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Ultraderecha y crisis migratoria

lunes 02 de mayo de 2016, 09:50h
No es una sorpresa. De un tiempo a esta parte ya viene sucediendo. Pero cada vez resulta más preocupante el avance de los partidos de extrema derecha en Europa. En Francia, el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen continúa imparable y ya no se ve como algo de mera política-ficción que pueda llegar incluso al Eliseo, pues, según las encuestas, un mayor número de franceses considera al FN “capaz de gobernar”. Y en países como Austria, Polonia u Holanda se contempla también un auge ultraderechista. Un ejemplo palmario de ese avance se ha comprobado este fin de semana en Alemania con la celebración en Stuttgart del Congreso de Alternativa para Alemania (AfD), para elaborar el programa con el que se presentará a las elecciones generales del año próximo.

Mientras, en la calle se desarrollaba una batalla campal entre la Policía y militantes de ultraizquierda que protestaban violentamente por el congreso e intentaban boicotearlo, al grito de “¡Fuera los nazis!” y “¡Dentro los refugiados!”. Sin duda, el asunto de los refugiados es el que está encendiendo los ánimos en Europa, acompañado de noticias como el muy deficiente control de las autoridades belgas sobre el barrio de Molenbeek en Bruselas, epicentro del yihadismo en el propio corazón europeo. En el Congreso de AfD, que ya consiguió un espectacular resultado en las elecciones del pasado mes de marzo en tres länders, se ha planteado una posible alianza con el FN francés, y se ha puesto de relieve el apoyo con que cuenta el ala más radical del partido, que aboga por la prohibición total de construir mezquitas y declarar explícitamente al islam como enemigo de la Constitución.

La agresiva intolerancia de la ultraderecha resulta, naturalmente, condenable. Pero la mera condena no sirve para nada y mucho menos para detener su ascenso. Es una tragedia que miles y miles de personas se hayan visto obligadas al éxodo migratorio, y Europa, tierra de acogida y tolerancia, no puede darles la espalda. Pero eso no debe llevarnos a cerrar los ojos ante la realidad por ser políticamente correctos. La crisis migratoria se ha gestionado mal y, sobre todo, se ha pecado de manifiesta imprevisión, lo que ha arrastrado a “soluciones” improvisadas e ineficaces, que han añadido problemas al problema de los inmigrantes, ya de por sí harto complejo. La cruenta guerra en Siria no es de un año ni de dos. Era muy previsible que miles de personas se marcharan a la desesperada de su país. Mientras que no se pongan en marcha medidas solidarias, pero realistas, frente a la crisis migratoria, la ultraderecha seguirá creciendo.
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