No han sido cuatro pueblos –como ha dicho hoy el ministro de Asuntos Exteriores en funciones José Manuel García-Margallo–, sino 8.166 municipios –todos– los que “se han pasado” y han (hemos) sufrido la furia austericida del Ejecutivo, el anschluss que ha exterminado la clase media en España, que ha “perdido” tres millones y medio de españoles desde 2004, y ha pasado automáticamente del 59% a bajar un peldaño y a engrosar el estrato más bajo, según el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Sube la desigualdad en nuestro país de 32,2 a 35,4%, según el índice Gini.
Esos cuatro pueblos que el ministro –en funciones– llama “la gallina de los huevos de oro” han padecido los ripios desmayantes de la Troika, ese triunvirato de nuestro desconsuelo (CE, BCE y FMI), las recalcitrantes tijeras para el ciudadano y los dosificadores de las inyecciones de billones a la banca. Con más obstinación e intereses financieros que sentido de Estado, el ministro –en funciones– Luis de Guindos, que fue consejero de Lehman Brothers para Europa y directivo de PwC, se equivocó de sí mismo entre lo público y lo privado y nos atornilló a los españoles hasta que hizo saltar la banca de la clase media por los aires con sus pocos ahorrillos: hoy mismo le ha respondido a García-Margallo que “en España el déficit se ha reducido”. Claro. A la fuerza ahorcan, ministro.
El mantenedor de esta locura, el español medio, que anda como aquella por rastrojo, lleva una vida mal avenida con Hacienda, pero vota en su mayoría –contra lujuria y pro castidad– a la gaviota azul y sanseacabó. Los chicos de clase media-alta, esa aristocracia inferior que se cree aristocracia vestida de Armani, los jóvenes elegidos para conducir los destinos de la patria son de Rajoy para abajo: el viejoven Martínez-Maillo, el niño chico Casado –la joven promesa que ha cuajado joven en la derecha joven y “modelna”–, los Moragas y los Marotos –los menos pepés del PP, si tal cosa es posible–, los sorayos, las niñas Levy high-high que tontean con los (supuestamente) progres de El País y con ese apellido tan de antropología, de vaqueros holgados de marca y ya tan rotos. Total que el PP ha compuesto un extraño triángulo sentimental con el pueblo: este, el Ejecutivo y la jodienda. De manera que cuanto peor, más escaños, como se comprobará el próximo 26-J, que nos suena a 26 jajás o 26 jojós, pues que en España a Mariano ya no lo queremos cambiar por nada. El Kempis austericida nos ha podido siempre, contra la pasión gastona, la francachela, la vida y las altas temperaturas de la bohemia. Es este un extraño idilio que está en toda nuestra esencia, el de los ricos corporativos, que son conservadores mitocondrialmente hablando, y se dedican al blanqueo de capitales.
El PP, que es partido corrupto en Madrid y en Valencia, de mucha podre, es contradictio in terminis, ordenado con eso de la honrilla y casto marital, y ganará de nuevo porque España es feudo de la derechona, para qué le vamos a dar más vueltas; y no es que el PP vaya a conquistar el poder, sino que no lo ha dejado nunca desde los reyes godos, Ataúlfo, Siderico y Wamba, que tiene nombre de bollo cremoso y artesano, relleno de nata, como los que nuestra madre bendita nos traía los domingos a casa para desayunar. El PP, decíamos, es un partido de caja “B”, con “B” de Bárcenas y “Sé fuerte, Luis”, con su ola y ahogo de puritanismo y anti-papa Francisco –que les cae muy mal porque es jesuita progre–; un partido –en general– que necesita jóvenes líderes de vida ordenada, esposa medio guapa que sea novia desde el bachillerato y matrimonio feliz. Pero no nos equivoquemos, van a ganar no por méritos propios, sino por deméritos de la progresía, peleona solo a la hora de confeccionar listas y ver quién sale en la foto y quién dice qué, con sus “errejonistas” y “garzonistas”, su “pablismo” –que es un estalinismo de Complu– y su “antillamazarismo”, que es su talón de Aquiles y donde ellos no quieren ni mirar, a don Gaspar, que se pasa el día en Twitter diciendo verdades como puños, como Juan Antonio Pérez Tapias, que es lo mejorcito que se ve entre tanto cilicio posconciliar.
Todos permanecen en el quietismo del sillón. Salvo Pedro “Ps” Sánchez, que después de ver el horrendo vídeo de la campaña “España en serio” dice que va a denunciar al presidente –en funciones– ante la Junta Electoral Central por la utilización de medios públicos para fines partidistas y electoralistas, al haberlo grabado en la sede del Gobierno. “Ps” empieza a ponerse nervioso y le busca a Mariano los siete pecados capitales: monclovita es, pues dónde va a grabar el vídeo más que en su casa. Ahora que se acaba de saber que el Gobierno de Camps adjudicó 30 millones en contratos a cambio del 3% en mordidas para la financiación ilegal del partido y que en el PP no se han definido aún, “Ps” podría tener una reacción rápida, un atisbo de brillantez fugaz. Pero no, entre trajes anda la cosa, los que al uno le regalaba el Bigotes por valor de 13.000 euros y los que el otro se pone en campaña para no decir más que tonterías dándole al manubrio de Twitter, de “Good Night” en adelante.
En España no importan los errores, lo que importa es el conformismo del gentío votante y palafrenero, el populismo bien administrado, pues le hemos encontrado la postura a la coyunda marital con don Mariano, arregostados con la derechona, fritos a impuestos hasta nuestra propia extinción de las listas del índice Gini y del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. La clase media en pocos años pasará a formar parte, vía de la taxidermia, de las vitrinas del Museo Nacional de Antropología: pero incluso así les seguiremos votando. Aquí ya no hacemos la revolución: a John Reed y sus Diez días que estremecieron al mundo ya lo venden a 50 céntimos en la Cuesta de Moyano. Y así nos va. Ahora que los Alcántara de Cuéntame resulta que son los mayores defraudadores del fisco, ya solo nos quedan los cuatro pueblos y el Glenfiddich on the rocks, por favor, ministro –en funciones–.
Twitter: @DavidFelipe1975