Este sábado Leopoldo López Gil, padre del opositor venezolano Leopoldo López, presentó el libro de su hijo, que lleva el título “Preso pero libre”, en el centro cultural Aniceto Marinas de Brunete. Lo acompañaron Borja Gutiérrez, alcalde del pueblo, y representantes del Movimiento Salvemos la Democracia y de la Asociación Española Venezolana por la Democracia. El libro lo prologa Felipe González. A continuación de la presentación, hubo una mesa redonda sobre “Los peligros del populismo en España”. La víspera de la presentación alguien pintó en la fachada del centro cultural donde se presentaba el libro la consigna chavista “Leopoldo López asesino”. Así se las gastan los comunistas: la difamación y la mentira como método.
López lleva más de dos años encerrado en la prisión de Ramo Verde por un crimen que no cometió. La injusticia de su condena y su resistencia desde la cárcel son una de las principales actas de acusación contra el régimen de Nicolás Maduro, heredero de Hugo Chávez. Al igual que el hambre y la miseria que hoy azotan a Venezuela, el encierro de Leopoldo López es el anuncio de lo que cabe esperar de los chavistas y sus asesores cubanos. Hace unos años, la preocupación por los asuntos de Venezuela era habitual en España. Hoy, con las acciones de influencia que el chavismo viene realizando en nuestro país, se ha vuelto inevitable.
El caso de Leopoldo López no es una anécdota sino una advertencia a los opositores a ambos lados del océano. Leopoldo López Gil, padre del opositor encarcelado, lleva un tiempo recorriendo España con un mensaje claro de alerta frente a lo que viene. Una vez conquistan el poder, los populistas se aferran a él a cualquier precio y sin límite alguno.
Este libro nos recuerda a la literatura “samizdat” de los opositores al comunismo en Europa del Este y la URSS, aquellos libros y artículos que circulaban de forma clandestina casi de mano en mano. Este libro puede leerse en España, pero no en Venezuela. Los mismos que han encarcelado a su autor, han asfixiado a la prensa libre. La resistencia de El Nacional, en el que tuve el honor de publicar, es heroico. Los comunistas dicen defender la libertad de expresión, pero solo hasta que llegan al poder. Después, es la primera que estrangulan. Sin embargo, este libro nos demuestra que, incluso en las más severas condiciones, hay una aspiración de libertad en el ser humano que ninguna tiranía puede apagar. Hay más dignidad en estas líneas escritas desde la cárcel militar de Ramo Verde que en todos los editoriales de los periodistas afines al régimen. Leopoldo López Gil recordó las humillaciones sufridas por Lilián Tintori, esposa del opositor, y por su familia durante las visitas a la prisión.
Me resultó especialmente significativo el papel que la fe desempeña en la resistencia de este político de 45 años. Desde luego, no me sorprende. Uno de los rasgos comunes a buena parte de los disidentes y opositores a regímenes totalitarios es su profunda religiosidad. Escuchando a Leopoldo López Gil recordaba un pasaje de las memorias de Natán Sharanski. Cuenta que, durante su encierro en Lefortovo, compuso una oración “en mi primitivo hebreo”: “Bendito seas Señor, Rey del Universo, dame la suerte de vivir junto a mi esposa, mi amada Avital Sharon, en la tierra de Israel. Da a mis padres, mi esposa y a toda mi familia la fuerza para soportar todas las adversidades hasta que nos encontremos. Dame la fuerza, la energía, la suerte, la inteligencia y la paciencia para dejar esta prisión y alcanzar la tierra de Israel de forma honrada y digna”. Ojalá hubiese la ocasión de escuchar un diálogo entre estos dos hombres perseguidos por sus ideas.
Como en el testimonio de Sharanski, en las palabras de los López, padre e hijo, palpita el anhelo de recuperar una patria que los chavistas, sus asesores cubanos y sus amigos iraníes han secuestrado y sumido en la miseria, el miedo y la división. López Gil también lanza una valiente advertencia sobre el peligro que se cierne sobre España.
La voz de alarma que, desde hace años, los opositores venezolanos vienen lanzando sobre el ascenso del populismo en nuestro país debería resonar en la conciencia de cada español. Desde que el chavismo comenzó a ejercer su influencia sobre la sociedad y la política españolas, estos venezolanos han venido avisando del fuego. El “modus operandi” del populismo de aquí está tomado de los chavistas y los cubanos. Ahí están la intimidación de los periodistas, las campañas de odio dirigidas contra “la casta” (un término que Chávez empleaba con la misma finalidad, por cierto), las trampas políticas -por ejemplo, el referéndum revocatorio, que ahora pretenden bloquear en Venezuela- y la politización de las fuerzas armadas. Los miembros del Movimiento Salvemos la Democracia y de la Asociación Española Venezolana por la Democracia alertaron de estos peligros con firmeza y argumentos muy sólidos. Las tácticas de movilización de masas que describieron -entre ellas, el uso de los “círculos” como célula organizativa- nos resultan ya demasiado familiares como para no inquietarnos.
Durante años, el chavismo ha venido financiando el ascenso político y social de líderes que reproducen sus mensajes y aplican sus técnicas de propaganda. Desde los siniestros “escraches”, el hostigamiento de políticos en sus domicilios, hasta el señalamiento de “enemigos” a quienes se acosa en las redes sociales, los métodos del chavismo, que mancilla el nombre de Simón Bolívar cada vez que lo utiliza, amenaza con implantarse en España cuando los venezolanos están a punto de derribarlo. Hace tiempo que el régimen se viene resquebrajando, y a Maduro solo le queda recurrir a los hechos consumados y buscar un enemigo exterior -como ya hizo Chávez con Colombia- para evitar la caída inevitable de un régimen atroz.
En el libro de Leopoldo López, preso político y víctima de un juicio sin garantías ni pruebas, y en la voz de estos opositores venezolanos resuena una llamada a la claridad moral y la sensatez frente al populismo chavista en Venezuela y en España. Quienes han empobrecido Venezuela y han condenado a su propio pueblo al hambre y el miedo impulsan ahora a los que quieren dividir España, enfrentar a los españoles y retroceder a un tiempo felizmente superado en nuestra historia. La violencia física no suele ser un punto de partida sino un destino al que conducen los insultos, los acosos, la destrucción de los símbolos comunes -ahí está el odio hacia la bandera de España- y el secuestro del espacio público para privar de voz a los opositores de cualquier signo.
He aquí el peligro que se cierne sobre España y del que nos alerta Leopoldo López en este libro tan necesario.