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Elecciones en Perú. Historia y futuro

Alejandro San Francisco
martes 12 de abril de 2016, 18:22h
Actualizado el: 04/12/2016 20:13h

Este domingo 10 de abril se realizaron las elecciones presidenciales y parlamentarias en Perú. Los comicios habían tenido algunos problemas -como la descalificación de algunos candidatos-, o un gran movimiento en las siempre veleidosas encuestas, pero sin duda lo más grave fue el atentado terrorista que tuvo lugar el día previo a la elección, donde resultaron muertas diez personas a manos de un grupo derivado del antiguo Sendero Luminoso, que llenó de sangre y muerte a Perú hace algunas décadas. Sin perjuicio de ello, los comicios se llevaron a cabo con ejemplaridad democrática y permiten la consolidación del régimen institucional del país.

Como suele ocurrir en estos casos, los análisis abordan los problemas más diversos. A nivel presidencial, en buena medida según a lo previsto en distintas encuestas, el primer lugar lo ocupó Keiko Fujimori, con cerca del 40% de los votos, seguido de Pedro Pablo Kuczynski, que superó el 21%. Ambos deberán enfrentarse en segunda vuelta el próximo 5 de junio, de acuerdo a lo establecido en la Constitución en caso de que nadie obtuviera la mayoría absoluta. La reacción de la Bolsa fue instantánea, con un alza que muestra confianza hacia ambos candidatos que, si bien diferentes, están alejados de los populismos y refundaciones que han aparecido en el continente, al alero del chavismo principalmente.

Es lo que representaba precisamente quien ocupó el tercer lugar, la candidata Verónika Mendoza, líder del Frente Amplio, una coalición de izquierda que remontó considerablemente en las últimas semanas, e incluso se pensaba que pasaría a la segunda vuelta. Eso despertaba esperanzas entre sus seguidores, y preocupación en muchos que veían en su liderazgo y programa el avance de las ideas de una izquierda bastante ideológica, con la posibilidad de regresión en el camino que ha seguido Perú en las últimas dos décadas, donde ha alcanzado un importante progreso económico. En cualquier caso, se trata de una figura joven, con gran futuro por delante y que obtuvo una no despreciable representación parlamentaria.

¿Qué sucederá en la segunda vuelta presidencial? El tema está abierto, sin duda alguna. Es evidente, por distintas razones, que Keiko Fujimori lleva la delantera en el proceso. En primer lugar, porque obtuvo una tremenda votación y prácticamente dobló a su más inmediato seguidor, PPK. Y en segundo lugar porque ha obtenido una gran victoria en la elección parlamentaria, que le permite aparecer como la carta más sólida para gobernar y llevar adelante su programa. Pero la elección no está decidida.

De hecho, Kuczynski también tiene cosas a su favor. Las encuestas que -antes de la elección- preguntaban sobre él y Fujimori para una eventual segunda vuelta se dividían en los resultados: CPI y GFK daban la victoria a Keiko sobre su contendor, mientras IPSOS daba por ganador a PPK, en todos los casos con resultados bastante estrechos. Un elemento que también debe considerarse para lo que viene es el factor anti-Fujimori. Si Keiko es popular y obtuvo una gran victoria, no debe olvidarse el valor que tiene el voto de rechazo contra ella, como ocurrió en la última elección en la que venció Ollanta Humala, quizá más por esta razón que por su propio apoyo. Con un dato adicional: Verónika Mendoza también generaba un gran rechazo, pero no ocurre eso con PPK.

Otro tema interesante se refiere al destino de dos líderes que incluso han sido presidentes de Perú, como son Alan García y Alejandro Toledo, en un tema recurrente en el continente y que ha sido relevante en esta elección. Se dice que García pensó renunciar durante la campaña y su partido se lo impidió. En el caso de Toledo su resultado es francamente mediocre y parece terminal. En cualquier caso todo indica que ninguno cuenta con la adhesión que ostentaron en algún momento y tal vez estos comicios hayan sido el comienzo del retiro, si no de la política, al menos de las aventuras presidenciales.

Hay un tema que no puede dejar de mencionarse, como es interpretar las elecciones de Perú en el contexto latinoamericano. En efecto, América Latina es un continente que ha mostrado en su historia múltiples oleadas políticas que oscilan entre la democracia y la dictadura. En cuanto a las preferencias, también hay procesos que convergen: hacia las democracias y economías libres en la última década del siglo XX, o la opción por tendencias chavistas o populistas en los primeros años del siglo XXI. ¿En qué situación nos encontramos hoy?

En el último año ha habido algunos comicios que muestran una tendencia a la baja de las corrientes de izquierda o populistas, así como un avance de las posturas de derecha, con resultados simbólicos en los distintos países. Quizá el más notable de todos fue la derrota del kirchnerismo en Argentina, con el gran triunfo de Mauricio Macri en noviembre de 2015. A esto debería sumarse la derrota de Nicolás Maduro en Venezuela en las elecciones parlamentarias de diciembre pasado, así como el fracaso de Evo Morales en su interés de perpetuarse en el poder en Bolivia. A ellos se suma ahora la derrota en Perú, que sigue la misma línea aunque no se haya definido todavía quién asumirá el gobierno en ese país. Por otra parte, resulta conocido el difícil escenario que enfrenta Dilma Rousseff en Brasil, con un resultado que se presenta abierto.

Finalmente queda un último aspecto por resolver. Es un hecho probable que en la segunda vuelta del 5 de junio triunfe Keiko Fujimori. Una vez más Mario Vargas Llosa ha puesto una nota de alerta, indicando que su victoria podría significar una reivindicación de la dictadura de Alberto Fujimori. No cabe duda que algo de eso hay, y que eso es precisamente lo que en parte justifica el resultado de la elección. Es decir, el fujimorismo es algo que existe y que tiene poder y respaldo popular. El desafío, sin embargo, no está ahí: la gran disyuntiva no es la vinculación de Keiko con la figura de su padre, sino la posibilidad real de que ella triunfe y gobierne un país democrático y de acuerdo a las reglas del Estado de Derecho.

Eso es, en buena medida, lo que le ocurrió a la antigua izquierda revolucionaria en algunos países, cuyas credenciales democráticas se ponían en duda, pero que lograron adaptarse y gobernar dentro de la constitución y las leyes, fortaleciendo el régimen que ha tenido una compleja vida en la región. El caso de Lula en Brasil es ilustrativo de ello, aunque hoy haya problemas de otro tipo. Es de esperar que de triunfar Keiko, muestre también la misma tendencia y convicción institucional, y la democracia peruana -que estuvo de fiesta el domingo- vea el camino de la consolidación y no un retroceso que sería lamentable.

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