Tenemos ante nosotros un libro admirable que sintetiza en 500 páginas historia, economía, política y demografía de Cataluña y España. En este punto radica el primer acierto de los autores -Gabriel Tortella, José Luis García Ruiz, Clara Eugenia Núñez y Gloria Quiroga-: tratan a Cataluña y a España como las dos caras de una misma moneda, no como entidades separadas o enfrentadas. A partir de ahí, quien busque argumentos para desenmascarar los mantras que el nacionalismo catalán viene difundiendo sin descanso, hallará material de un valor incalculable.
A través de un recorrido histórico y siguiendo un orden cronológico, demuestran que Cataluña no ha sido nunca una nación, como anhela el secesionismo. Tampoco ha sido maltratada ni política, ni cultural, ni comercialmente. Como ejemplo de esta afirmación, aluden a las leyes comerciales proteccionistas (el arancel Cambó, por ejemplo, aunque no solo) con las que el gobierno central estimuló la economía e industria catalanas en detrimento, dicho sea de paso, del resto de españoles pues se vieron obligados a pagar un precio superior por productos de peor calidad. En palabras del aludido Cambó, que combinan dosis de cinismo con un cierto complejo de superioridad: “Los catalanes hemos sido siempre muy hábiles a la hora de manejar los aranceles y saber defender nuestros intereses. A veces, incluso, las defensas han sido exageradas y, por tanto, perjudiciales e injustas. La superioridad de los catalanes sobre los políticos españoles, e incluso sobre los funcionarios, era tan grande que, en la lucha arancelaria, la victoria de los primeros era casi siempre segura”(pág. 142).
El rigor científico permea cada uno de los capítulos de la obra pero junto a ello resulta aún más sobresaliente la deliberada incorrección política de los autores. Así, no hallamos la manida excusa (a la que recurren incluso quienes no son nacionalistas catalanes) de “Madrid” (o más en particular, el PP) como generador de independentistas. Para los autores, la razón es bien distinta y si en Cataluña se ha producido un aumento de los partidarios de la ruptura, ello se ha debido a una causa y a un actor principal: Jordi Pujol y sus sucesivos gobiernos.
No obstante, reconocen que también han existido meritorios actores de reparto. Por un lado, el socialismo catalán (cuya estrategia para derrotar a CiU en las urnas se basó en calcar buena parte del credo, victimismo incluido, convergente). Por otro lado, los gobiernos centrales, que permitieron que la Cataluña nacionalista vulnerase la legalidad constitucional, dejando en el desamparo a un buen número de ciudadanos.
¿Son los autores unos “españolistas rancios” que rechazan la pluralidad o la diversidad? Nada de eso. Cuando acusan, lo hacen con pruebas. Al respecto, el lector hallará análisis rigurosos del empleo que de la educación, la lengua y la prensa hicieron las administraciones pujolistas para moldear a la sociedad catalana. Consecuencia de esta estrategia, ahora nos encontramos con una generación de catalanes que se refieren a España como una entidad que oprime a Cataluña.
Finalmente, hay datos absolutamente demoledores que jamás encontraremos en el relato nacionalista, más cercano a la mística que a la realidad. En este punto, algunos son relativamente actuales y aluden al (supuesto) antepenúltimo agravio realizado por España a Cataluña con motivo de la sentencia del Estatut (2010). Los autores subrayan que sólo fue votado por el 37%, todo lo contrario a los elevados índices de aprobación que registró la Constitución de 1978 en Cataluña. Junto a ello, otro aún más contundente es el que hace referencia al Parlamento surgido de las elecciones del 27 de septiembre de 2015, comicios de los que se derivó que el independentismo estaba lejos de ser la opción mayoritaria.
En definitiva, “la paradoja absurda es que hoy, alcanzada la madurez social y económica, contemplemos con indiferencia cómo se intenta derrocar piedra a piedra un edificio tan trabajosamente construido durante dos siglos. Cuando España era débil y atrasada, y derrotada por un enemigo infinitamente superior, transitó casi milagrosamente de la desintegración a la unidad. Hoy, en cambio, próspera y en paz, parece abocada a recorrer el camino inverso, de la unidad a la fragmentación” (pág. 113).