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EDITORIAL

Grecia: Del giro copernicano a la farsa gatopardiana

martes 24 de mayo de 2016, 23:12h

El Eurogrupo ha vuelto a reunirse sobre unos presupuestos muy conocidos y que suenan como el eco de años pasados, pues son los mismos que se repiten desde 2009: Grecia es incapaz de asumir su deuda, por lo que necesita la asistencia de sus socios europeos y del Fondo Monetario Internacional para poder hacer frente a los pagos corrientes. Por otro lado, necesita asumir un conjunto de ajustes y reformas que le ayuden a cerrar el agujero fiscal que tiene y a recuperar el pulso de la actividad económica que haga viable a largo plazo su creciente deuda.

En 2009 el peso de la deuda sobre la renta nacional era del 126,7 por ciento, y a finales de 2015 alcanzaba el 176,9 por ciento del PIB. Este fracaso se debe, en parte, a la propia maduración de la crisis económica, en parte al recurso al aumento de los impuestos para reducir el déficit público y en parte a la incapacidad de los sucesivos gobiernos en racionalizar el gasto y apostar por una política que favorezca el crecimiento. La llegada de Alexis Tsipras al poder iba a imprimir a la política griega un giro copernicano que concluyó en una farsa gatopardiana: Grecia asume las imposiciones de Bruselas y del FMI y las aplica a medias, al igual que hicieron sus antecesores.

En la última reunión del Eurogrupo tanto su presidente, Jeroen Dijsselbloem, como el primer ministro alemán, Wolfgang Schaüble, han dejado claro que, en contra de las pretensiones de Atenas, no habrá una liberación del nuevo tramo del préstamo al país sin la participación del FMI. Para ello, el país mediterráneo tendrá que asumir nuevos compromisos, como el de ampliar su parco programa de privatizaciones. Además, según un informe independiente elaborado por el Banco de Grecia, el valor de sus activos públicos privatizables puede ser mayor que el que considera el FMI, por lo que por esa vía tiene una vía de alivio de la deuda y mejora de la gestión de los recursos del país.

Al final, en cualquier caso, la gran reforma necesaria en Grecia todavía no se ha ni siquiera iniciado: la concienciación de la opinión pública helena de que el modelo que habían abrazado y han hecho suyo es inviable, y que tienen que aceptar más libre competencia y gestión privada que lo que en estos momentos están dispuestos a asumir. Llevará tiempo, pero la realidad es demasiado dura y tozuda para descartar que acabe ocurriendo.

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