Rafael Nadal inauguró su comparecencia en el torneo romano enfrentando su crecimiento de forma a la consistencia del alemán Philipp Kohlschreiber, un bregador al que venció siempre el jugador español salvo en una ocasión (12-1). Abrió fuego el duelo desplegando, con rapidez, el tipo de partido: el teutón buscaría puntos cortos, apoyado en su rocoso servicio y la agresividad de su juego y el balear trataría de contrarrestar la efervescencia y verticalidad rival con su ramillete de pegajosa defensa y la detección de ángulos certeros.
El primer set asistió a un delicioso ejercicio de defensa del servicio. Cada púgil no cedió una pulgada de sudor en sus respectivos saques, situando el rápido devenir en el 3-4 que ofrecería el primer punto de inflexión. Alcanzó, a esta altura, el break el zurdo gracias a la filtración de dudas en el paradigma del contrincante, que reviró su seguridad en el servicio por primera vez, entregando al español un 3-5 que vería confirmado con el 3-6 que firmaría la competida primera manga.
El segundo y definitivo parcial prolongaría el aspecto de igualdad en los presupuestos de cada cual, aunque el pelaje replegado, cerrado, de la puntuación, que susurraba la penalización absoluta de los errores, abrió un espacio para el intercambio de mordiscos, que encontró foco en los tres breaks centrales encadenados. Kohlschreiber se zafó con saques puntiagudos del atisbo de ruptura inicial, pero no pudo hacer lo propio en el 2-3 que se apuntó Nadal. Sin embargo, el manacorí no consiguió amortiguar el repunte de ambición de su contendiente y cedió su servicio de inmediato (3-3). Pero se entregó Rafa a la lectura táctica del duelo. El balance de ganadores del primer set (11-6 para el centroeuropeo) se vio muy mitigado, al tiempo que el bagaje de puntos tras segundo saque condenaba al alemán hasta un 38% de efectividad.
Con un 0-30 a favor del diestro competidor aspirante a trompicar el recorrido del español, Nadal superó el momento más correoso de su némesis para remontar un 40-15 y volver a romper el servicio alemán -después de cuatro deuces-. Con el 3-4 en el zurrón, la estabilidad de Kohlschreiber se deshizo por mor de la finura en el golpeo y el repertorio, en ambas fases del juego, de un Rafael exuberante, que domesticó a uno de los jugadores más indigestos del ránking y solventar su debut con lustre. La notable efectividad en el servicio y la interpretación astuta de los restos concluyeron con la abrasión de la fe rival. La leyenda que abanderará a la delegación nacional en los Juegos Olímpicos de Río ya brilla en la Ciudad Eterna. El irreverente Nick Kyrgios, más reputado e imprevisible que el alemán recién apeado, se cruzará en el avance del balear en la siguiente ronda, después de la ilustre victoria cosechada por el australiano ante Milos Raonic (7-6 (5), 6-3).