieron que España fue un país neutral en la Segunda Guerra Mundial, pero hay que investigar. Es nuestra historia, es parte de nosotros, nosotros venimos de esa Manuela, de esa Candela, de esas heroínas de las que casi nunca se cuenta su historia.

Manuela Vellés: Cualquier historia real de un país es interesante, pero creo que esta tiene de especial cómo está contada y en qué personajes de centra, desde qué perspectiva está contada.

No hay suficientes películas sobre la Guerra Civil española


¿Cómo fueron las sensaciones rodando en Galicia, contando una historia de su pasado que pocos conocen?


Simón Casal: Allí flipan. Lo que se conoce más es la fiebre del wolframio, una época entre el 40 y el 44 en la que el precio de este mineral subió muchísimo y hubo gente que lo vendió en el mercado negro y se hizo muy rica. Esto está más documentado y se conoce algo más. Pero sobre la presencia nazi en algunas de estas minas, controlando la producción y a través del puerto de Vigo a las fábricas alemanas… hay historiadores que lo han contado, pero nunca se le ha dado ningún tipo de repercusión mediática. Es una de esas historias que hay que contar porque, como muchas otras, se han ocultado durante el franquismo.

Como muestra la película, muchos de los trabajadores de esas minas no sabían para qué se usaba el wolframio que extraían. No lo querían saber. ¿Ahora tampoco somos del todo conscientes de qué producimos o qué consumimos?

Manuela Vellés:
Los productos que compramos ahora a veces tienen detrás historias de explotación. Hay que tener cierta consciencia de hacia dónde vamos y qué injusticias se crean en el mundo a través de las cosas que nosotros usamos como normales.

Marián Álvarez: Exacto, ahora igual estás comprando unos pantalones y estás poniendo tu granito de arena en fábricas que funcionan de aquella manera. No somos conscientes, pero creo que es supervivencia de alguna manera. Si nos pusiéramos a investigar, no respiraríamos. De hecho, si nos ponemos a investigar qué respiramos, no podríamos respirar.

¿Qué ha sido difícil de este trabajo?

Marián Álvarez:
El clima. Nosotros rodamos todo en escenarios naturales, no hay nada de plató. Por un lado es muy bueno porque te da ese realismo que se ve en la peli, esa sensación de frío, de humedad, de cansancio. Es muy incómodo trabajar 12 horas empapado día tras día. Pero tiene su parte buena. Fue una peli dura: muchas localizaciones, muy lejos, el vestuario…

Manuela Vellés: Sí, fue el hecho de rodar entre montañas, bajo la lluvia, de noche, pasar mucho frío… aunque es verdad que a la vez te ayuda. Eso es lo que ellas vivían de verdad. Y al final acabas de verdad sucia, con las manos negras, con el pelo mojado… Ha sido lo más difícil, pero yo agradezco un montón porque facilita acercarse a los personajes.
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