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TOROS

Sopor en Las Ventas e impactante debut de Lorenzo en Sevilla

lunes 02 de mayo de 2016, 08:39h
Seis silencios y aburrimiento a raudales fue el paupérrimo balance de la novillada celebrada hoy en Las Ventas, en la que fallaron tanto ganado como anunciantes, a excepción de Miguel Ángel Silva, que cayó herido después de realizar lo único potable de tan gris espectáculo. En Sevilla, el novillero Álvaro Lorenzo impactó en su presentación en La Maestranza, lo que le valió para cortar una oreja de peso, en una tarde en la que también gustaron Ginés Marín, que dio una vuelta al ruedo, y Pablo Aguado, que fue ovacionado.
Álvaro Lorenzo (Twitter)
Álvaro Lorenzo (Twitter)

FICHA DEL FESTEJO

Novillos del Conde de Mayalde, aceptablemente presentados, nobles pero mansurrones, sin "transmisión" alguna, muy venidos a menos y, algunos, justos también de fuerzas, de muy poco juego en conjunto.

Miguel Ángel Silva: tres pinchazos y casi entera caída (silencio tras dos avisos en el único que mató);

Clemente: pinchazo y estocada baja (silencio); estocada caída y atravesada, y cinco descabellos (silencio); y estocada (silencio en el que mató por Silva).

Álvaro García: dos pinchazos, media tendida y atravesada, y siete descabellos (silencio tras dos avisos); y dos pinchazos y estocada desprendida (silencio).

En la enfermería fue intervenido Miguel Ángel Silva de: "herida en la región dorsal del primer dedo de la mano derecha con sección completa del tendón extensor; y otra herida incisa en el segundo dedo de la misma mano. Pronóstico menos grave".

La plaza registró casi un tercio de entrada en tarde primaveral.

Una tarde para olvidar lo antes posible. Qué sopor, qué monotonía, qué espectáculo más insulso y aburrido. Qué petardo. La gente se dormía en los tendidos según se arrastraban los novillos del Conde de Mayalde, completamente vacíos por dentro, sin un ápice de casta para lograr la más mínima emoción.

Falló el ganado, sí, pero tampoco los novilleros estuvieron a la altura de lo que se requiere para anunciarse en Madrid; aunque aquí habría que excluir a Miguel Ángel Silva, que quedó fuera de combate al entrar a matar al "parte plaza", con el que, además, hizo lo más destacado, aún sin llegar tampoco a nada del otro mundo.

Fue éste primer novillo de la tarde un animal manso, que amagó con saltar nada más hacerse presente en el ruedo, saliendo rebotado de caballo a caballo, sino salía huyendo nada más sentir el hierro. Silva dejó un ramillete de bonitas verónicas en el recibo y, muleta en mano, diseñó una labor en la que se le vio asentado pero sin llegar a calentar lo suficiente por la escasa aportación del animal, que fue muy noble por el derecho, pero muy venido a menos desde el primer muletazo. También el viento molestó lo suyo. Al entrar a matar el extremeño se hizo un corte en la mano derecha, que lo mandó directo al quirófano, dejando el festejo en un improvisado mano a mano.

Clemente sorteó en primer lugar un novillo noble, muy noble, pero de escasas fuerzas y menos fondo. El joven espada de Burdeos quedó inédito, ora por su flemáticas e insulsas formas, ora también por la nula transmisión del utrero. Ambos hicieron que el tendido quedara sumido en un eterno bostezo. El cuarto se movió al paso, sin terminar pasar ni de decir nada. Menos aún dijo Clemente, nuevamente tan frío como mecánico, incapaz de poner algo de chispa a una faena que transcurrió entre la más absoluta indiferencia. Y lo único reseñable del amago de faena al blando y descastado sexto, que lidió Clemente en lugar de su compañero herido, fue la estocada final, ya que lo que aconteció anteriormente volvió a ser de lo más tedioso.

Álvaro García se presentó en Madrid con un novillo rebrincado y a la defensiva, de corto recorrido y echando la cara arriba. Voluntad y poco más del de San Sebastián de los Reyes, muy verde a pesar de intentarlo por uno y otro lado, evidentemente sin sacar nada en claro. Con la espada pasó un quinario, tanto que a punto estuvo de que echaran el novillo al corral. El quinto fue un mulo con cuernos, al que fue imposible pegarle ni un solo muletazo. García volvió a estrellarse de bruces, atascándose nuevamente con la tizona.



FICHA DEL FESTEJO

Novillos de El Parralejo, correctamente presentados. El primero, que desconcertó al comienzo de la lidia, tuvo un potable pitón derecho; de más a menos el segundo, que galopó en los primeros tercios; acobardado el tercero; remiso, noble y rajado el cuarto; un manso de carreta el quinto; e informal y mirón el sexto.

Álvaro Lorenzo, oreja y ovación tras aviso.

Ginés Marín, vuelta al ruedo y palmas tras aviso.

Pablo Aguado, silencio y ovación.

La plaza registró más de media entrada en tarde primaveral en la que molestó el viento.

Sevilla

La primera novillada de abono celebrada esta tarde en la plaza de la Maestranza había despertado una gran expectación que no se vio defraudada por la aptitud y la actitud de los tres novilleros anunciados y las distintas teclas que tuvo que tocar, en negativo y positivo, el encierro de El Parralejo.

Álvaro Lorenzo, que se presentaba en Sevilla, se hizo con la incierta embestida del primero de la tarde. El novillo, que había hecho algunos extraños en los primeros tercios, llegó a alcanzar al subalterno Candela pero el novillero toledano le cogió las vueltas y exprimió el mejor lado del astado: el derecho. La espada terminó de rubricar el merecido trofeo.

Pero Lorenzo volvió a asombrar por la calidad de su concepto con un cuarto remiso y progresivamente rajado al que toreó con excelente trazo y pulso, especialmente sobre la mano izquierda y en el excepcional recibo capotero. La espada frustró la concesión de un nuevo trofeo pero la impresión fue inmejorable.

Ginés Marín mostró su calidad manejando capote y muleta con un novillo, el segundo, que tuvo mejor principio que final al que acortó los terrenos al final de su faena. Con el quinto, un manso de carreta que huía de su sombra, no tuvo ninguna opción y alargó su labor sin demasiados argumentos.

El sevillano Pablo Aguado se encontró en primer lugar con un novillo acobardado que imposibilitó cualquier lucimiento más allá de algún natural aislado en el que pudo mostrar su sentido de la expresión. Tuvo que esperar al sexto, al que recibió con cinco faroles de rodillas en los medios. Tardo, mirón e informal, el utrero frustró la entrega del novillero.
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