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ENSAYO

Octavio Ruiz-Manjón: Algunos hombres buenos

domingo 01 de mayo de 2016, 17:33h
Octavio Ruiz-Manjón: Algunos hombres buenos

Espasa. Barcelona, 2016. 250 páginas, 19,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Jordi Canal

“Esta guerra no acabará en paz. Entre marxistas y fascistas, entre los hunos y los hotros, van a dejar a España inválida de espíritu”, le escribía Miguel de Unamuno a Quintín de Torres, mientras agonizaba en su tan querida Salamanca -como acertadamente titulara, en un libro, Luciano G. Egido-, el primer día de diciembre de 1936. Unos renglones más arriba, apuntaba, en la misma línea: “En este sentido y con lo que sufro al ver este suicidio moral de España, esta locura colectiva, esta epidemia frenopática -con su triste base, en gran parte, de cierta enfermedad corporal- figúrese cómo estaré. Entre los unos y los otros -o mejor, loshunos y los hotros- están ensangrentando, desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo a España”.

Algunas de las anotaciones que garrapateó con lápiz -la armazón, quizá, de un futuro libro que nunca fue- en aquellos días aciagos se editaron póstumamente, muchas décadas después, en un volumen titulado El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la guerra civil españolas (1991). “Entre los hunos y los hotros están descuartizando a España”, apuntó en una de las hojas. En otra puede leerse la proposición siguiente, que recuerda inevitablemente su enfrentamiento, en sede académica, con el general Millán Astray: “Vencer no es convencer; conquistar no es convertir”. Y, entre otras muchas muestras a mano, una sentencia llama la atención: “En casi todos se enciende el odio, en casi nadie la compasión.” Inmejorable manera de hacer referencia, al fin y al cabo, a las actitudes dominantes en una contienda que el propio intelectual español calificó como guerra incivil.

“En casi todos se enciende el odio, en casi nadie la compasión”: esta frase es, precisamente, una de las que encabezan el último libro del historiador Octavio Ruiz-Manjón, Algunos hombres buenos. Historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil. La figura de Miguel de Unamuno se corresponde plenamente con la categoría de estos “hombres buenos” -o cabales, o dignos- que protagonizan la obra. Estamos ante personas más o menos corrientemente corrientes que, manteniendo sus propias y particulares lealtades, supieron distinguir entre lo que estaba bien y lo que estaba mal, entre lo justo y lo injusto, entre lo digno y lo indigno, entre convicciones políticas y la necesidad de evitar crímenes injustos. Estuvieron más en el lado de los héroes ordinarios que en el de los canallas, armados de recursos morales para evitar la ilimitada violencia desplegada. En medio de tanta miseria moral, como escribiera Julián Marías, estos “conservaron la cordura, el sentido moral, la capacidad de juicio”.

Además de Unamuno y al margen de unos pocos capítulos dedicados a ciertos grupos -los militares, los políticos o las mujeres, siempre tan invisibles, en la sombra con harta frecuencia, aunque el autor consiga rescatar a la carmelita madre Asunción, a Maria Antònia Salvà, a Encarnación Ortega, a Matilde Huici o a la novelista Concha Espina-, Ruiz-Manjón concentra su perspicaz mirada en un total de trece personajes. Todos ellos vivieron la guerra de principio a fin, lo que ha dejado fuera, con la excepción del intelectual salmantino, a aquellos que se exiliaron o perdieron la vida tempranamente. El autor nos transmite una lista abierta, consciente de que hubo muchos más, aunque los estudiosos no los hayan tenido suficientemente en cuenta. Pero un día van a ser también conocidos. Entre los individuos considerados encontramos al coronel Antonio Escobar, católico y leal a las instituciones republicanas; al político socialista Julián Besteiro; al anarquista Melchor Rodríguez, que hizo ingentes esfuerzos para dar seguridad a los detenidos en las cárceles, en unos momentos en los que la arbitrariedad y la loca violencia campaban a sus anchas; al valenciano Juan Peset, rector y diputado a Cortes; y, asimismo, a Manuel de Irujo, estellés, católico y nacionalista vasco, diputado y ministro, que tras el sangriento verano de 1936, escribió: “Cada atentado contra la vida ajena es más pernicioso que una derrota: más se pierde con un crimen que con una batalla”.

Reciben también detallada atención Julián Marías, citado más arriba, desolado y abrumado por “la impresión de estar rodeado de asesinos -unos de hecho y otros de afición-”, como afirmara en sus memorias; Mercedes Sanz-Bachiller, viuda de Onésimo Redondo e impulsora del Auxilio Social; el dirigente de la Derecha Regional Valenciana, Luis Lucia Lucia, que arrostrara las prisiones de ambos campos en liza; el obispo Marcelino Olaechea; Manuel de Falla y sus demandas de clemencia a las autoridades sublevadas, fruto de unas profundas convicciones cristianas y un insoportable dolor moral; el salmantino Ramón Rubio, farmacéutico y republicano; el anarquista Ricardo Amor Nuño Pérez; y, por último, Antonio Machado, que, a fines de 1938, seguía resistiendo al imparable avance del odio al adversario, cuando aseguraba que los franquistas, “con todos sus yerros, con todos sus pecados, eran españoles; y el lazo fraterno, hondamente fraterno de la patria común, no podía romperse ni con la más enconada guerra civil”. Unos y otros -que no hotros y hunos-, personas cabales todos, desfilan henchidos por las páginas de Algunos hombres buenos.

Octavio Ruiz-Manjón ha escrito un ensayo atípico en el nutridísimo conjunto de obras generadas, ya desde el mismo momento de los acontecimientos, por la Guerra Civil española. Y, más si cabe, teniendo en cuenta el retorno en los últimos tiempos de las tendencias guerracivilistas de una parte de la historiografía, con una agudización del militantismo y la pérdida del rigor en aras de un uso miserablemente utilitarista de la historia como arma de combate, en unas actitudes que en algún momento creímos, pecando de optimismo, periclitadas.

El autor no insiste en las cansinas batallas de números ni en la descripción de los enfrentamientos violentos y las actitudes indignas y extraordinarias. Nos habla de hombres y mujeres de carne y hueso, no ahogados por estructuras o por campos invariablemente enfrentados de principio a fin, que vivieron en un momento excepcionalmente crítico sin abandonar unas mínimas exigencias de humanidad y justicia. En ellos sí se encendió, a fin de cuentas, la compasión. Algunos hombres buenos es una obra ejemplar, altamente recomendable.

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