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Y QUE PAGUE EL CONTRIBUYENTE

miércoles 27 de abril de 2016, 11:58h
Cuatro meses perdidos y que los contribuyentes paguen los 200 millones de euros...
Cuatro meses perdidos y que los contribuyentes paguen los 200 millones de euros que, en cifras reales, van a costar las nuevas elecciones. La ciudadanía está asqueada del espectáculo de circo que ha contemplado tras las elecciones del 20-D. Salvo algún caso aislado, todo han sido piruetas, cabriolas, personalismos estériles, intereses partidistas, pérdidas de tiempo. Todo menos eficacia y atención al bien común, al interés general.

Asistiremos ahora no a una campaña de quince días sino de dos meses, en la que los políticos asediarán a los ciudadanos desde las emisoras de radio y los canales de televisión. Hasta el hastío. El Rey Felipe VI ha ejercido las funciones que la Constitución le exige con eficacia y prudencia. En lugar de facilitar la última pirueta que le pedían, ha comunicado al presidente del Congreso de los Diputados que ninguno de los partidos tiene capacidad para obtener más síes que noes en la sesión de investidura.

Salvo una finta de última hora, al pueblo español le toca dedicar el último domingo de junio a acudir a las urnas, tras pagar, euro sobre euro, los 200 millones que va a costar la incapacidad de los políticos para llegar a un acuerdo tras las elecciones del 20 de diciembre. Entre los diez grandes problemas que agobian a los españoles figura en tercer lugar la clase política. Los partidos, que deberían ser la solución a los males de España, se han convertido en un problema que a todos acosa. No se puede ni se debe prescindir de los partidos políticos. Está claro, sin embargo, que es necesario regenerarlos y democratizarlos. Y que acepten una ley que imponga sencillamente: “Ningún partido político, ningún sindicato, podrá gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados”. La regeneración y la austeridad empiezan por esa ley.