www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MACGUFFIN

La política espectáculo, en precampaña

Laura Crespo
x
lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
miércoles 01 de junio de 2016, 00:32h

La precampaña en televisión ya está aquí. Ha sido Pablo Iglesias el encargado de inaugurar la carrera del 26J en uno de los escenarios que se ha convertido ya en indispensable dentro de las agendas de los candidatos: el de poner al político en el supuesto contexto de su cotidianidad, el de acercarle al electorado y destacar sus virtudes (¿y defectos?) en áreas que no tienen que ver estrictamente con el ejercicio de la política.

Con la periodista Susanna Griso, el líder de Podemos ha pasado dos días y una noche hablando de lo humano y lo divino. Iglesias ha vuelto a demostrar que es un animal televisivo y tan pronto daba un par de pinceladas sobre los fundamentos de Podemos (a grandes rasgos, que “nos estamos poniendo muy serios”, le decía Griso) como pedía una caña y se ponía picarón hablando de sexo. Mientras, en la competencia Ana Rosa Quintana y una horda de niños también interrogaban a Iglesias, al más puro estilo Juan y Medio. Bendita inocencia (y un empujoncito de los padres).

Pablo Iglesias contra Pablo Iglesias en el prime time de las dos grandes televisiones privadas españolas. Y para las próximas semanas, ya están en marcha los días y las noches con ‘la Griso’ de Rajoy, Rivera y Sánchez. La campaña de la austeridad va a dejar buenas audiencias en ambas cadenas (la pública sigue, mientras, pensando qué debate encaja en su programación), pero, ¿por qué funciona la política espectáculo?

Más allá del morbo o la curiosidad que pueda dar ver a Pablo Iglesias invitando a Griso a un daiquiri en la intimidad de su casa, ¿incide esta forma de hacer campaña en las decisiones que tomamos los ciudadanos en las urnas? La simpatía (o empatía, que al final es el objetivo de los políticos cuando van a este tipo de espacios televisivos –“¡anda, si desayuna lo mismo que yo!”-) que despierte un político tiene inevitablemente un peso importante en el voto. Verles hacer cosas de persona normal ayuda a su imagen, a la famosa valoración que luego mide el CIS, en un momento en el que la ciudadanía se siente distanciada de las instituciones y sus habitantes. Y lo que de verdad importa, o al menos más de si toma el café sólo o con leche (véase las propuestas para acabar con el paro y con la pobreza, para salvaguardar la educación y la sanidad, para garantizar las pensiones y la conciliación, para acabar con la lacra de la corrupción, para desatascar la ingobernabilidad de nuevo prevista, etc.), está ya tan manoseado, tan ajado y desvirtuado que ha pasado casi a un segundo plano.

El campo de batalla de los últimos días ha sido la política fiscal. Que si bajaremos los impuestos, que si no se puede, que si Bruselas dice ‘nosequé’ del déficit, y ‘señor, sí, señor’. ¿Importa? Claro. Pero casi más para abrir el debate sobre la fiabilidad de las promesas electorales después del “no vamos subir el IVA” o, antes, del “no a la OTAN”, que para decidir el voto en base a ellas.

Así que lo que queda es ver a Pablo Iglesias conduciendo mientras alaba el atractivo físico de Pedro Sánchez. Así, relajados, pueden hablar sobre los cambios que necesita España en unos términos tan generales como imprecisos. Porque lo preciso es peligroso y comprometido. Porque aquí hacen de ellos mismos, de una versión de ellos mismos que puedan exprimir electoralmente, claro. Y nunca está de más un rincón de esparcimiento. En política tampoco. Siempre y cuando esta sea la anécdota y no el fundamento.

Una amiga y compañera de profesión me dijo una vez que le encantaría preguntarle a un político qué es lo último en lo que piensan antes de irse a dormir, porque ahí es donde sale el verdadero yo de las personas. Esta nueva manera de hacer campaña se basa, precisamente, en forzar una sensación de transparencia, de naturalidad, de verdad. Pero como en cualquier tipo de show, la política espectáculo no deja de ser una representación con backstage. Show must go on. Y lo que nos queda hasta el 26 de junio.

Laura Crespo

Redactora jefe de El Imparcial

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

+
0 comentarios