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Convergència, a la deriva

martes 24 de mayo de 2016, 12:41h
Desde hace tiempo, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) está en un laberinto para el que no encuentra salida. Cercada por la corrupción, desnortada con la radicalización soberanista y asfixiada entre la CUP y Esquerra, a la que la arrastró el expresidente de la Generalidad, Artur Mas, no sabe qué hacer para conseguir un nuevo espacio electoral. Especialmente tras su sonada y traumática ruptura el pasado año con sus socios de Unió Democràtica de Catalunya, con los que, bajo las siglas de CiU, se presentaba a todos los comicios consiguiendo instalarse durante décadas en la Generalidad, la formación aglutinada en torno a Jordi Pujol en 1974 va completamente a la deriva. Y piensa, erróneamente, que la solución se mueve entre el camuflaje y la creación de un nuevo partido.

En las últimas elecciones autonómicas catalanas del 27-S, el partido de Artur Mas quiso esconder sus siglas y diluirse en la candidatura de Junts pel Sí, y en las elecciones generales del pasado 20-D volvió a repetir la operación amparándose en la coalición Democràcia i Llibertat, formada también por Demòcrates de Catalunya y Reagrupament. Parece ser que el 26-J concurrirá a las urnas con sus siglas, pero para inmediatamente después enterrarlas y crear unas nuevas, de un nuevo partido, cuyo congreso fundacional tienen previsto que se celebre a principios de julio.

El baile de siglas y coaliciones en las que ha ido enredándose y disfrazándose CDC no engaña a nadie. Muy al contrario solo denota una absoluta falta de coherencia, que siempre pasa factura. Le ha pasado factura, y mucha, el empecinamiento de Artur Mas en el secesionismo, que no logró otra cosa que servir en bandeja a sus votantes -absolutamente radicalizados en el dislate de la deriva soberanista-, a otras formaciones, al igual que le ha costado muy caro su alianza y luego su actitud mendicante con los antisistema. Artur Mas ha declarado que “lo que salga del mes de julio será un buen hijo o una buena hija de Convergència”. No es con camuflajes, cambios de siglas o refundiciones con lo que recuperarán su espacio, sino modificando la línea política sin caer en incongruencias ni aventuras inciertas.
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