El proyecto de la Expo de Zaragoza nació en el año 2000 de la mano del Gobierno de Aznar, que apostó por la ciudad del Ebro y presentó a Zaragoza como candidata. Un año más tarde, se eligió el agua como tema de la candidatura. En 2002, el Ayuntamiento de Zaragoza escogió el Meandro de Ranillas, junto al Ebro, como escenario para el gran acontecimiento.
En diciembre de 2004, la asamblea de la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE) dio luz verde para que Zaragoza fuese la sede de la Expo 2008 dejando atrás a Trieste (Italia) y Salónica (Grecia). Un año después, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, fue la encargada de colocar la primera piedra del inicio de las obras.
Pero no es oro todo lo que reluce. El camino de la Expo ha tenido que atravesar algunos baches. Hace unos meses, una crecida del Ebro afectó a las obras y obligó a la paralización de los trabajos en algunas zonas. Paradojas de la vida, el agua, protagonista del evento, produjo grandes complicaciones para su desarrollo.
Todo a puntoA pesar de los obstáculos, todo está listo, pero para ello han hecho falta 700 millones de euros y más de siete millones de horas de trabajo a pie de obra.
A los 700 millones se pueden sumar otras inversiones, 1.550 millones de euros para un Plan de Acompañamiento y el granito de arena de 120 millones de los socios, patrocinadores y medios de comunicación.
Las obras de la Expo han sido muy rigurosas, se ha llevado a cabo un plan de prevención que fue pactado por los sindicatos para contar con la mayor seguridad posible para las más de 5.000 personas acreditadas para trabajar en las obras.
Muchas horas de trabajo, mucho personal y una gran inversión para conseguir un recinto que cuenta con 25 hectáreas de superficie, cuatro niveles de altura y capacidad para acoger de manera simultánea a 68.000 personas. Además, la Expo tiene 60.000 metros cuadrados para habilitar los pabellones expositivos para los 105 países que participan en la muestra.

En el recinto se ha cuidado hasta el último detalle, no falta de nada, 1.000 árboles, 420 bancos, 602 papeleras, 24 escaleras mecánicas y 6 rampas. Zaragoza ha hecho una gran apuesta y ha llevado a cabo un proyecto por todo lo alto.
Un papel protagonista lo han tenido los más de 50.000 voluntarios que se han inscrito al programa.
La Expo es un gran espectáculoTambién las más de 5.000 obras de teatro, danza, música y performance en 13 escenarios diferentes que hacen un guiño a todos los estilos (música pop, rock, clásica…) forman parte del espectáculo de la Exposición Internacional de Zaragoza. Además, más de 32.000 personas participarán en la Tribuna del Agua, un foro de debate y reflexión en el que estarán entre otros, personalidades de la talla de Gorbachov y Mayor Oreja.
La ciudad maña contará con artistas como Alanis Morissette, Andrés Calamaro, Juan Luis Guerra, Bob Dylan o Enrique Bunbury, que ofrecerán conciertos multitudinarios.
Los objetivos de la ExpoPor otra parte, la Expo de Zaragoza permitirá conocer las grandes y profundas diferencias sociales y económicas que producen una brecha entre los 105 países que participan. De la misma manera, se ayudará a reconocer las fronteras que impiden el desarrollo de los habitantes de las regiones más pobres.
Bajo el lema “Agua y desarrollo sostenible”, países de los cinco continentes han instalado en la capital aragonesa un espacio propio para mostrar la relación que existe entre sus ciudadanos y uno de los recursos claves en la vida, el agua.
Alemania, China, Argelia, Grecia, Guatemala, Uruguay, Polonia y Etiopía, compartirán estrategias y soluciones globales sobre la gestión del agua. La presencia de todos los países es importante, pero la de los países del África Subsahariana es clave ya que, de acuerdo a lo declarado por el Gobierno español, “no se puede hablar de los problemas del agua del mundo sin tener a África en la Expo”.
La Expo de Zaragoza no pretende ser alarmista sino lanzar un mensaje al mundo: que el medio ambiente necesita que dejemos de hacer las cosas mal y que pongamos en marcha “medidas de mitigación”.
El pabellón español, obra del arquitecto navarro Patxi Mangado, hace gala del lema de la muestra tanto por su arquitectura, comprometida con el medio ambiente, por el empleo de materiales reutilizables, como por su estética, que sugiere un bosque con centenares de árboles.
El Ebro cobra protagonismoSin embargo, es el Ebro el que se ha convertido, gracias a la Expo, en la “calla Mayor” de Zaragoza. Y no sólo ha salido beneficiado el Ebro, la propia ciudad cuenta con 18 nuevos puentes, pasarelas sobre los cuatro cauces, nuevos accesos de carreteras, la primera línea ferroviaria y una nueva terminal aérea.
Curiosidades del eventoAtrás quedó “Curro” para dar paso a “Fluvi”, la mascota de la Expo de Zaragoza, que estará presente de 10:00 de la mañana a 03:00 de la madrugada durante los 93 días que durará el evento.
En cuanto a los edificios, cabe destacar la Torre del Agua, de 78 metros de altura que es el edificio más alto de la muestra, y el acuario fluvial que dispone del tanque central de agua dulce más grande del mundo, con tres millones de litros.
Para todos aquellos que quieran acercarse hasta la ciudad maña para visitar la Expo, la entrada de un día cuesta 35 euros para los adultos y 21 euros para niños. Se puede acceder por tierra, por río (gracias a varias barcazas de transporte fluvial que conectan dos embarcaderos del centro de la ciudad con el de la Expo) y por aire (a través de una telecabina de 1.300 metros que transportará a 2.500 pasajeros a la hora).
Entre los voluntarios que trabajan en la Expo, está Guillermo Herrera, un anciano de 104 años que ha puesto todo su empeño para que la Expo de Zaragoza no pase desapercibida y haga historia.