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LA JUSTICIA DA LA RAZÓN BASÁNDOSE EN EL CONVENIO DE LA HAYA

Rocío y María, dos niñas españolas víctimas de "sustracción internacional de menores"

martes 19 de abril de 2016, 19:27h
Rocío y María, dos niñas españolas víctimas de 'sustracción internacional de menores'
Su padre, Antonio Martínez, denuncia en 'El Imparcial' la delicada situación, que se desencadenó hace más de ocho meses, cuando las menores viajaron en verano a Rumanía para pasar un mes de vacaciones.
"Sustracción internacional de menores". Es la sentencia del Juzgado de Primera Instancia número 3 de Murcia, en virtud del acuerdo del Convenio de La Haya, aplicable tanto en España como en Rumanía. Por eso, que Rocío y María, dos niñas españolas de 4 y 6 años, permanezcan en el segundo país desde hace ya más de ocho meses es "ilegal".

Todo empezó en el verano de 2015. Antonio Martínez nunca pudo imaginar que aquel 13 de agosto, cuando se despidió en el aeropuerto de Valencia de su pareja y sus dos hijas, iba a marcar un antes y un después en su vida. Para ellas, en teoría, empezaban sus vacaciones; para él, como comprobaría semanas después, "un auténtico calvario, una muerte en vida", cuenta a El Imparcial.

El viaje acabaría el 17 de septiembre. Todo iba bien hasta que la víspera, Antonio, deseoso de "volver a abrazarlas", envió a Rumanía un mensaje de WhatsApp, como había hecho durante todos los días anteriores. Pero la respuesta que recibió aquel 16 de septiembre le dejó en shock: la madre de las niñas le comunica que no van a volver a España, que las menores han sido matriculadas en un colegio de aquel país, que se olvide de ellas y que "son suyas porque las ha parido ella".

Unas dos horas después, el tiempo que tardó Antonio "en entender qué estaba ocurriendo", este padre "desesperado, amenazado" y que ya no sabe "qué más hacer", acudió a la comisaría para interponer una denuncia. Y la Justicia le ha dado la razón: varios fiscales y jueces, "incluso el juez Juan del Olmo, que ha abierto una causa separada", han declarado que "las niñas están allí sustraídas", por lo que piden el cumplimiento de los Convenios de La Haya sobre Protección del Niño y sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores.

El caso también ha llegado a la Audiencia Provincial, que concluye que "se habría producido presuntamente una sustracción de menores por parte de uno de los progenitores", al haberse llevado a cabo "sin el consentimiento o la autorización del otro". De hecho, recuerda que las niñas nacieron en la Región de Murcia, donde estaban empadronadas, escolarizadas y recibían asistencia médica. No solo eso; los billetes a Rumanía, que había comprado el propio Antonio, eran de ida y vuelta, lo que vendría a confirmar que el padre consintió el viaje "en la creencia de que era un periodo vacacional".


La enfermedad de Rocío agrava el caso

Ante la gravedad de los hechos, el caso está en manos del Ministerio de Justicia, la Embajada de España en Rumanía y el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, "que están haciendo todo lo posible", según Antonio, que no quiere "molestar a nadie, solo que se haga justicia": y la Justicia dice que "hay dos niñas que no están en España, que es su país. Es decir, hay dos niñas españolas que han sido robadas", expone el padre.

La historia es aún más grave si, además del delito, tenemos en cuenta que "Rocío está enferma: tiene una diabetes muy grave, una glucemia muy severa, y si no estás al loro de sus niveles de azúcar, se te puede quedar muerta en cualquier momento", narra Antonio. A este respecto, la cónsul de España en Bucarest ha obligado a la madre, además de que las niñas hablen cada dos días con su padre, a enviar los resultados de las cuatro mediciones diarias al progenitor: "Mi niña lleva casi tres meses con picos de 300 a diario. Eso es gravísimo. Esta situación está mermando la vida de la cría", clama Antonio, incapaz de contener las lágrimas al otro lado del teléfono.

"Está en un clima que perjudica su salud. Por suerte, nació en una tierra, Murcia, que es favorable para su enfermedad. Pero allí, con temperaturas de -20ºC en invierno... Está desde hace meses en un terreno inhóspito para ella: el cuerpo tiene que segregar más azúcar para luchar con semejante frío", afirma Antonio. Además, "Rocío necesita ciertos alimentos propios de la dieta mediterránea, como aceite de oliva o frutas y verduras, que aquí comemos a diario, pero que en Rumanía son artículos de lujo".



Hasta donde Antonio sabe, la enfermedad de la pequeña se refleja en su boca: "La tiene destrozada. Tenía cita con el dentista para septiembre, y a día de hoy aún no se la han arreglado". Por no saber, Antonio ni siquiera sabe si la niña está recibiendo su tratamiento diario, y, en caso de que así fuera, "qué le están dando; hay que tener muchísimo cuidado, no le sirve cualquier cosa. Cuando estaba aquí, teníamos que ir a revisiones cada dos meses...", relata.

"El Estado español tiene el derecho y el deber de proteger a sus ciudadanos, de recuperar a esas niñas, que son españolas", insiste Antonio, que explica que la Justicia también tiene en cuenta que "hay que estudiar cómo traerlas de regreso para no causarles ningún daño ni perjuicio. Y estoy de acuerdo con eso, como no podía ser de otra manera".

"La Justicia me da la razón: mis hijas están sustraídas. España, a través del Gobierno, debe decir a Rumanía que tiene que cumplir las sentencias judiciales", explica Antonio, que cuenta, indignado, que "toda la documentación que sale de aquí hacia allí tiene que ir con la traducción literal jurada. Cuando ellos responden, lo hacen en rumano. Y la primera vez, además, tardaron más de cuatro meses en hacerlo".


"Más de ocho meses de horror"

Ante la pregunta de si el plan estaba premeditado, aunque nada hacía imaginar semejante capítulo, Antonio, ahora, tiene la respuesta: "Cuando todo esto explota, [la madre] me dice que escolarizó a las niñas en Rumanía en julio". Y eso lleva a este hombre a hablar de "premeditación y alevosía, además de cobardía".

Ahora Antonio, a quien están "matando poco a poco", se aferra a una idea para poder seguir su lucha: que las pequeñas regresen cuanto antes, en virtud de las sentencias judiciales. Pero, a miles de kilómetros de distancia, también tiene un temor: "En cuanto mis hijas vuelvan, solicitaré que un psicólogo haga una evaluación de las niñas. Si alguien las está maltratando, que el peso de la Justicia recaiga sobre quien tenga que caer. Y ojalá me equivoque...".

"Los niños tienen derecho a tener un padre. Yo quiero que mis hijas quieran a su madre. Te digo más: que vuelvan a España. Me conformo con estar con ellas aunque sea dos días a la semana. Que vivan con su madre, pero que vuelvan; no puedo tenerlas a 4.000 kilómetros... No busco sentar a nadie en el banquillo ni que nadie vaya a prisión. Pero que un juzgado español, teniendo en cuenta la nacionalidad de mis hijas, decida con quién tienen que estar las niñas", es la súplica de este hombre que jamás imaginó lo que sucedería a raíz de aquel viaje estival.

A pesar de todo, este murciano, que deja constancia de que "la Justicia es lenta", está seguro de que "la verdad saldrá y ningún país dará cobijo a alguien así". Después de "ocho meses y seis días de horror, de locura, de auténtico calvario, solo quiero mirar a la cara a mis hijas y ver que están bien", concluye Antonio, que se despide de El Imparcial recordando que Rocío y María "ahora, además, están retenidas".
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