POCO A POCO
Sánchez, líder de Podemos
Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 30 de mayo de 2016, 16:30h
Actualizado el: 31/05/2016 15:54h
Si la noche del 26J, tal y como pronostican la mayoría de sondeos, a Unidos Podemos le van bien las cosas, Pablo Iglesias tendrá que estarle muy agradecido a mucha gente. No es difícil imaginar al líder de izquierdas fundirse en un abrazo de triunfalismo con sus más estrechos colaboradores, desde Bescansa hasta Errejón pasando por Echenique. Eso sí, previa conferencia con Caracas y Teherán.
Sin embargo, una vez pasado el primer furor de la victoria, y con la coleta más tranquila, Iglesias deberá, por educación, reconocimiento y lealtad política, descolgar presuroso el teléfono y llamar a la sede de Ferraz, donde no quedarán ni las pelusas, para agradecer a Pedro Sánchez la impagable labor que ha hecho en su favor y en el de su formación a lo largo de todos estos meses.
El secretario general socialista ha sido, y es a día de hoy para desesperación de barones regionales, dirigentes históricos y bases aguerridas, un activo impagable sobre el que se ha asentado el meteórico ascenso de Podemos. Poco le ha quedado por hacer a Sánchez para favorecer a Iglesias. Su actitud, de una estrechez de miras exasperante, y el empecinamiento en ser presidente del Gobierno por las malas ha acabado por dar la puntilla a un PSOE, que si ya cosechó los peores resultados de su historia el pasado 20 de diciembre, que se agarren bien los machos los de la rosa que vienen curvas en menos de un mes.
Durante los meses de (no) negociación, Sánchez enfocaba su día a día con la disyuntiva de enfilar La Moncloa o la cola del INEM, porque entre los suyos cuentan impacientes los segundos para deshacerse de 'la mochila'. Es de suponer que este 'o tono o nada' motivaba sus torpes maniobras políticas y que ha sido el notar el filo de la espada en la carótida lo que le ha llevado a cometer tantos y tan gordos errores.
Cualquiera diría que Sánchez ha sido enviado en una suerte de caballo de Troya por Iglesias para desmantelar desde dentro el socialismo español, una tarea ardua a priori pero a la que se ha dedicado el de Tetuán con denuedo y certera precisión. El PSOE no es ni la sombra de lo que fue, ni en fondo ni en forma, y Sánchez no es sino el último gran artífice de esta autodestrucción a la que también contribuyó en su día el inoperante Rodríguez Zapatero.
Cuando el próximo 26J se materialice el famoso sorpasso (erradiquemos este término, por favor), Sánchez tendrá que saberse partícipe del mismo, pues ha contribuido como pocos a que por primera vez en democracia el socialismo ya no sea ni la primera ni la segunda fuerza política en nuestro país, que tiene bemoles el asunto. Si lo siente o no con orgullo está por ver, pero que ha hecho todo lo posible para que se lleve a cabo no me cabe ninguna duda.
Está por ver si, con el currículo que se ha labrado Sánchez durante estos meses, Iglesias no le hace un hueco entre alguna del sinfín de filiales de esta coalición que ha conformado para asaltar el poder. Méritos ha hecho de sobra, desde luego.
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Jefe de Internacional de El Imparcial
BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial
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