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CINE

Julieta: las nuevas chicas Almodóvar (y algunas veteranas)

domingo 10 de abril de 2016, 14:30h
Con el nuevo film del realizador machego, Julieta, Emma Suárez y Adriana Ugarte entran en el club de las 'chicas Almodóvar'. ¿Qué hay que tener para ostentar tal título?
Ya lo decía Sabina. “Como ‘la’ Maura, como Victoria Abril”. Ser una ‘chica Almodóvar’ sigue siendo un deseo generalizado entre las actrices españolas. Por su proyección internacional, su personal hacer cinematográfico y su característico prisma a la hora de retratar al ser humano, Almodóvar se mantiene, veinte películas después de su revulsiva Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, como uno de los directores más cotizados –escribir ‘el más’, da cierto pudor, pero no estaría alejado de la realidad- de nuestro país.

En toda su filmografía, el manchego se ha rodeado de un selecto grupo de intérpretes, sobre todo actrices, dada su inevitable tendencia a retratar el universo femenino. Mujeres fuertes, a veces dependientes en lo emocional pero siempre decididas –aunque sea a quedarse en la cama-, y sobre todo distintas, lejos de la norma, rupturistas y únicas.


Suárez/Ugarte

Para rodar Julieta, Almodóvar apostó por dos caras nuevas en su filmografía, Adriana Ugarte y Emma Suárez, en las que ha recaído el peso del número redondo –la vigésima cinta del realizador-, el del poso irregular que dejaron sus amantes pasajeros hace tres años y el de echarse a la espalda a un Almodóvar más melodramático que nunca. No hay ni rastro en Julieta de ese humor almodovariano que, con más o menos protagonismo, ha planeado sus cintas. Julieta es puro drama, oscuro, turbador y sentimental, en el que los personajes quedan completamente expuestos, pero que juega también con los vacíos y el subtexto. Suárez y Ugarte lidian con esta dualidad y operan con recursos delicados, propios del melodrama (casi necesarios para el género), tales como la voz en off o los monólogos explicativos; y aprueban con nota.

En unos años, Julieta se entenderá probablemente como un punto de inflexión en su carrera. Por un lado, Ugarte se consolida como una de las actrices del momento. La Señora y, sobre todo, El tiempo entre costuras, la hicieron un rostro popular y demostraron sus capacidades dramáticas, menos exploradas en el cine a pesar de haber protagonizado la superproducción Palmeras en la nieve. En Julieta, la actriz se viste de naturalidad y profundidad.

Si bien es cierto que la mayor carga dramática recae sobre su compañera de reparto, una Emma Suárez que, más centrada en el teatro en los últimos años, parece predestinada a volver a la primera línea del panorama cinematográfico por la puerta grande. Por lo pronto, su poliédrica, contradictoria, sombría y contenidamente descarnada interpretación de Julieta le ha colocado en cabeza de unos todavía lejanos Goya. En una de las pocas entrevistas que la actriz ha concedido durante la accidentada promoción de la cinta, Suárez contaba que hacía poco que el Goya que recibió por El perro del hortelano se había mudado de casa de su madre a su propia casa. Quizás, un gesto de su reconciliación con el cine.

¿Qué es ser una chica Almodóvar?

Julieta trae caras nuevas al ‘universo Almodóvar’. No sólo las de Ugarte y Suárez. Inma Cuesta y Michelle Jenner, dos actrices que empiezan a consolidarse como parte fundamental del audiovisual español, se suman a la lista del manchego. Y no sería la primera vez que sus secundarias se convierten en marca-Almodóvar. Y para muestra, la veterana del reparto: Rossy de Palma, una radiografía completa de la diferencia, la fuerza y el carácter que reivindica el cine del oscarizado director. Pero, ¿qué hay que tener para ser una chica Almodóvar?



Rossy de Palma lo tiene todo. Primero, el origen: Almodóvar la conoció cuando trabajaba como camarera en un pub de ambiente en la época de La Movida. La evidente belleza anti-modelos, perfecta expresión natural de la actitud contestataria del cineasta. Y el carácter, el de una diva de barrio. La actriz ha trabajado con Almodóvar en La ley del deseo, Mujeres al borde de un ataque de nervios, ¡Atame!, Kika, La flor de mi secreto, Los abrazos rotos y, ahora, Julieta.



La que probablemente pasará a la historia como la musa definitiva de Almodóvar es Carmen Maura. Protagonista del primer film del manchego, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, Maura estrenó el título de ‘chica Almodóvar’ y, a pesar de las conocidas desavenencias con el director (¿qué sería de la relación artista-musa sin ellas?), es de carácter vitalicio. Tras Entre tinieblas, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Matador, La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios, hubo un parón en este exitoso tándem, que intentó remontar con Volver. No hubo suerte –una y no más, debió de pensar ‘la’ Maura-, pero esta colaboración ha dejado una de las mejores películas del cineasta.



De cerca, Penélope Cruz se ha ganado a pulso entrar en el selecto club. No sólo por haber formado parte de un buen puñado de cintas del cineasta (Carne Trémula, Todo sobre mi madre, Volver, Los abrazos rotos y Los amantes pasajeros), sino por haber pujado para convertirse en una de las imágenes populares de lo ‘almodovariano’. Cruz ha contado en más de una ocasión que fue tras ver ¡Átame!, siendo una chica cualquiera de barrio en Madrid, cuando decidió que quería ser actriz (ni un guionista hubiera escrito una trama tan redonda). Además, el famoso “¡Pedro!” que gritó en por entonces teatro Kodak de Los Ángeles para anunciar el Oscar de Todo sobre mi madre ha ligado para siempre la historia de ambos.



Aunque no es la cantidad lo que define a las ‘chicas Almodóvar’. Victoria Abril, por ejemplo, ha colaborado en sólo tres ocasiones con el manchego (¡Átame!, Tacones lejanos, Kika), pero se ha convertido en una de las portadoras más dignas, por su carácter y su ‘glamour chabacano’, del prestigioso ‘apellido’.



Y si no, que se lo digan a Antonia San Juan. Una única película con el realizador, pero La Agrado de Todo sobre mi madre con la que la actriz se hizo famosa la ha hecho más ‘chica Almodóvar’ que ninguna.

Marisa Paredes, Verónica Forqué, Kiti Mánver o Bibiana Fernández se suman a la lista, que es obligado cerrar con la inolvidable Chus Lampreave, una de las pocas que colaboró con el manchego de forma regular durante toda su carrera (Entre tinieblas, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Matador, Mujeres al borde de un ataque de nervios, La flor de mi secreto, Hable con ella, Vover y Los abrazos rotos).

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